~MAKSIM~
La tensión dentro de aquella maldita cabaña ya llevaba dos días volviéndose más pesada y sofocante con cada segundo que transcurría. Y, si soy sincero, yo mismo empezaba a preguntarme qué nos mataría primero: si Leonid Petrov con su odio hacia nosotros o las ganas que Alessia y yo teníamos de agarrar a alguien por el cuello dentro de aquella casa; especialmente entre nosotros mismos.
Nadie hablaba con nadie.
Bueno… casi nadie.
Porque Artem seguía siendo el único ser humano funcional dentro del refugio.
Todos le hablábamos a él y acudíamos a él cuando queríamos comunicarnos con los otros, como si fuera un jodido mediador de la ONU atrapado entre un grupo de mafiosos emocionalmente retrasados. Y a medida que el tiempo pasaba, empezaba a notar en su cara que ya estaba harto de nuestras mierdas y de quedar atrapado en el medio de ellas... como siempre pasaba.
Aquella mañana, la mesa del comedor estaba sumida en un silencio bastante incómodo mientras tomábamos el desayuno. Yo permanecía sentado frente a Alessia. Ella ni siquiera levantaba la vista de unos documentos que tenía en una mano mientras con la otra sostenía la taza de café de la que estaba bebiendo. Mila parecía querer desaparecer dentro de su propia silla. Y Artem, a plenas diez de la mañana, bebía vodka como si fuera agua; aunque seguramente lo hacía porque ya no soportaba la situación de m****a que estaba viviendo entre nosotros y quizá él vodka le ayudaba a sobrellevarla.
En todo ese tiempo no había vuelto a ver a los imbéciles de Nicolo y Paolo desde aquella noche, lo cual agradecía porque todavía no estaba completamente seguro de no querer dispararles en la cabeza.
Supuse que habían sido lo suficientemente inteligentes como para obedecer mi orden y largarse de la cabaña antes de que cumpliera mi palabra y los matara.
Bien por ellos.
Menos problemas para mí.
El sonido de la taza de Alessia chocando suavemente contra el plato rompió el silencio.
—Artem —dijo ella con total seriedad sin mirarme siquiera o sin mirar al mismo Artem—, puedes decirle a Maksim que hablé con mi padre esta mañana y me informó que Valentini ya tiene todo listo para atacar el cargamento de Petrov esta noche.
Apreté lentamente la mandíbula.
«Mierda. Aquí vamos otra vez.»
Artem cerró los ojos unos segundos como si estuviera reuniendo paciencia divina antes de girar la cabeza lentamente hacia mí.
—Alessia dice que Valentini ya tiene preparado el ataque para esta noche.
—Escuché perfectamente —gruñí sin mirarla.
Artem tomó otro trago de vodka.
—Excelente. Entonces quizás ya no necesito seguir haciendo el papel de maldito palomo mensajero.
Alessia ignoró completamente el comentario. Yo también.
Mila removió incómodamente la comida en su plato. La culpa prácticamente flotaba alrededor suyo. Pero yo seguía demasiado irritado y enfadado con ella como para sentir lástima.
Alessia volvió a hablar segundos después.
Otra vez mirando a Artem.
—Pregúntale si cree que Petrov moverá hombres desde Moscú o si usará solamente a los que ya tiene en Estados Unidos.
Sentí un tic furioso en la mandíbula.
Artem soltó lentamente el vaso sobre la mesa.
—Maksim —dijo cansado—, tu esposa quiere saber si crees que Petrov moverá refuerzos desde Moscú.
Tomé aire lentamente.
—Dile a mi esposa que Leonid probablemente usará primero a los hombres que ya tiene en territorio estadounidense. Mover tropas desde Moscú tan rápido llamaría demasiado la atención.
Artem giró lentamente hacia Alessia.
—Tu esposo cree que Petrov usará primero hombres locales porque mover tropas desde Moscú sería muy evidente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
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