~MAKSIM~
La rabia me golpeó tan fuerte que por un instante hasta olvidé el dolor de las heridas. Simplemente me quedé ahí, en medio de la puerta, observando aquella escena como si mi cerebro todavía estuviera intentando entender qué m****a tenía delante.
Mi hermana.
Mila.
En la cama.
Con los dos hermanos Ravelli.
Los músculos de mi mandíbula se tensaron con tanta fuerza que sentí dolor en los dientes.
Nicolo fue el primero en reaccionar. Se apartó inmediatamente de Mila. Paolo hizo lo mismo un segundo después, apartó a Mila, empujándola hacia atrás, y se puso de pie tan rápido que casi tiró la silla que estaba junto a la cama.
Ambos me miraron con una tensión tan evidente que hasta el aire dentro de la habitación parecía haberse endurecido.
Ninguno habló. Ninguno fue tan estúpido como para intentarlo.
Mila estaba completamente inmóvil, con el rostro ardiéndole de vergüenza y honestamente aquello no ayudó absolutamente nada a calmarme. Al contrario. Sentí una punzada de furia todavía más grande, porque ya no quedaban dudas.
No estaba imaginando cosas.
No eran sospechas.
No eran miradas malinterpretadas.
Esos dos italianos hijos de puta se estaban metiendo con mi hermana delante de mis narices.
Di un paso hacia dentro de la habitación.
El dolor me atravesó el abdomen inmediatamente, pero en ese momento me importó una m****a.
—¿Qué carajos significa esto? —gruñí.
Mi voz salió baja. Demasiado baja. Y eso probablemente era peor.
Paolo bajó ligeramente la cabeza.
—Pakhan…
—No me llames así ahora mismo —lo corté inmediatamente.
El italiano apretó la mandíbula.
Nicolo permanecía completamente serio, inmóvil, con las manos alejadas del cuerpo, casi como si estuviera intentando demostrarme físicamente que no representaba una amenaza.
M****a. Eso solo me enfurecía más, porque ambos sabían perfectamente la gravedad de aquello.
—¿Hace cuánto tiempo pasa esta m****a entre ustedes tres? —pregunté.
Nadie respondió inmediatamente y mi paciencia terminó de romperse.
—¡Les hice una puta pregunta! —rugí, haciendo estremecer las paredes.
Mila dio un pequeño respingo, asustada.
Paolo respiró hondo antes de hablar:
—No quisimos faltarle el respeto.
Solté una carcajada seca. Violenta. Sin humor alguno.
—¿No quisieron faltarme el respeto? —repetí lentamente—. ¿Y entonces qué m****a se supone que estaban haciendo? ¿Rezando el rosario?
Ninguno respondió. Sabían muy bien que no había nada que responder.
Mi mirada pasó de Paolo a Nicolo. Después a Mila y de vuelta a ellos.
La rabia me hervía debajo de la piel.
—Los traje aquí porque confiaba en ustedes —mascullé—. Porque confiaba en su lealtad. Porque les abrí las puertas de mi casa, de mi Bratva y prácticamente les puse mi vida en las manos.
Paolo tragó saliva lentamente.
—Y seguimos siendo leales.
Eso me hizo dar otro paso hacia adelante.
—¿Leales? —gruñí—. ¿Así es como demuestran lealtad? ¿Metiéndose en la cama con mi hermana mientras yo estoy herido y apenas puedo caminar?
Mila todavía parecía avergonzada, nerviosa. Pero dio un paso adelante y vi algo endurecerse lentamente en su expresión.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...