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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 115

~MAKSIM~

No me gustaba lo que estaba viendo.

Y mientras más tiempo me quedaba observándolos por la ventana, menos me gustaba.

Paolo y Mila estaban solos afuera entrenando. Bueno… según ellos "entrenaban”, pero a mí no me lo parecía.

Lo que me parecía era una maldita excusa para estar juntitos, toquetearse y coquetear. O por lo menos esperaba que solo fuera eso y no más.

Aunque, honestamente, a esas alturas ya no sabía exactamente cuánto de aquello seguía siendo simple coqueteo y cuánto era lo suficientemente evidente que esos dos tenían algo mucho más... intenso.

Otra vez Nicolo se encontraba fuera desde temprano, revisanfo los alrededores del refugio para comprobar que nuestra ubicación seguía siendo un secreto. Artem se había ido a su habitación a descansar porque los medicamentos le habían bajado sueño. Y Alessia llevaba encerrada en el despacho desde la mañana, trabajando como la gran patrona que era ahora.

Así que afuera solamente estaban ellos dos, disfrutando de sus jodidas compañías como dos adolescentes enamorados, y yo observándolos como un maldito paranoico desde la ventana de la sala de la cabaña.

Paolo volvió a colocarse detrás de Mila para corregirle la postura con el cuchillo. Demasiado cerca otra vez. Sus manos se deslizaron por los brazos de Mila mientras le acomodaba los hombros y le decía algo al oído que la hizo reír.

Mi mandíbula se endureció lentamente.

No me gustaba nada el comportamiento de esos dos, a pesar de que yo mismo le había dado vía libre a Mila para que escogiera a quien se le diera la reglada gana.

Y por esa misma razón seguía sin entender exactamente por qué m****a me molestaba tanto.

Mila no era una niña. Paolo tampoco estaba faltándole el respeto. No veía nada realmente inapropiado. Pero había algo. Algo más que no sabía qué era exactamente, que me desagradaba completamente.

Continué observándolos un poco más.

Paolo agarró las muñecas de Mila y tiró de ella suavemente para hacerla girar durante el entrenamiento. Ella perdió el equilibrio apenas un poco y terminó chocando contra su pecho mientras se reía.

Él también se rio.

Mis dedos se cerraron lentamente alrededor de las ruedas de la silla.

Joder.

Aparté la mirada de la ventana antes de seguir irritándome solo.

Necesitaba confirmar si únicamente se trataba de simple flirteo entre los dos o si realmente había algo concreto allí.

Y si alguien probablemente debía saberlo, esa tenía que ser mi esposa.

Me alejé de la ventana y avancé por el corredor hacia el despacho. Odiaba seguir moviéndome en aquella maldita silla, pero al menos ya podía hacerlo sin sentir que me arrancaban las costillas cada vez que respiraba.

Llegué frente a la puerta y di un golpecito.

—Adelante —escuché la voz de Alessia desde dentro.

Abrí la puerta y entré.

La encontré sentada detrás del escritorio completamente rodeada de papeles, carpetas, mapas y documentos. Ni siquiera levantó la vista cuando entré; seguía escribiendo algo mientras revisaba varias hojas al mismo tiempo y luego marcaba un punto en uno de los mapas.

Me quedé observándola unos segundos y joder... No podía creer lo increíble que era mi Koroleva.

Verla desenvolverse de aquella manera. Fría. Concentrada. Estratégica. Moviendo piezas y tomando el mando absoluto de la Bratva mientras Artem y yo apenas podíamos movernos sin parecer un par de inválidos de guerra, era la imagen más sublime que mis ojos habían contemplado.

Mi Koroleva parecía hecha para eso.

Para dirigir una organización criminal con astucia e inteligencia y poner el mundo a temblar mientras esperaba por su ataque.

Finalmente levantó la vista hacia mí.

—¿Qué?

Negué lentamente con la cabeza.

—Nada.

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