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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 109

~ALESSIA~

Entré a la habitación en silencio, llevando una bandeja con la comida, una botella de agua y los antibióticos que tenía que obligar a Maksim a tomar aunque tuviera que abrirle la boca a la fuerza.

Lo observé unos segundos mientras dormía. Aún herido y medio destrozado, seguía viéndose peligrosamente atractivo.

Tenía parte del pecho vendado al descubierto, el cabello ligeramente desordenado y una expresión mucho más relajada de la habitual ahora que estaba dormido y no intentando actuar como el hombre más duro de todo Chicago.

Me acerqué despacio y coloqué la bandeja sobre una de las consolas cercanas a la cama.

El pequeño ruido bastó para despertarlo. Sus ojos se abrieron lentamente y tardaron apenas un segundo en encontrarme.

—No has dormido nada y ya andas haciendo cosas —murmuró con la voz ronca por el sueño.

Sonreí mientras volvía a acercarme a la cama.

—Una buena esposa tiene que estar de pie cuidando de su esposo cuando este está en cama —respondí inclinándome para darle un beso en la sien—. Porque si no lo hago yo, ¿quién va a hacerlo?

Él soltó un pequeño gruñido divertido y ladeó apenas el rostro hacia mí.

—No has dormido nada.

—Claro que sí. Dormí un poco.

Entrecerró los ojos inmediatamente, claramente sin creerme.

—Eso es mentira. Estuviste despierta toda la noche y te quedaste conmigo hasta que me dormí. No creo que hayas descansado nada.

Hice un gesto restándole importancia.

—Dormí en el sillón —respondí, señalando el sillón mullido que estaba a un lado de la cama.

Maksim soltó una risa baja que terminó convirtiéndose en una mueca de dolor.

—Eso no es dormir, moya Koroleva. Necesitas descansar de verdad.

—Estoy bien. —Y antes de que siguiera regañándome, preferí desviar la conversación—. Mejor dime tú, ¿cómo te sientes?

Su expresión se volvió amarga inmediatamente.

—Como m****a de perro pisoteada.

No pude evitar reírme.

—Bueno, eso significa que sigues vivo.

—Lamentablemente.

Negué divertida mientras iba por la bandeja.

—Para que te sientas mucho mejor entonces debes comer y tomarte tus medicamentos.

Maksim soltó un suspiro dramático mientras me veía regresar.

—Pensé que ibas a decir que para sentirme mejor tendríamos mucho sexo salvaje —dijo, con una mueca de dolor mientras se acomodaba para quedar sentado.

La risa escapó de mi garganta otra vez mientras colocaba la bandeja sobre sus piernas con cuidado de no tocarle las heridas.

—Mientras sigas sintiéndote como m****a pisoteada tendrás que conformarte con comer bien, tomar tus medicinas, descansar mucho y seguir todas las recomendaciones que dejó el doctor Federov. El sexo salvaje tendrá que esperar, cariño.

Él me miró con absoluto horror.

—O sea… ¿ser como un anciano enfermo?

—Exactamente.

—Qué humillación.

—Te dispararon, Maksim. Creo que puedes soportar un poco de humillación médica.

Hizo una mueca mientras observaba el desayuno.

—¿Y si me niego?

Crucé los brazos.

—Entonces te obligaré.

Una sonrisa lenta apareció en sus labios.

—Eso sonó un poco excitante.

Le lancé una mirada asesina.

—Ni siquiera pienses en eso.

Maksim soltó una risa ronca.

UNA BUENA ESPOSA 1

UNA BUENA ESPOSA 2

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