~ALESSIA~
—¡Mila, escóndete! ¡Ahora! —ordené.
Ella me miró aterrada apenas un segundo antes de asentir y salir corriendo hacia el corredor interno que llevaba hacia la habitación de pánico designada para resguardo.
Paolo apareció junto a mí cargando un rifle automático.
—Entraron por el lado de la piscina —gruñó.
—¿Cuántos?
—No lo sabemos todavía.
Nicolo abrió fuego desde una de las ventanas laterales y el estruendo retumbó dentro de la sala.
Corrí hacia otra ventana y vi sombras moviéndose entre los jardines. Hombres armados avanzando hacia la casa.
Uno de nuestros guardias cayó de rodillas junto a la fuente central después de recibir un disparo en el cuello.
M****a.
Disparé inmediatamente.
El retroceso golpeó mi brazo mientras veía a uno de los atacantes desplomarse detrás de unos arbustos.
Los disparos iluminaron la noche como relámpagos violentos. El aire empezó a llenarse de olor a pólvora, tierra húmeda y sangre.
—¡Cubran el acceso lateral! —gritó Nicolo mientras recargaba—. ¡No dejen que entren!
Dos hombres Volkov corrieron hacia el lado norte de la propiedad. Uno no llegó. Una ráfaga lo alcanzó en mitad del jardín y cayó pesadamente sobre el césped.
Paolo soltó una maldición en italiano y abrió fuego hacia los árboles.
Los atacantes intentaban avanzar usando la oscuridad como cobertura, pero la mansión estaba demasiado protegida. Los Volkov conocían cada rincón de la propiedad y eso empezó a jugar a nuestro favor rápidamente.
Vi a uno de los Petrov intentar acercarse a una de las ventanas laterales. Le disparé dos veces. El hombre cayó hacia atrás rodando por las escaleras de piedra.
Mi respiración se volvió agitada mientras seguía buscando movimiento entre los jardines. Pensaba demasiado rápido. Demasiadas cosas al mismo tiempo.
Maksim.
La casa.
Mila escondida.
Los hombres cayendo afuera.
El miedo.
La rabia.
El ruido constante de los disparos y los hombres cayendo al suelo.
Fue entonces cuando escuché el silencio extenderse y llenarlo todo alrededor, como si el mundo se hubiese apagado.
Paolo se asomó apenas por una de las ventanas destruidas y alguien gritó desde afuera:
—¡Se retiran!
Nadie bajó las armas todavía.
Esperamos. Cinco segundos. Diez. Quince.
Nicolo y Paolo salieron al jardín para inspeccionar. Mi corazón latía con fuerza y los latidos retumbaron en mis oídos, hasta que finalmente Nicolo entró y anunció:
—Se han marchando. Los picos que quedaron con vida se retiraron.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...