Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 142

~ALESSIA~

«Creí que para este punto ya habrías descubierto quién ha sido la rata todo este tiempo... especialmente cuando a tu querida hermanita, Mila, la dejaste al lado de esa persona.»

Las palabras de Leonid me golpearon con una fuerza brutal.

Sentí cómo la mano con la que sostenía el arma se tensaba apenas mientras miraba a Leonid en el suelo, riéndose como un maldito enfermo después de soltar aquello.

¿De quién carajos estaba hablando? ¿Acaso era de mi padre? Porque era exactamente al lado de él que la habíamos dejado.

Oh, Dios mío.

¿Qué diablos significaba esto?

¿Estaba diciendo que era mi padre... mi propio padre el traidor?

Todas esas preguntas chocaron dentro de mi cabeza tan rápido que me costó respirar y sentí que tambaleaba, con mis piernas a punto de ceder por el impacto.

Maksim fue el primero en reaccionar.

Lo levantó brutalmente del cuello de la camisa y lo estampó contra la pared de metal con tanta fuerza que la estructura vibró.

—¿Qué m****a significa eso? —rugió.

Leonid sonrió, con sangre escurriéndole por la boca.

—Significa exactamente lo que crees.

Maksim le estampó otro golpe en la cara.

—¡Habla claro! —rugió en su rostro como una bestia iracunda—. ¡Di quién es el traidor!

El golpe hizo que Leonid escupiera sangre al suelo, pero siguió sonriendo.

—¿De verdad dejaste a tu hermana ahí y no te preguntaste ni una sola vez quién podría estar esperándola?

Vi cómo la expresión de Maksim cambiaba. La rabia seguía allí, pero ahora estaba mezclada con algo peor: miedo.

Lo conocía lo suficiente para verlo y sabía que él debía de estar pensando lo mismo que yo, que esa persona... ese traidor... era mi padre.

—Maksim… —murmuré.

Él no me miró. Seguía clavado en Leonid.

—Si has hecho algo... cualquier cosa para ponerle una mano encima a mi hermana…

Leonid soltó una carcajada ronca.

—Yo estoy aquí —rebatió Leonid con esa sonrisa demencial que no se borraba de su boca—. No es a mí a quien debes temer, sino a quien la tiene en sus manos en estos momentos.

Esa revelación me heló la sangre, tanto como debió helársela a Maksim.

Di un paso al frente.

Leonid se estaba riendo con diversión, como si se estuviera burlando de nosotros o como si estuviera logrando algo importante: confundirnos, enemistarnos y que olvidáramos nuestro verdadero objetivo.

Una mueca de rabia me desfiguró el rostro cuando me dejé ir contra él y le aseste un golpe en la boca que le hizo caer de rodillas.

—¡Mientes! —grité—. ¡Todo lo que has dicho es una mentira! Lo único que buscas es confundirnos, enemistarnos y hacer que nos debilitemos para que no acabemos contigo.

Leonid levantó la cabeza, sangrando, riéndose todavía.

—Nada de lo que he dicho es una mentira... pero, de lo que no me hago responsable es de que ustedes hayan entendido mal y hayan confundido al traidor.

Desconcertados, Maksim y yo nos volteamos a ver. Sentí que el alma me volvía al cuerpo porque no era mi padre y vi en los ojos de Maksim que toda sospecha sobre él se había esfumado.

Con una zancada se acercó a Leonid, lo volvió a agarrar por el cuello con fuerza y le exigió la verdad.

—Entonces habla con claridad. Di de una puta vez por todas quién es la persona que te ha estado informando todos nuestros movimientos.

Leonid volvió a reír y clavó su mirada en mí antes de hablar.

—¿Quién puede ser? —cuestionó—. ¿Quién en Italia, o mejor dicho en la Camorra, puede tener los motivos suficientes para traicionarlos?

No sé cómo ni exactamente por qué, la respuesta llegó a mi cabeza al instante, como un poderoso relámpago iluminando el cielo oscuro.

Es que solo había una persona que podía tener los motivos suficientes para hacer algo así.

—Gio Marchetti —respondí.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO