~ALESSIA~
Inmediatamente después de salir del cementerio y sin perder más tiempo, nos dirigimos a la pista de aterrizaje privada de la Camorra y volamos a Calabria para resolver un asunto de carácter urgente. Nada más aterrizar en la región de la punta de la bota italiana, nos dirigimos a nuestro destino.
La propiedad de Aldo Valentini estaba escondida entre las montañas de Calabria, lejos de las ciudades y lo suficientemente aislada como para que nadie pudiera encontrarla por accidente. Era una fortaleza enterrada en piedra, hierro y silencio. Siempre había sido así. Mi padre decía que Valentini construyó aquel lugar como un reflejo de sí mismo: duro, inaccesible y preparado para la guerra incluso en tiempos de paz.
Aquella noche lo entendí mejor que nunca.
Ni siquiera alcanzamos a llegar al portón principal.
Tres camionetas negras salieron de entre los árboles y nos cerraron el paso con una precisión brutal, obligando a nuestros vehículos a frenar de golpe sobre la grava. En menos de tres segundos ya teníamos rifles apuntándonos desde todos los ángulos.
Aldo Valentini no era uno de los nuestros. No pertenecía a la Camorra. Era el jefe de la ’Ndrangheta y uno de los aliados más viejos y fuertes que mi padre había tenido fuera de Nápoles. Durante años habían trabajado juntos moviendo mercancía, armas y rutas entre territorios, manteniendo una relación basada en beneficio mutuo y respeto.
Pero Gio Marchetti había arruinado eso; había conseguido destrozar aquella alianza y con eso había provocado que Aldo Valentini odiara a los Cardinale al suponer que lo habíamos traicionado por haberlo enviado a una emboscada contra Petrov.
Todo aquello era exactamente lo que nos había llevado hasta allí: arreglar la situación y recuperar a nuestro aliado.
Maksim ni siquiera se movió a mi lado al ver a los hombres y sus rifles. Yo tampoco lo hice, ya que ambos esperábamos tal recibimiento. Pero sentí cómo Artem, Nicolo y Paolo tensaban el cuerpo detrás. Aquello podía irse al infierno con una sola mala palabra.
Las puertas de las camionetas enemigas se abrieron y seis hombres bajaron armados. No eran simples guardias, eran soldados de Valentini, dispuestos a matar a cualquier intruso que osara pisar su territorio.
Uno de ellos avanzó hasta nuestra ventanilla. Era alto y musculoso, tenía una cicatriz en la mejilla que lo hacía ver terrorífico y ojos oscuros y fríos como la noche.
Su mirada fue de mí a Maksim.
—Bajen.
No era una petición, así que abrimos las puertas lentamente.
Dos hombres vinieron directo a desarmarnos. Me quitaron la pistola del cinturón, la daga del muslo y hasta la pequeña Glock del tobillo. A Maksim también le quitaron todas sus armas y lo mismo pasó con los demás.
El hombre de la cicatriz nos observó con la mandíbula tensa.
—¿Quiénes son ustedes? —indagó.
—Dile a Valentini que Alessia Cardinale y Maksim Volkov quieren hablar con él —respondí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
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