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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 106

~ALESSIA~

El mundo desapareció debajo de mis pies al ver a Maksim cubierto de sangre. Todo el ruido alrededor mío —los hombres hablando, Mila llamándolo desesperada, los motores todavía encendidos y las órdenes gritadas por los guardias— se volvió distante, ahogado, como si estuviera ocurriendo demasiado lejos de mí. Lo único que podía ver era a él, la sangre empapándole la ropa y bajándole por el cuerpo en cantidades que hicieron que el terror me aplastara el pecho.

Corrí hacia él antes de darme cuenta siquiera de que me había movido.

—¡Maksim!

Los hombres apenas alcanzaron a sostenerlo cuando prácticamente me lancé encima de él. Mis manos temblaron al agarrarle el rostro y el pecho, buscando desesperadamente alguna señal de que seguía conmigo, de que no había llegado demasiado tarde.

El miedo me golpeó con tanta violencia que sentí que iba a dejar de respirar allí mismo.

—No, no, no… —La voz se me quebró horriblemente mientras intentaba mantenerlo en pie—. Maksim, mírame. Por favor… por favor no me hagas esto.

Lo sujeté más fuerte al recordar demasiados hombres muriendo exactamente así: cubiertos de sangre, respirando apenas y apagándose poco a poco delante de todos. No podía ser él. No Maksim. No mi marido. No el hombre que apenas unas horas antes me había prometido que iba a regresar conmigo.

—No me dejes —susurré desesperada, sintiendo los ojos arderme violentamente—. Por favor, Maksim… no me dejes.

Entonces él soltó un gruñido bajo y lentamente levantó el rostro para mirarme. Sus ojos se abrieron apenas y una expresión cansada cruzó su cara ensangrentada.

—Moya Koroleva… —murmuró con la voz rota—. No me estoy muriendo.

Una risa temblorosa escapó de mi garganta mezclada con un sollozo.

—Cállate.

Intentó sonreír incluso así.

—Te prometí que iba a regresar contigo.

La respiración me tembló completamente. Maldito hombre. Incluso medio muerto seguía intentando tranquilizarme. Pero entonces hizo una mueca de dolor y apretó los dientes antes de jadear:

—Aunque… si ell doctor Federov no viene pronto… es probable que Artem y yo sí terminemos muriéndonos como unos idiotas.

Giré rápidamente la cabeza hacia Artem. También estaba cubierto de sangre y muchísimo más pálido de lo normal. Uno de los hombres prácticamente tenía que sostenerlo de pie mientras él intentaba mantenerse consciente.

El horror volvió a atravesarme el pecho.

Maksim soltó una risa ronca antes de cerrar los ojos un instante.

—Acabamos con esos hijos de puta… pero ellos también nos hicieron m****a.

Una lágrima logró escaparse finalmente de mis ojos. Me incliné rápido y le di un beso en la mejilla. Él siseó inmediatamente por el dolor.

—Joder… eso dolió.

Y aun así sonrió.

Esa pequeña sonrisa bastó para devolverme el control, porque mientras Maksim siguiera respirando yo no iba a derrumbarme delante de nadie.

Solté lentamente su rostro y me giré apenas. Los hombres alrededor esperaron órdenes inmediatamente.

Perfecto.

Ahora tenía que ponerme al mando de todo, así que debía controlar mis nervios y centrarme, para no terminar cagándola.

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