~MAKSIM~
La reunión había terminado y cada uno había vuelto a los suyos, saliendo del despacho y dejándonos solos a Alessia y a mí.
Bruno Cardinale había aceptado llevar el plan a cabo y ahora solo faltaba que Aldo Valentini aceptara atacar a Petrov. Entonces lo único que nos quedaba por hacer era esperar y ocupar nuestras mentes en otros asuntos para no entrar en desesperación.
Permanecí en el despacho con Alessia durante toda la tarde, planificando trabajo, asuntos que no tenían nada que ver con la guerra y sí todo que ver con las entradas de dinero de la Bratva Volkov y por ende de mis bolsillos.
La guerra no paraba el trabajo, de hecho lo aumentaba porque las guerras requerían recursos y el recurso requería dinero.
No sé cuánto tiempo pasamos allí adentro trabajando, pero yo me sentía bien porque otra vez podía ser útil y Alessia no me estaba tratando como a un maldito bueno para nada.
Ya era bien entrada la noche cuando el teléfono satelital sonó mientras Alessia seguía revisando unos documentos sentada detrás del escritorio.
Levantó apenas la vista hacia el aparato y yo hice lo mismo desde la silla donde estaba frente a ella.
Alessia agarró el teléfono y activó el altavoz para que yo pudiera escuchar.
—¿Sí?
La risa grave de Bruno Cardinale sonó del otro lado de la línea.
—Valentini mordió el anzuelo.
Una pequeña sonrisa apareció lentamente en los labios de Alessia.
M****a. Adoraba esa sonrisa. Especialmente cuando significaba problemas para alguien más.
—¿Tan rápido? —preguntó ella.
—Ese bastardo prácticamente empezó a salivar apenas escuchó lo del cargamento —respondió Bruno—. Ni siquiera tuve que insistir demasiado.
Me acomodé un poco mejor en la silla mientras escuchaba.
—¿Sospechó algo? —pregunté.
—Claro que sospecha —respondió Bruno inmediatamente—. Valentini no llegó a viejo siendo un idiota.
Eso tenía sentido.
Muchísimo.
—Pero también sabe que puede sacar provecho de esto —continuó Bruno—. Y honestamente, probablemente piensa que si Petrov y ustedes terminan destruyéndose entre sí, mejor todavía para él.
Alessia soltó una pequeña risa nasal.
—Perfecto. Eso es exactamente lo que necesitábamos.
Mi mirada permaneció fija sobre ella mientras hablaba.
Joder. Mi esposa realmente parecía disfrutar las estrategias de guerra y, honestamente, verla mover piezas de aquella manera era demasiado sexy y me excitaba.
«¿Dejaría que tengamos un poco de sexo si se lo pido?»
—Valentini atacará el cargamento la noche de la entrega —informó Bruno—. Ya empezó a mover a sus hombres.
Eso hizo que algo dentro de mi pecho se aflojara apenas.
Bien. Muy bien.
Ahora Leonid Petrov tenía otro problema enorme aproximándose y ni siquiera lo sabía todavía.
—Gracias, papino —dijo Alessia.
—No me agradezcas todavía. Agradecémelo cuando Petrov empiece a desangrarse.
Eso me arrancó una pequeña risa seca.
Mila no solamente tenía esas confiancitas con Paolo. También las tenía con Nicolo.
Como no se habían percatado de nuestra presencia, Nicolo le acomodó distraídamente un mechón de cabello detrás de la oreja mientras miraba las cartas que ella tenía en las manos.
Mila ni siquiera pareció notarlo raro, de hecho se comportó como si lo disfrutara y acercó su rostro al de él, como si fuera a besarlo. Y estoy seguro de que lo habría hecho de no ser porque Alessia carraspeó y los interrumpió, llamando su atención.
Ambos se separaron rápidamente, luciendo nerviosos, como si los hubieran agarrado en medio de una misión peligrosa.
Mi mandíbula se endureció lentamente y sentí que una corriente de rabia atravesaba mis venas.
¿Qué m****a significaba aquello? ¿Era con Paolo o con Nicolo?
Artem apareció en su silla de ruedas, viniendo de la cocina con otra botella de vodka.
—¿Y esas caras? —preguntó—. ¿Alguien murió o por fin encontraron vodka decente en esta cabaña?
Alessia soltó una pequeña risa, como si nada pasara.
—Valentini aceptó.
Eso cambió inmediatamente el ambiente en la mesa. Ya no parecían nerviosos como unos segundos antes.
Nicolo dejó las cartas sobre la mesa.
—Entonces que se prepare Leonid Petrov.
—Sí —respondí mientras seguía observando discretamente a Mila entre los hermanos Ravelli—. Dentro de tres días probablemente Petrov va a querer arrancarle la cabeza a más de una persona.
«Así como yo quiero arrancarle las cabezas a dos hermanos italianos.»
Paolo sonrió lentamente. Nicolo también sonrió apenas mientras volvía a tomar las cartas. Y algo dentro de mí volvió a tensarse lentamente.
Porque ya no parecía solamente un par de coqueteos inocentes. Y necesitaba averiguar exactamente qué m****a estaba pasando entre esos tres.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...