Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 119

~MAKSIM~

Esperé más de una hora acostado en la cama sin moverme, fingiendo que dormía, hasta que me aseguré de que Alessia finalmente se había dormido profundamente.

Seguía abrazada a mi costado, respirando lentamente contra mi pecho mientras una de sus piernas descansaba sobre las mías. La observé unos segundos en silencio antes de apartar cuidadosamente las sábanas y empezar a moverme con toda la maldita lentitud del mundo.

Joder.

Todavía me dolía como el infierno.

Cada movimiento parecía tirar de las heridas y abrirme otra vez los disparos, especialmente el del costado. Apreté los dientes mientras me incorporaba despacio al borde de la cama, procurando no hacer ruido ni mucho movimiento que pudiera ponerme en evidencia y despertarla.

La silla de ruedas permanecía junto a la pared, pero ni loco iba a usarla.

Las ruedas sonarían sobre el suelo de madera y conociendo a Alessia y su sueño ligero, sabía que se despertaría inmediatamente. Y honestamente no tenía ganas de escuchar otro discurso sobre reposo mientras intentaba averiguar qué m****a estaba pasando entre mi hermana y esos dos italianos.

Apoyé ambas plantas sobre el suelo y me levanté lentamente.

Un dolor agudo me atravesó el abdomen. Maldita sea. Tuve que quedarme quieto unos segundos respirando despacio antes de empezar a caminar hacia la puerta.

Lento. Muy lento. Como un jodido anciano de ciento y pico de años.

Salí al corredor y avancé apoyando una mano contra la pared cada ciertos pasos mientras el dolor me atravesaba el cuerpo como una cuchilla caliente.

La cabaña parecía estar completamente silenciosa. Al menos del lado donde se encontraba nuestra habitación, el lado este.

Llegué primero hasta la sala principal y di un vistazo alrededor.

La vigilancia nocturna debía estar cubriéndose desde allí porque era el punto con mejor visibilidad hacia el exterior y hacia las cámaras.

Se suponía que Nicolo debía estar en turno esa noche. Pero cuando miré incluso afuera, por la ventana principal, no había nadie.

Fruncí inmediatamente el ceño.

«¿Dónde m****a está?»

Me acerqué un poco más ignorando el dolor punzante en el costado y revisé rápidamente alrededor.

Nada.

Ni Nicolo. Ni su hermano.

La espina que llevaba clavada desde hacía días volvió a hundirse dentro de mi pecho.

M****a.

TRES DISPAROS EN EL PECHO 1

TRES DISPAROS EN EL PECHO 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO