~MAKSIM~
Salir de la mansión Volkov en ese estado fue una de las experiencias más humillantes de toda mi maldita vida.
Me sentía lento, pesado, dolorido y completamente inútil.
El costado me ardía cada vez que respiraba demasiado profundo y el hombro seguía doliéndome como un hijo de puta cada vez que hacía el más mínimo movimiento. Aun así, intenté cargar una de las bolsas con armas cuando bajamos hacia el garaje subterráneo.
Grave error.
Apenas levanté la maldita bolsa sentí que algo me desgarraba por dentro y tuve que apretar los dientes para no soltar una maldición delante de todos.
Alessia apareció inmediatamente a mi lado.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo, Volkov?
—Ayudando.
—No. Lo que estás haciendo es abrirte otra vez las heridas porque eres un terco de m****a.
Intenté volver a agarrar la bolsa, pero ella me apartó la mano sin ninguna delicadeza.
—Ni se te ocurra.
—Alessia…
—Maksim Volkov, te juro por Dios que si vuelves a tocar algo pesado voy a sedarte yo misma y voy a subirte inconsciente al coche.
Nicolo bajó apenas la cabeza para ocultar la sonrisa.
«Govnoed.» (Comemierda.)
Solté un gruñido irritado y terminé permitiendo que Nicolo cargara las armas mientras yo era empujado en una silla de ruedas sintiéndome como un anciano enfermo incapaz de hacer algo útil.
La mansión permanecía completamente iluminada a pesar de la hora. Los hombres seguían moviéndose por todas partes reforzando posiciones, limpiando rastros del desastre y revisando vehículos después del ataque de la noche anterior.
Nadie estaba tranquilo y nadie bajaba la guardia.
Porque todos sabíamos que Leonid Petrov podía volver a golpear en cualquier momento.
Por eso nos íbamos. Y por eso la ubicación a la que nos dirigíamos tenía que seguir siendo un secreto absoluto.
Solamente Artem, Nicolo, Paolo y yo conocíamos aquel lugar.
Ahora Alessia y Mila también lo conocerían.
Dos camionetas negras nos esperaban con los motores encendidos.
Artem ya estaba dentro de la primera junto con Mila y Paolo. Artem tampoco se veía mucho mejor que yo. Tenía el rostro más pálido de lo normal y seguía moviéndose como si cada músculo del cuerpo le doliera, pero al menos todavía podía sostener un arma y maldecir en ruso, lo cual significaba que sobreviviría.
Dos de mis hombres intentaron ayudarme a subir a la segunda camioneta, pero los insulté a ambos y no dejé que lo hicieran. No iba a permitir ser humillado más de aquella manera.
—En serio que eres un cabezota —gruñó Alessia.
—Soy el maldito Pakhan, y hasta mi último aliento seguiré demostrando que soy digno de llevar ese título —dije con soberbia y como pude me subí al coche, aunque casi lo lamento porque me dolió cada puto músculo y hasta cada maldito vello del cuerpo, pero hice mi mejor esfuerzo para no demostrarlo y ganarme otra regañada de la mandona de mi mujer.
Cuando me acomodé en el asiento, Alessia y Nicolo se subieron en los asientos delanteros.
Apenas se acomodó en el asiento, Alessia me miró con advertencia.
—No quiero que intentes hacer estupideces durante el viaje tampoco.
La miré con cansancio.
—¿Ahora eres mi enfermera personal?
—No. Soy tu esposa y claramente alguien tiene que impedir que te comportes como un idiota suicida.
Nicolo arrancó la camioneta antes de que pudiera responder.
Las puertas del garaje se abrieron lentamente y ambos vehículos abandonaron la propiedad al mismo tiempo.
Pero apenas avanzamos dos calles, nos separamos.
La primera camioneta tomó dirección norte. Nosotros giramos hacia el oeste.
Era parte del protocolo. Nunca ir directamente. Nunca usar una sola ruta. Nunca confiar en que nadie nos seguía solamente porque no podíamos verlo.
Chicago quedó atrás poco a poco mientras avanzábamos por calles industriales, zonas viejas y carreteras medio abandonadas. Nicolo conducía atento a cada espejo, cada vehículo sospechoso y cada luz demasiado persistente detrás nuestro.
Yo hacía exactamente lo mismo.
O al menos lo intentaba.
Porque cada vez que quería inclinarme demasiado hacia adelante para observar mejor el exterior, Alessia me empujaba otra vez contra el asiento.
—Deja de moverte tanto.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...