~MAKSIM~
Alessia se quedó mirándome durante unos segundos después de terminar de hablar.
Estaba esperando una respuesta de mi parte. Lo sabía porque seguía allí, inmóvil, sosteniéndome la mirada con firmeza mientras el viento movía ligeramente algunos mechones de su cabello y una pregunta flotaba entre los dos.
Pero había un pequeño problema. Yo no sabía qué decir. O, mejor dicho, no quería dar mi brazo a torcer porque Seguía aferrándome al poco orgullo que me quedaba, como una roca en el borde de un acantilado, resistiéndose a la caída inevitable.
Ella acababa de desmontar cada uno de mis argumentos con una facilidad irritante y, peor todavía, yo sabía muy bien que en todo ella tenía razón. Toda la maldita razón.
Como mi respuesta no llegaba, Alessia terminó poniendo los ojos en blanco. Una mueca de fastidio cruzó por su rostro antes de que negara apenas con la cabeza y se diera la vuelta para alejarse.
Uno. Dos. Tres pasos.
Esos fueron suficientes para hacerme reaccionar y hacerme entender que era el momento de ajustarme bien los pantalones y dejarme de pendejadas.
Avancé inmediatamente tras ella y la sostuve con firmeza por el codo.
—Espera.
Alessia se detuvo y lentamente giró la cabeza hacia mí.
La expresión de fastidio seguía en su rostro.
—¿Qué quieres ahora? —preguntó—. Porque no tengo tiempo para tus tonterías, Maksim.
Solté un pequeño suspiro.
—Lo sé.
Ella arqueó una ceja.
—¿Sabes qué?
—Que no tienes tiempo para mis idioteces porque durante estos días has seguido trabajando mientras yo seguía comportándome como un imbécil.
Eso pareció tomarla por sorpresa. Solo un poco. No demasiado. Pero lo suficiente para que levantara ambas cejas.
—¿Ah, sí?
Asentí lentamente.
—Sí. Y también te doy la razón.
Alessia cruzó los brazos y levantó mucho más las cejas.
—¿De verdad me das la razón?
—Sí.
—¿Toda la razón?
—No te emociones demasiado.
Eso hizo que una pequeña sonrisa intentara aparecer en la comisura de sus labios.
Intentara.
Porque claramente todavía seguía enfadada conmigo. Y con razón.
—Sé que ahora mismo necesitamos estar unidos —continué—. Sé que estamos en medio de una guerra y que seguir peleando entre nosotros como si fuéramos nosotros los enemigos es una estupidez.
Alessia inclinó apenas la cabeza.
—Vaya. —La ironía en su voz era imposible de ignorar—. Parece que finalmente los golpes que te has dado en la cabeza han dejado de hacer efecto.
Resoplé.
—No me he golpeado en la cabeza.
—Lástima. Yo pensé que sí y creía que esa era la razón de tu comportamiento
Eso me arrancó una pequeña risa y a ella otra.
Duró apenas unos segundos. Después me puse serio.
—Ya no quiero seguir peleando contigo —admití—. Te extraño... extraño a mi esposa.
Mis palabras la sorprendieron y casi sonríe emocionada, pero se contuvo y estrechó la mirada con recelo.
—Me llamaste traidora, Maksim.
M****a.
Allí estaba. La parte que realmente importaba.
Bajé la mirada un instante antes de volver a verla.
—Lo siento. No debí decirlo jamás. —Alessia permaneció completamente callada—. Me pasé de imbécil cuando te dije eso.
—Sí —respondió inmediatamente—. Te pasaste de imbécil.
Volví a reír. Ella también lo hizo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...