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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 123

~ALESSIA~

La rabia me hervía debajo de la piel mientras observaba la madera oscura de la puerta de la habitación. Cerré los ojos y respiré profundo esperando calmarme, pero entre más respiraba más me enojaba. No tanto con Maksim, que era un bruto, testarudo y machista de m****a que me sacaba de mis casillas, sino con los culpables de todo ese problema.

Así que con decisión y mucha furia hirviendo a través de mis venas, regresé a la habitación de Mila.

Maksim había reaccionado como un maldito cavernícola con lo de Mila acostándose con Nicolo y Paolo, sí. En eso estaba siendo exagerado, machista y territorial como si su hermana fuera propiedad privada de alguien.

Pero otra cosa completamente distinta era la estupidez monumental que esos tres acababan de hacer.

Porque mientras nosotros estábamos escondidos en aquella cabaña esperando otro posible ataque de Petrov, esos imbéciles habían abandonado la vigilancia para ponerse a follar como animalitos que no pueden aguantarse la calentura unos cuantos días.

Joder. Pero ni yo estaba teniendo sexo y ellos estaban allí, cogiendo en vez de ocuparse de sus malditas responsabilidades.

Eso sí que no tenía defensa alguna.

Los tres levantaron la cabeza inmediatamente hacia mí cunado entré a la habitación. Artem ya se había marchado.

Mila fue la primera en reaccionar. Caminó rápidamente hacia mí con expresión nerviosa.

—Alessia, no tienes idea de cuánto te agradez…

—No me agradezcas ni una m****a —la corté inmediatamente levantando una mano.

Ella cerró la boca al instante y dio un respingo asustada porque nunca me había visto furiosa contra ella.

Bien. Porque honestamente en ese momento quería que conociera mi lado hijo de puta.

Llevé lentamente la mirada hacia Nicolo y Paolo. Los dos seguían completamente serios y tensos, casi rígidos, esperando seguramente otra explosión.

Y por supuesto que iban a tenerla.

—¿Se les fundió el maldito cerebro o qué m****a les pasó? —gruñí avanzando hacia ellos—. ¿Cómo demonios se les ocurre hacer una estupidez como esta?

Ninguno respondió.

Perfecto. Porque si alguno intentaba justificar aquella cagada, probablemente le dispararía yo misma.

—¿Ustedes entienden siquiera el tamaño del problema en el que me acaban de meter? —continué furiosa—. Estamos escondidos porque hay gente intentando matarnos. Petrov probablemente sigue buscando cómo atacarnos otra vez y ustedes deciden abandonar su puesto para venir a revolcarse con esta otra insensata. —Señalé a Mila con rabia.

Paolo bajó apenas la cabeza. Nicolo permaneció inmóvil, soportando cada palabra sin intentar defenderse.

Como debía ser, porque Maksim tenía razón en algo: Habían descuidado su trabajo y eso era imperdonable en un momento como el que estábamos viviendo.

—Honestamente, Maksim debió darles un par de balazos por imbéciles —espeté—. Porque en eso sí tiene toda la puta razón de estar furioso.

Mila dio un paso hacia adelante inmediatamente.

—Alessia, tampoco es para…

Giré hacia ella tan rápido que se quedó callada inmediatamente.

—No, Mila. Tú ahora mismo vas a escuchar y te vas a quedar calladita.

Mi pecho subía y bajaba con fuerza por el enojo. Y lo que más rabia me daba era que yo los había apoyado. Yo había guardado el secreto. Yo había confiado en que tendrían aunque fuera dos neuronas funcionales para entender la gravedad del momento en que estábamos viviendo. Y claramente les había dado demasiado crédito a los tres, porque la calentura les había fundido las neuronas.

Volví a respirar profundo y regresé la mirada hacia Nicolo y Paolo.

—La única razón por la que no voy a permitir que Maksim los eche de la Bratva y de esta cabaña es porque sé perfectamente que no vamos a encontrar hombres más leales y eficientes que ustedes en estos momentos para que estén cerca de nosotros.

Ambos levantaron apenas la vista hacia mí.

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