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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 15

~MAKSIM~

La forma en que me sostuvo la mirada terminó de irritarme.

No fue solo lo que dijo. Fue cómo lo dijo. Sin titubear, sin bajar la voz, sin dar un solo paso atrás. Como si realmente creyera que tenía derecho a exigirme algo, como si su posición en esa casa, en mi vida, le diera permiso para cuestionarme.

Y ya eso era suficiente para cabrearme.

Pero no fue lo peor.

—Yo también pienso que si la razón por la que fuiste a Moscú tiene que ver con ese atentado, mi cuñada también necesita saber qué averiguaste o qué pasó.

Giré la cabeza hacia Mila con lentitud, sintiendo cómo la molestia se me clavaba más hondo.

Eso no lo esperaba.

No de ella. No de la única persona que, se suponía, estaba de mi lado sin condiciones.

—Tú cierra la boca y no te entrometas —le ordené, sin suavizar el tono.

Mila no se inmutó.

Al contrario.

—Pues no me quiero callar —replicó con toda la calma del mundo—. Es más, yo también quiero saber.

Se cruzó de brazos como una niña caprichosa, plantándose frente a mí con esa determinación suya que conocía demasiado bien. Sabía perfectamente lo que hacía. Sabía exactamente qué botones presionar.

—Por una m****a… —gruñí, pasando una mano por mi rostro antes de clavarle la mirada—. ¿Tú también me vas a fastidiar, Mila?

—No te estoy fastidiando —respondió, sin retroceder—. Pero tú sí te estás comportando como un reverendo pridurok.

El insulto me cayó pesado. Directo. Y mis ojos se endurecieron al instante.

—¿Cómo te atreves a llamarme imbécil?

La tensión subió un nivel más, cargando el aire de una forma que ya no tenía nada de ligera. No era una discusión cualquiera. Era una línea que no se cruzaba.

O no debería cruzarse.

—Ya basta —intervino Alessia entonces, metiéndose donde no debía—. No deberían estar discutiendo por esto.

Giré la cabeza hacia ella, fulminándola con la mirada.

No tenía ningún derecho a intervenir en esa discusión entre mi hermana y yo. Ninguno.

—Deberían calmarse —añadió, sin mostrar el menor rastro de inseguridad—. Mila… ¿puedes dejarnos hablar a solas?

El descaro fue tal que por un segundo no reaccioné.

Me estaba dando órdenes.

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