~MILA~
—Levanta el arma otra vez.
Solté aire por la nariz y miré a Alessia con cansancio.
—Creo que ya quedó claro que soy pésima en esto.
—Y si vuelves a bajar el arma cada vez que algo no te sale bien, también vas a ser pésima sobreviviendo.
Gruñí por lo bajo, pero obedecí.
El metal se sintió pesado entre mis manos mientras volvía a apuntar hacia los blancos colocados al fondo del claro detrás de la cabaña.
Alessia permanecía frente a mí con los brazos cruzados y esa expresión fría e implacable que ponía cuando se tomaba algo realmente en serio. Y claramente se estaba tomando aquello muy en serio. Demasiado.
Disparé.
La bala golpeó el borde externo del blanco. Ni siquiera cerca del centro.
Paolo soltó una risa nasal detrás de mí.
—Bueno… al menos ya no le disparas a los árboles.
Giré el rostro para fulminarlo con la mirada.
—¿Quieres callarte?
—Solo intento apoyarte emocionalmente, principessa.
—Pues tu apoyo es una m****a.
Nicolo le dio un golpe en el brazo.
—Déjala respirar.
—¿Respirar? Si en una balacera se pone a respirar así de lento, le meten siete tiros antes de terminar el segundo respiro.
Alessia ignoró completamente a ambos. Se acercó hacia mí y me bajó apenas los brazos.
—El problema no es tu puntería.
—Claro que sí.
—No. El problema es que estás pensando demasiado.
Fruncí el ceño.
Ella tomó la pistola de mis manos y le quitó el seguro con movimientos rápidos y precisos.
—Tú no reaccionas. Analizas. Dudas. Te cuestionas todo primero.
—Eso se llama tener cerebro.
—Eso se llama morir rápido en este mundo.
Sus palabras me atravesaron como un filoso cuchillo, porque sabía que tenía razón.
La noche del ataque había actuado exactamente así. Con miedo, confusión y desesperación, mientras Alessia, Nicolo y Paolo ponían sus vidas en riesgo, protegiendo a alguien que solo había sido un estorbo.
Alessia volvió a entregarme la pistola.
—Otra vez.
La miré con incredulidad.
—¿No podemos empezar con algo más sencillo?
—Esto es lo sencillo.
Suspiré pesadamente y volví a apuntar.
Nicolo se acercó lentamente hasta quedar detrás de mí.
—Relaja los hombros.
Sus manos se apoyaron sobre mis brazos para corregirme la postura y automáticamente sentí el calor subirme por el cuello.
Maldita sea.
Hasta entrenando lograban ponerme nerviosa.
—Así —murmuró cerca de mi oído—. Si tensas demasiado los brazos, el retroceso te mueve completa.
Paolo apareció a mi derecha.
—Y deja de cerrar los ojos antes de disparar, principessa. Eso también ayuda muchísimo.
Lo miré ofendida.
—¡No cierro los ojos!
—Sí los cierras.
—No los cierro.
—Los cierras como si fueras a explotar junto con la pistola.
—Paolo…
—¿Qué? Estoy ayudando.
Alessia soltó un pequeño suspiro de fastidio.
—Los dos cállense.
Milagrosamente obedecieron.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...