~ARTEM~
A primera hora de la mañana ya estaba esperando en el vestíbulo de la mansión Volkov, con una taza de café entre las manos y el cansancio del viaje todavía pegado al cuerpo.
Había llegado a Chicago apenas unas horas antes y, aunque cualquier persona sensata habría ido directamente a dormir, yo sabía que Maksim esperaba un informe sobre las negociaciones con León Valdés. Habíamos invertido demasiado tiempo y demasiado dinero en abrir aquellas nuevas rutas como para que yo apareciera dos días tarde y después desapareciera otras ocho horas en mi casa sin dar explicaciones.
El lugar estaba tranquilo a esa hora. Durante varios minutos solo escuchaba al personal moviéndose discretamente, hasta que unas voces conocidas comenzaron a bajar desde el piso superior.
—Les prometiste desayunar con ellos sin estar pendiente del teléfono —decía Alessia mientras descendía las escaleras junto a Maksim—. Si cada vez que alguien de la Bratva te llama vas a levantarte de la mesa, entonces no les prometas que vas a dedicarles la mañana.
—No puedo decirle a medio mundo criminal que espere hasta que mis hijos terminen sus panqueques —respondió Maksim con aquella paciencia limitada que utilizaba exclusivamente con su mujer—. Hay asuntos que no puedo ignorar porque sea temprano.
—No estoy diciendo que ignores una emergencia. Estoy diciendo que no todo es una emergencia porque uno de tus hombres decida llamarte a las siete de la mañana.
—Cuando seas Pakhan puedes decidir qué llamadas son importantes.
—Soy una capo.
—No es lo mismo.
Alessia giró la cabeza lentamente hacia él.
—Repite eso y vas a desayunar con tus hombres.
La comisura de mi boca se movió apenas mientras bebía otro sorbo de café. Algunas cosas no cambiaban nunca.
Podían haber sobrevivido guerras, atentados, enemigos y prácticamente cualquier desastre imaginable, pero Maksim seguía teniendo una habilidad extraordinaria para escoger exactamente la frase capaz de irritar a su mujer.
Él debió darse cuenta porque abrió la boca para responder, pero entonces miró la mirada asesina de su mujer y decidió guardarse el comentario.
Para su suerte, luego su mirada cayó sobre mí y Alessia también me miró, y su tenía intenciones de matarlo, desaparecieron al instante.
—Mira quién decidió regresar —dijo Maksim, bajando los últimos escalones mientras una sonrisa aparecía en su rostro—. Ya empezaba a pensar que te habías quedado viviendo en México.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...