~MAKSIM~
Después de que Alessia y yo nos reconciliamos, reunimos a los demás alrededor de la mesa del comedor y algo tan simple como eso se sintió extraño después de los últimos dos días. No porque faltara alguien. Todo lo contrario. Porque por fin volvíamos a estar en paz entre nosotros mismos.
Artem ocupaba su lugar habitual con una botella de vodka delante, como si esperara lo peor. Mila permanecía sentada entre él y Alessia. Nicolo y Paolo estaban frente a nosotros, serios y atentos y yo estaba a la cabeza de la mesa.
Esa vez nadie parecía tener intención de levantarse furioso o dejar de hablarle a alguien, lo cual ya era una mejora considerable.
Apoyé los antebrazos sobre la mesa y observé a todos unos segundos antes de empezar a hablar.
—Antes de cualquier otra cosa, Alessia y yo queremos aclarar algunas cosas —dije.
Vi cómo Nicolo y Paolo intercambiaban una rápida mirada, pero no dijeron nada. Esperaron como todos los demás.
Tomé aire lentamente.
—Los últimos dos días han sido una m****a para todos.
Artem soltó un pequeño resoplido que pareció confirmar aquello.
Lo ignoré.
—Y parte de la responsabilidad es mía.
Mila levantó apenas la vista hacia mí.
Nicolo y Paolo parecieron tensarse ligeramente.
—No manejé bien la situación —continué—. Tenía razones para estar furioso por lo que ocurrió, pero permití que esa rabia se extendiera más de lo que debía.
Nadie interrumpió.
—Así que quiero dejar algo claro de una vez. Nicolo y Paolo seguirán en esta cabaña.
Los dos italianos permanecieron inmóviles.
—Y también seguirán formando parte de la Bratva Volkov.
Vi cómo Paolo bajaba apenas la cabeza, asintiendo.
Nicolo hizo lo mismo.
—Gracias, Pakhan —dijo Nicolo con respeto.
—No me den las gracias todavía.
Los dos volvieron inmediatamente a guardar silencio.
Bien.
Porque todavía no había terminado.
—Sigo pensando que cometieron una estupidez monumental —continué—. Abandonaron una responsabilidad importante en un momento en el que todos dependemos de todos para seguir vivos.
—Sí, señor —respondió Paolo.
—Pero también sería una estupidez por mi parte ignorar todo lo que han hecho por nosotros desde que comenzó esta guerra. Bueno, desde mucho antes de eso.
Los observé directamente.
—Han demostrado lealtad. Han protegido a mi familia. Han arriesgado sus vidas por nosotros más de una vez. Y después de las amenazas que les lancé, siguieron aquí haciendo su trabajo.
Los dos permanecieron serios. Ninguno parecía cómodo escuchando aquello.
—Por eso siguen aquí.
Paolo fue el primero en responder.
—No volveremos a abandonar nuestro puesto, Pakhan.
—Lo sé.
Mila levantó una mano lentamente.
Mala señal. Muy mala señal. Porque conocía esa mirada.
—¿Eso significa que nos das permiso para estar juntos?
Cerré los ojos un segundo y solté el aire lentamente.
Cuando volví a abrirlos, Alessia estaba masajeándose el puente de la nariz. Artem acababa de llevarse el vaso a la boca. Nicolo y Paolo parecieron querer desaparecer de la faz de la tierra.
—No abuses —mascullé.
Mila hizo una pequeña mueca.
—Pero...
—No.
La señalé directamente.
—Ya estoy haciendo bastante con perdonarlos y permitir que esos dos sigan aquí.
Mila cruzó los brazos.
—Eso no responde mi pregunta.
—Sí la responde.
Ella abrió la boca.
La cerró.
La volvió a abrir.
—Sí, Pakhan —respondió Nicolo inmediatamente.
—Lo entendemos, señor —añadió Paolo.
Nicolo tomó aire antes de continuar.
—Queremos pedir disculpas tanto a usted como a la señora Alessia.
Paolo asintió.
—Cometimos una falta grave. Lo sabemos. No volverá a ocurrir.
—Esperamos recuperar la confianza que depositaron en nosotros —continuó Nicolo—. Y demostrar que seguimos aquí porque merecemos estar aquí.
Asentí lentamente. Aquella era la respuesta correcta. No excusas. No justificaciones. Responsabilidad.
Mila también terminó incorporándose ligeramente en su asiento.
—Yo también quiero disculparme.
Su voz salió mucho más seria de lo habitual.
—Actué sin pensar en las consecuencias y causé problemas a todos. Lo siento.
Alessia asintió.
Yo también.
Porque al menos parecía haber entendido la gravedad del asunto.
Durante unos segundos nadie dijo nada. La tensión que había dominado la cabaña durante los últimos días parecía empezar a desaparecer poco a poco.
Finalmente Artem dejó el vaso sobre la mesa.
—Excelente.
Todos giramos hacia él. Nos observó uno por uno antes de señalarse el pecho.
—Porque si alguien está feliz de que esta guerra familiar haya terminado, soy yo.
Arqueé una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Artem agarró la botella de vodka y volvió a servirse otro vaso.
—Porque ahora ya no tendré que seguir trabajando como una maldita paloma mensajera.
Nadie discutió con él. El pobre tenía toda la razón del mundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...