~ALESSIA~
Entré a la habitación en silencio, llevando una bandeja con la comida, una botella de agua y los antibióticos que tenía que obligar a Maksim a tomar aunque tuviera que abrirle la boca a la fuerza.
Lo observé unos segundos mientras dormía. Aún herido y medio destrozado, seguía viéndose peligrosamente atractivo.
Tenía parte del pecho vendado al descubierto, el cabello ligeramente desordenado y una expresión mucho más relajada de la habitual ahora que estaba dormido y no intentando actuar como el hombre más duro de todo Chicago.
Me acerqué despacio y coloqué la bandeja sobre una de las consolas cercanas a la cama.
El pequeño ruido bastó para despertarlo. Sus ojos se abrieron lentamente y tardaron apenas un segundo en encontrarme.
—No has dormido nada y ya andas haciendo cosas —murmuró con la voz ronca por el sueño.
Sonreí mientras volvía a acercarme a la cama.
—Una buena esposa tiene que estar de pie cuidando de su esposo cuando este está en cama —respondí inclinándome para darle un beso en la sien—. Porque si no lo hago yo, ¿quién va a hacerlo?
Él soltó un pequeño gruñido divertido y ladeó apenas el rostro hacia mí.
—No has dormido nada.
—Claro que sí. Dormí un poco.
Entrecerró los ojos inmediatamente, claramente sin creerme.
—Eso es mentira. Estuviste despierta toda la noche y te quedaste conmigo hasta que me dormí. No creo que hayas descansado nada.
Hice un gesto restándole importancia.
—Dormí en el sillón —respondí, señalando el sillón mullido que estaba a un lado de la cama.
Maksim soltó una risa baja que terminó convirtiéndose en una mueca de dolor.
—Eso no es dormir, moya Koroleva. Necesitas descansar de verdad.
—Estoy bien. —Y antes de que siguiera regañándome, preferí desviar la conversación—. Mejor dime tú, ¿cómo te sientes?
Su expresión se volvió amarga inmediatamente.
—Como m****a de perro pisoteada.
No pude evitar reírme.
—Bueno, eso significa que sigues vivo.
—Lamentablemente.
Negué divertida mientras iba por la bandeja.
—Para que te sientas mucho mejor entonces debes comer y tomarte tus medicamentos.
Maksim soltó un suspiro dramático mientras me veía regresar.
—Pensé que ibas a decir que para sentirme mejor tendríamos mucho sexo salvaje —dijo, con una mueca de dolor mientras se acomodaba para quedar sentado.
La risa escapó de mi garganta otra vez mientras colocaba la bandeja sobre sus piernas con cuidado de no tocarle las heridas.
—Mientras sigas sintiéndote como m****a pisoteada tendrás que conformarte con comer bien, tomar tus medicinas, descansar mucho y seguir todas las recomendaciones que dejó el doctor Federov. El sexo salvaje tendrá que esperar, cariño.
Él me miró con absoluto horror.
—O sea… ¿ser como un anciano enfermo?
—Exactamente.
—Qué humillación.
—Te dispararon, Maksim. Creo que puedes soportar un poco de humillación médica.
Hizo una mueca mientras observaba el desayuno.
—¿Y si me niego?
Crucé los brazos.
—Entonces te obligaré.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—Eso sonó un poco excitante.
Le lancé una mirada asesina.
—Ni siquiera pienses en eso.
Maksim soltó una risa ronca.
—Nada.
—Mientes muy mal.
Solté un pequeño suspiro antes de dejar la cuchara sobre la bandeja.
—Solo estaba pensando en lo extraño que se siente todo esto.
—¿Qué cosa?
Hice un gesto alrededor.
—Nosotros. Esto. La guerra allá afuera y aun así estar aquí teniendo una conversación tan normal. Ni parece que en este momento estamos corriendo peligro. Que tú estuviste a punto de morir y de dejarme.
Maksim guardó silencio unos segundos antes de apoyarse mejor contra el respaldo de la cama.
—Nada va a pasar, moya Koroleva —Tomó mi mano y la besó suavemente—. No voy a dejarte tan fácilmente.
—Eso espero.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Además todavía tengo demasiadas cosas pendientes contigo.
Levanté una ceja.
—¿Ah, sí?
—Claro. Aún necesito embarazarte para asegurar el heredero de la Bratva Volkov.
Solté una carcajada incrédula.
—Estás herido y aun así sigues pensando estupideces.
—Estoy comprometido con el futuro de la organización.
—Lo que estás es enfermo.
—Y dolorosamente atractivo.
Negué riéndome mientras él tomaba la cuchara con una expresión de absoluta satisfacción por haberme hecho reír otra vez.
Y honestamente… después de todo lo que había pasado la noche anterior, escuchar sus bromas idiotas era probablemente el sonido más hermoso del mundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...