~MAKSIM~
Aquel nombre salió de la boca de Alessia y durante unos segundos, no dije nada. Lo conocía, no a profundidad, pero lo había visto antes. Sabía que era uno de los hombres cercanos a Bruno Cardinale, uno de los jefes de las cinco familias y miembros del Consejo de la Camorra, pero nunca imaginé que fuera él, uno de ellos, quien había estado ayudando a Petrov todo este tiempo
Gio Marchetti no era un soldado menor ni un perro de calle comprado por unas cuantas migajas. Era uno de los hombres importantes de la estructura Cardinale, alguien con acceso, nombre, poder y años de cercanía con Bruno. Si él era el soplón, entonces Petrov no solo había tenido información sobre mis movimientos, sino también sobre los de Alessia, sobre su padre y sobre cada pieza que creímos segura del otro lado del océano.
Alessia seguía mirando a Leonid con el rostro endurecido, pero vi el golpe en sus ojos. No era dolor débil ni sorpresa ingenua. Era algo mucho peor: la furia de entender que alguien de su propio mundo había abierto la puerta para que los enemigos entraran.
Yo no podía pensar en Gio todavía. No del todo. Mi cabeza estaba en Mila.
Apreté los dedos alrededor del cuello de Leonid hasta que su respiración volvió a romperse en un sonido áspero.
—¿Qué le hicieron a mi hermana?
Leonid sonrió con la boca partida y los dientes manchados de sangre. Su hombro seguía sangrando por el disparo que le había dado, tenía el rostro destrozado por los golpes y aun así conservaba esa maldita expresión de victoria que me daban ganas de arrancarle con un cuchillo.
—No me mires así, Volkov —murmuró con voz ronca—. Si tu hermanita está viva, es gracias a mí.
Le estampé la nuca contra el metal de la pared y escuché a Alessia respirar con fuerza a mi lado, pero no intentó detenerme. Todavía no. Ella sabía que en ese momento yo estaba a una palabra de romperle el cuello a aquel hijo de puta.
—Te pregunté qué le hicieron.
Leonid soltó una risa baja que terminó convirtiéndose en tos.
—Nada que no pueda arreglarse si tomas la decisión correcta.
Sentí que algo oscuro me subía por el pecho.
—Habla claro antes de que pierda la paciencia.
—Ya la perdiste hace rato.
Le hundí el puño en el estómago y se dobló hacia adelante con un gruñido seco. Lo sujeté del cabello antes de que pudiera caer del todo y lo obligué a levantar la cabeza.
—Maksim —dijo Alessia, con la voz baja, controlada, peligrosa—. Déjalo hablar.
No lo solté por piedad. Lo hice porque necesitábamos la información y esa era la única razón por la que Leonid seguía respirando.
Aflojé apenas el agarre, aunque no lo suficiente para que olvidara quién tenía el control.
Leonid tragó saliva, escupió sangre a un lado y volvió a mirarnos.
—Gio tomó la mansión Cardinale esta noche.
Vi cómo Alessia se tensaba a mi lado.
—Mientes —dijo ella.
Leonid ladeó la cabeza con una sonrisa torcida.
—¿De verdad? ¿Eso quieres creer? Gio llevaba demasiado tiempo esperando este momento. Demasiado tiempo tragándose el orgullo mientras Bruno Cardinale seguía sentado en un trono que él cree suyo. Tu padre le dio la espalda cuando eligió a Maksim para ti y no para Elena. Después Elena murió en una boda que, según Gio, jamás debió ser tuya.
Alessia no se movió, pero la sentí endurecerse como una hoja de acero a punto de cortar.
—Cierra la boca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...