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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 129

~MAKSIM~

La medianoche había quedado atrás hacía rato. El reloj sobre una de las paredes marcaba casi la una de la mañana y, aun así, ni Alessia ni yo parecíamos tener intención de ir a dormir.

Ella seguía sentada detrás del escritorio revisando documentos, anotaciones y varios informes que Denis y Vadim habían enviado durante los últimos días. Yo ocupaba una silla frente a ella mientras revisaba algunos reportes financieros de la Bratva y varios movimientos sospechosos que todavía estábamos intentando relacionar con Petrov.

Todo permanecía en absoluta tranquilidad en el despacho y en toda la cabaña a pesar de que Artem y Mila estaban en la sala, viendo una película mientras esperaban.

Por su parte, Nicolo y Paolo realizaban sus rondas de vigilancia alrededor del perímetro.

Y nosotros dos, además de trabajar, estábamos pendientes del teléfono, esperando noticias de Bruno Cardinale sobre el ataque que Valentini debía estar ejecutando en esos mismos momentos.

Apoyé el bolígrafo sobre la mesa y observé a Alessia por encima de los papeles.

Seguía completamente concentrada. Leyendo y analizando todo lo que leía. También pensando con la mirada perdida.

Maldición.

Me resultaba imposible no admirarla mientras hacía todo eso.

La mayoría de las personas se habrían derrumbado hacía tiempo con toda la presión que teníamos encima, pero no ella. Ella parecía fortalecerse cada día más.

Cuanto peor se ponía la situación, más afilada se volvía su mente.

—¿Sabes algo? —pregunté, intentando sacarla de su burbuja de tensión.

Alessia siguió leyendo.

—¿Qué?

—Que no me has dado ni un solo beso desde que nos reconciliamos.

Eso hizo que finalmente levantara la vista y una sonrisa divertida apareció inmediatamente en sus labios.

—¿En serio estamos hablando de eso ahora?

—Por supuesto.

Volví a recostarme en la silla.

—Ni siquiera desde antes de lo de Mila y los Ravelli.

—Pobrecito.

—Lo digo completamente en serio.

Alessia dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Tenemos una guerra encima.

—Precisamente por eso.

Ella soltó una pequeña risa.

—No veo la relación.

—Podemos morir pronto y no me gustaría irme sin un besito de mi esposa.

Soltó una carcajada divertida y negó.

—No vas a morir, Maksim Volkov. No mientras estés bajo mi cargo.

—Bueno, quizá no, pero si quiero aunque sea un besito tuyo. ¿O es que sigues enojada conmigo?

—No lo estoy.

—¿Entonces? —Enarqué una ceja.

—Ay, Maksim. No puedo creer que en un momento tan serio como este tú, el gran Pakhan de la Bratva Volkov piense en eso.

Solté un suspiro.

—Las parejas normales se pelean, se reconcilian y luego tienen sexo de reconciliación.

La carcajada que soltó fue mucho más fuerte.

—Las parejas normales tampoco suelen estar escondidas en una cabaña mientras esperan noticias sobre un ataque mafioso.

—Detalles.

Alessia negó lentamente con la cabeza.

—Sabes perfectamente que no puedes hacer nada de eso.

—¿Por qué no?

Ella me miró como si acabara de decir la estupidez más grande del planeta.

—Porque todavía te estás recuperando de tres disparos.

—Estás exagerando.

—No estoy exagerando. Si haces alguna estupidez se te van a abrir las heridas y se te saldrán las entrañas por allí.

Resoplé.

—Nada se va a abrir y pienso que ves muchas películas para pensar de esa manera.

Se rio pero volvió a negar.

—Nada de sexo, Maksim.

—Podemos tener sexo perfectamente.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Alessia volvió a negar con la cabeza.

—Ni lo sueñes. No mientras no estés completamente recuperado.

Me levanté lentamente de la silla.

—¿Por qué?

—Porque eres desesperante.

—Eso no es un no.

Ella soltó otro resoplido divertido y finalmente dejó caer el bolígrafo sobre el escritorio.

—Cinco segundos.

Sonreí inmediatamente.

—Perfecto.

Me incliné hacia ella antes de que pudiera arrepentirse.

Esta vez Alessia no se apartó.

Sus manos subieron lentamente hasta mi cuello mientras nuestros labios finalmente se encontraban después de demasiados días de discusiones, orgullo y estupideces. Le saqué la teta del escote para poder chuparlo, pero fue precisamente en ese momento cuando el teléfono sonó.

Maldita sea.

Alessia se apartó inmediatamente. Yo cerré los ojos un segundo y maldije mentalmente a todo el planeta.

Ella ya estaba estirando la mano hacia el aparato. La sonrisa había desaparecido de su rostro. Toda la diversión también. Porque ambos sabíamos quién debía estar llamando.

—¿Sí? —respondió inmediatamente.

Observé cómo se ponía de pie mientras escuchaba a la persona del otro lado de la línea.

Debía de ser Bruno.

Alessia empezó a caminar lentamente alrededor del escritorio.

—¿Qué pasó, papino?

Guardó silencio unos segundos. Escuchando. Esperando.

—¿Y el ataque?

Volvió a quedarse callada.

Su expresión empezó a cambiar poco a poco. La diversión desapareció totalmente. Después desapareció también la tranquilidad. Sus cejas se fruncieron. La mandíbula se tensó.

Algo no estaba bien.

Lo entendí inmediatamente al verla.

—¿Qué ocurrió? —preguntó ella.

Escuchó unos segundos más y entonces la vi quedarse completamente inmóvil.

—¿Cómo que fallamos?

La frustración apareció inmediatamente en su voz.

—¿Qué demonios quieres decir con que hemos fallado?

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