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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 15

~MINA~

Cuando la doctora Mariana terminó, recogió sus cosas y salió de la habitación acompañada por Artem. Los escuché alejarse y después la puerta principal del departamento se abrió y volvió a cerrarse.

Me quedé mirando mis manos durante unos minutos, pensando qué demonios iba a hacer. No tenía un lugar adónde ir. Ni un peso partido por la mitad para sostenerme en mi nueva vida llena de una libertad que podía ser pasajera. Tampoco podía conseguir trabajo en aquel estado. Y mucho menos podía continuar en Sinaloa, un territorio que le pertenecía a Ezequiel Montalvo y donde en cualquier momento podía atraparme... solo era cuestión de tiempo.

Pero, aun así, quedarme allí indefinidamente no me parecía correcto.

Artem regresó después de varios minutos y se detuvo en el umbral.

No entró más.

Aquello era algo que había comenzado a notar de él.

Podía ser mandón, brusco y desesperante cuando quería, pero desde que sabía lo que me había ocurrido parecía cuidar mucho la distancia entre nosotros. No invadía la habitación sin necesidad y jamás se acercaba a la cama si yo no sabía que iba a hacerlo.

Respiré hondo y tomé el valor que necesitaba para enfrentarme a aquel dilema.

—Te prometo que voy a buscar dónde irme y no te molestaré más.

Sus cejas se juntaron ligeramente.

—¿Qué?

—La doctora dijo que voy a tener que estar varias semanas así y no quiero seguir siendo un estorbo en tu vida. —Miré la pierna y después a él—. Voy a ver dónde puedo quedarme y, cuando consiga trabajo, te prometo que te voy a pagar cada peso que has gastado conmigo.

Artem levantó una mano, deteniéndome antes de que pudiera seguir.

—No te preocupes por eso.

—Pero...

—Mina, puedes seguirte quedándo aquí todo el tiempo que quieras. No me estorbas para nada.

Lo miré sin saber qué responder.

—Además —continuó—, sería bastante peligroso que salieras a la calle sin tener un lugar seguro adónde ir. Ya confirmamos que Ezequiel Montalvo sigue vivo y, peor aun, que continúa buscándote.

El miedo me atravesó de inmediato al recordarlo.

Después de que le conté mi historia, Artem se movilizó para averiguar cuál era el estado de salud de Ezequiel y cuál era mi situación. Los hombres de León Valdés, su socio, no tardaron. ni dos horas en confirmar que, aunque sí había herido a Ezequiel y él estaba en un hospital privado, bajo el estricto cuidado de sus hombres, había sobrevivido y tenía a muchos de sus hombres buscándome por todos lados para llevarme de vuelta con él.

Bajé la cabeza y le agradecí por el hecho de que se preocupara por mí, aún sin deberme nada.

—Muchas gracias —le dije y él solamente asintió.

De verdad esperaba que supiera que realmente estaba muy agradecido con él por todo. Era la primera persona que se preocupaba por mí y me cuidaba, después de mis padres.

No sabía ni cómo le iba a retribuir todo lo que estaba haciendo, pero estaba segura de que la vida jamás me iba a alcanzar para hacerlo.

—Hay algo que tengo que decirte —dijo de repente y levanté la mirada.

—¿Qué sucede? —pregunté y no pude evitar el tono angustiado con que salió mi voz.

—Tengo que regresar a Estados Unidos mañana —añadió—. Las negociaciones que vine a hacer a Sinaloa ya terminaron y mi jefe necesita que vuelva.

Mi corazón se hundió en mi estómago y parpadeé.

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