~MAKSIM~
Alessia salió de la casa unos segundos después de que Artem se marchara del comedor hacia su habitación con expresión irritada. Así que, sentados a la mesa, solamente quedamos Mila y yo.
Mientras agarraba mi taza y le daba un último sorbo a mi café, Mila parecía debatirse entre quedarse allí muriéndose de incomodidad por mi nefasta compañía o salir corriendo detrás de Alessia.
Nerviosa, se mordió el labio inferior, jugueteó con sus manos y luego levantó la mirada hacia mí.
Terminé de beber el sorbo de café, regresé la taza a la mesa mientras Mila solo me miraba, como si estuviera debatiendo consigo misma si hablarme o no sería una buena idea, hasta que finalmente lo hizo.
—Maksimta, yo... —murmuró titubeante.
Volteé a mirarla con el gesto endurecido y ya no dijo nada, así que también me levanté.
El costado todavía me dolía como el infierno, pero al menos ya podía moverme sin parecer un anciano moribundo y tampoco necesitaba usar una silla de ruedas para desplazarme, o mejor dicho, yo me hacía el duro para no usarla.
Caminé por el pasillo hacia la habitación de Artem y sin avisar agarré el pomo de la puerta, lo hice girar y abrí.
Artem levantó apenas la vista cuando entré a su habitación detrás de él y apenas vio que era yo, soltó un resoplido cansado.
—Si has venido para que le transmita otro mensaje absurdo a tu mujer, puedes ahorrártelo —gruñó mientras avanzaba hacia la cama—. Creo que ya dejé bastante claro que no pienso seguir haciendo el papel de maldito palomo mensajero.
Solté una pequeña risa nasal y negué con un movimiento de mi cabeza.
—No vine a eso.
—Gracias a Dios —refunfuñó y se dejó caer pesadamente sobre la cama, luego se pasó una mano por el rostro como un hombre agotado de la vida y soltó un suspiro pesado.
Me apoyé lentamente contra la pared antes de hablar:
—Quería hablar contigo del ataque de Valentini.
Eso hizo que Artem levantara la cabeza y volviera a mirarme con atención.
—¿Qué pasa con eso?
—Me preocupa que Petrov reaccione demasiado rápido cuando descubra quién estuvo detrás.
Artem soltó un pequeño resoplido.
—Lo hará.
—Y si conecta las piezas…
—Entonces probablemente intentará atacarnos otra vez.
Asentí lentamente.
La rabia que llevaba acumulando durante aquellos dos días seguía allí, pero en ese momento había algo mucho más pesado ocupándome la cabeza: la guerra contra Petrov. Porque mientras nosotros jugábamos a ignorarnos dentro de aquella cabaña, Leonid Petrov seguía respirando y quizá planeando su próximo ataque contra nosotros.
Hasta ese momento nosotros solo teníamos el ataque de esa noche al cargamento, pero eso solo iba a ser como arrancarle un pelo a un gato.
No teníamos más nada pero allí seguíamos, probablemente perdiendo el tiempo con nuestras estupideces en vez de estar planeando el próximo ataque.
Y eso era un problema.
Artem apoyó ambos antebrazos sobre las piernas y me observó unos segundos antes de hablar:
—¿Ya terminaste con tus tonterías?
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Esto —gruñó señalándome vagamente—. La m****a rara que tienes con Alessia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...