~MAKSIM~
Odiaba esa maldita silla de ruedas que Alessia me obligaba a usar. La odiaba con toda mi alma.
Cada vez que veía las ruedas metálicas debajo de mí sentía que me arrancaban la dignidad pedazo por pedazo, como si el universo entero estuviera burlándose del hecho de que Maksim Volkov, Pakhan de la Bratva Volkov, ahora necesitara sentarse como un inválido mientras otros hacían el trabajo que le correspondía.
Y Alessia no ayudaba.
No me dejaba hacer absolutamente nada.
Nada.
Cada vez que intentaba levantarme, mover cajas, revisar armas o siquiera caminar, aparecía frente a mí con esa mirada fría de Koroleva autoritaria y me ordenaba volver a sentarme antes de que me abriera otra vez las heridas.
Peor aún era que Artem estaba exactamente igual.
Los dos parecíamos un par de ancianos amargados estacionados en el corredor de la cabaña mientras observábamos cómo los demás entrenaban afuera.
—Juro por Dios que si vuelvo a ver otra medicina más, voy a dispararle al doctor Federov en la rodilla cuando lo vea —gruñó Artem a mi lado, mientras ingería su dosis de antibióticos y analgésicos.
Solté una risa seca.
—Primero tendrás que levantarte de esa silla y con Alessia al mando dudo que puedas hacerlo.
Artem me enseñó el dedo medio sin siquiera mirarme.
Más allá, a varios metros de la casa, Alessia seguía entrenando a Mila con una severidad que honestamente me tenía fascinado.
Porque joder… Mi esposa era impresionante.
La observé caminar alrededor de Mila mientras corregía su postura con la pistola. Alessia no gritaba ni perdía la paciencia; simplemente repetía las instrucciones una y otra vez con esa firmeza fría que obligaba a cualquiera a prestarle atención.
Mila disparó. Falló apenas por unos centímetros y Paolo soltó una carcajada.
Incluso desde la distancia pude ver cómo Mila giraba para insultarlo.
Idiotas.
Paolo seguía riéndose mientras se acercaba hacia ella y le acomodaba los brazos para corregirle la postura.
Nicolo no estaba alrededor porque se encontraba dando una inspección en los alrededores del terreno y del bosque para cerciorarse de que no hubiera merodeadores o peligro.
Seguí observando el entrenamiento de Mila y ahí fue cuando empecé a notar cosas que no me gustaron demasiado.
Pequeñas cosas y detalles.
La forma en que Paolo sonreía alrededor de Mila. La facilidad con la que le tocaba los hombros, los brazos o la cintura para corregirle posiciones. Las risitas constantes de Mila. Las miradas.
Demasiada confianza entre los dos.
Fruncí apenas el ceño con desconfianza mientras seguía observándolos en silencio.
Paolo volvió a colocarse detrás de ella, prácticamente pegado a su espalda mientras le acomodaba las manos sobre el arma.
Mila soltó una pequeña risa por algo que él le susurró al oído.
No tenía idea de qué le había dicho, pero sí vi claramente la manera en que ella inclinó ligeramente la cabeza hacia atrás para mirarlo.
Algo desagradable se movió dentro de mi pecho.
No me gustó nada. Y honestamente no entendía por qué m****a me irritaba tanto.
Sabía que él y su hermano eran leale. Confiaba en ellos más que en la mayoría de mis propios hombres. Además, Mila ya no era una niña. Era una mujer adulta. Podía relacionarse con quien quisiera.
Entonces, ¿por qué demonios sentía ganas de arrancarle la mano a Paolo cada vez que la tocaba demasiado?
Apreté lentamente la mandíbula mientras seguía mirando.
—Mila está mejorando —comentó Artem después de un momento.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...