~MAKSIM~
Las propuestas de Yegor cayeron sobre la mesa como una amenaza disfrazada de diplomacia.
Entregar a Mila.
Entregar a Alessia.
Básicamente querían arrancarme el corazón en dos partes y obligarme a escoger cuál de las dos prefería conservar, como si hubiera opción para mí o como si se tratara de escoger entre peras y manzanas.
Lo observé fijamente, con el gesto endurecido y la mandíbula tan apretada que parecía que de un momento a otro se me iba a romper en pedazos, mientras él sostenía esa sonrisa lenta y venenosa propia de los viejos lobos de la Bratva que llevaban décadas sobreviviendo a guerras, traiciones y ejecuciones.
El muy hijo de puta hablaba como si realmente creyera que yo iba a aceptar cualquiera de esas condiciones.
Sentí la rabia tensarme lentamente los músculos del cuello. Cerré los puños con tanta fuerza que me enterré las uñas en la carne y me saqué sangre.
Maldito sea el infierno.
Quería la sangre de ese hijo de mil putas y de todos los suyos.
—Debes de estar completamente loco —declaré al fin, con un tono tan sereno que hasta a mí mismo me sorprendió.
Yegor inclinó apenas la cabeza.
—¿Por qué?
Solté una risa seca.
—Porque jamás voy a entregar a mi hermana para casarla con un viejo de m****a como tú.
La expresión de Yegor cambió apenas. No demasiado. Solo lo suficiente para dejar claro que el insulto había golpeado donde debía.
Sus hombres se removieron alrededor de la mesa inmediatamente. Artem también se tensó a mi lado, preparado para cualquier estupidez que pudiera ocurrir.
Pero Yegor no explotó.
El bastardo simplemente se acomodó mejor en la silla y cruzó lentamente las manos delante de él.
—Entonces solo te queda una opción: entrega a Alessia Cardinale.
Mi mandíbula se endureció mucho más,al punto que la quijada me dolía como una m****a.
—No.
Yegor soltó una risa baja.
—Increíble.
Sus ojos recorrieron mi rostro como si estuviera estudiándome.
—Leonid Petrov te ofrece una salida pacífica y tú prefieres condenar a toda tu organización por culpa de una puta italiana.
Sentí que ya no era sangre lo que me recorría las venas, sino fuego. Hirviente. Voraz. Abrasador. Destructor.
—Cuida. Cómo. Hablas. De. Mi. esposa. —Mastiqué cada puta palabra, deseando que cada una fuera la cabeza de ese bastardo.
—¿Tu esposa? —se burló—. Esa perra italiana te volvió débil.
Sentí la furia subir otro escalón dentro de mí.
Artem giró apenas el rostro hacia mí. Seguramente ya sabía exactamente cómo iba a terminar aquello si Yegor seguía empujando.
Pero el viejo no se detuvo. Al contrario. Sonrió más.
—Mira dónde estás ahora, Volkov. Dispuesto a poner por encima de tu Bratva a una sucia puta italiana, como si valiera algo.
Los músculos de mis brazos se endurecieron lentamente contra la mesa.
—Te estoy dando una última advertencia.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...