~ALESSIA~
Mis palabras quedaron suspendidas en el aire con el mismo peso de la tierra fresca que cubría el ataúd de mi padre. Nadie habló. Nadie se movió. Todos los hombres presentes seguían observándome con esa mezcla peligrosa de duda, cálculo y tensión, como si estuvieran midiendo no solo lo que acababa de pedirles, sino todo lo que significaría aceptar mi petición.
Y yo entendía esa duda.
No era Bruno Cardinale. No tenía sus años de poder, ni su experiencia, ni el respeto que había construido durante décadas. Solo tenía su sangre, su apellido y ahora su guerra. Además era una mujer; las mujeres nunca habían gobernado ninguna organización mafiosa. Jamás se les había permitido hacerlo, porque las mafias eran asunto de hombres y las mujeres solo éramos instrumentos para sus fines. Nunc ase nos había permitido romper la tradición, pero yo estaba dispuesta a luchar con uñas y dientes para romperla y convertirme en la primera mujer Capo.
Fue Vittorio De Luca quien rompió el silencio. Sus ojos se clavaron en mí con esa dureza de hombre viejo que había sobrevivido demasiadas guerras como para dejarse arrastrar por la emoción.
—Pedir lealtad es fácil, Alessia —dijo con voz grave—. Ganarla es otra cosa y tú no has hecho nada para ganarla.
Sentí cómo esas palabras me golpeaban, pero mantuve la espalda recta.
—Lo sé. Pero...
Vittorio dio un paso al frente, firme, y no me dejó hablar.
—Tu padre era un hombre fuerte. Sabía cuándo atacar y cuándo esperar. Sabía cuándo doblar a un enemigo y cuándo enterrarlo. Tú todavía no nos has demostrado nada. Además, eres una mujer y las mujeres no fueron hechas para dirigir a la mafia sino para servirle.
La rabia me quemó por dentro, pero no hablé porque Maksim dio un paso al frente entonces, colocándose a mi lado con esa presencia oscura y brutal que hacía que incluso los hombres de mi padre lo miraran con cuidado.
—Estás bastante equivocado —dijo con voz fría y firme—. Alessia ha demostrado ser más capaz que cualquier hombre. La he visto pelear con más valor que cualquier otro soldado que haya peleado a mi lado. La he escuchado dirigir con astucia los mejores planes de ataque contra nuestros enemigos y que solamente han fallado por culpa del traidor de Gio Marchetti, sino hace tiempo habríamos acabado con todos.
Su mirada recorrió a todos.
—Y les aseguro algo: Gio Marchetti cometió el peor error de su vida al creer que podía arrebatarle lo que le pertenece.
Sentí cómo esas palabras se asentaban entre los hombres. Lo vi en sus rostros. Porque la voz de Maksim no era pequeña. No era solo mi esposo hablando. Era el Pakhan de la Bratva Volkov respaldándome y eso, dentro de un mundo como el nuestro, significaba algo.
Pero la duda seguía allí, no dejando que dieran su brazo a torcer.
De repente, Nicolo avanzó.
Lo vi caminar con esa calma peligrosa que siempre llevaba encima hasta detenerse frente a mí. Paolo lo siguió inmediatamente. Ambos se miraron apenas y luego se arrodillaron frente a mí sin vacilar, sorprendiéndome.
Nicolo levantó la cabeza y sostuvo mi mirada.
—Mi lealtad siempre fue hacia Bruno Cardinale, pero hoy esa lealtad pasa a usted, signora. Porque usted es su sangre, porque lleva su apellido y porque nadie más tiene derecho a reclamar lo que Gio Marchetti intenta robar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...