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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 16

~ARTEM~

A primera hora de la mañana ya estaba esperando en el vestíbulo de la mansión Volkov, con una taza de café entre las manos y el cansancio del viaje todavía pegado al cuerpo.

Había llegado a Chicago apenas unas horas antes y, aunque cualquier persona sensata habría ido directamente a dormir, yo sabía que Maksim esperaba un informe sobre las negociaciones con León Valdés. Habíamos invertido demasiado tiempo y demasiado dinero en abrir aquellas nuevas rutas como para que yo apareciera dos días tarde y después desapareciera otras ocho horas en mi casa sin dar explicaciones.

El lugar estaba tranquilo a esa hora. Durante varios minutos solo escuchaba al personal moviéndose discretamente, hasta que unas voces conocidas comenzaron a bajar desde el piso superior.

—Les prometiste desayunar con ellos sin estar pendiente del teléfono —decía Alessia mientras descendía las escaleras junto a Maksim—. Si cada vez que alguien de la Bratva te llama vas a levantarte de la mesa, entonces no les prometas que vas a dedicarles la mañana.

—No puedo decirle a medio mundo criminal que espere hasta que mis hijos terminen sus panqueques —respondió Maksim con aquella paciencia limitada que utilizaba exclusivamente con su mujer—. Hay asuntos que no puedo ignorar porque sea temprano.

—No estoy diciendo que ignores una emergencia. Estoy diciendo que no todo es una emergencia porque uno de tus hombres decida llamarte a las siete de la mañana.

—Cuando seas Pakhan puedes decidir qué llamadas son importantes.

—Soy una capo.

—No es lo mismo.

Alessia giró la cabeza lentamente hacia él.

—Repite eso y vas a desayunar con tus hombres.

La comisura de mi boca se movió apenas mientras bebía otro sorbo de café. Algunas cosas no cambiaban nunca.

Podían haber sobrevivido guerras, atentados, enemigos y prácticamente cualquier desastre imaginable, pero Maksim seguía teniendo una habilidad extraordinaria para escoger exactamente la frase capaz de irritar a su mujer.

Él debió darse cuenta porque abrió la boca para responder, pero entonces miró la mirada asesina de su mujer y decidió guardarse el comentario.

Para su suerte, luego su mirada cayó sobre mí y Alessia también me miró, y su tenía intenciones de matarlo, desaparecieron al instante.

—Mira quién decidió regresar —dijo Maksim, bajando los últimos escalones mientras una sonrisa aparecía en su rostro—. Ya empezaba a pensar que te habías quedado viviendo en México.

—Valdés apareció con discrepancias en los nuevos términos. —Dejé la taza sobre una mesa cercana—. Quiso modificar algunos porcentajes y cambiar condiciones que ya habíamos dejado claras en la reunión anterior. Preferí solucionarlo estando allá antes de regresar y tener que cruzar nuevamente la frontera por una estupidez que podía resolver en persona.

Maksim hizo una mueca de disgusto.

—¿Intentó sacar ventaja?

—Intentó ver hasta dónde podía presionar. No funcionó. Terminamos con condiciones aceptables para ambos y las rutas pueden seguir adelante según lo previsto.

Aquello era verdad. León Valdés era un hombre inteligente, calculador y suficientemente experimentado para saber exactamente cuánto podía tensar una negociación antes de convertirla en un problema.

Habíamos discutido durante horas, revisado cifras, eliminado dos de sus modificaciones y aceptado otra que no perjudicaba nuestros intereses. El asunto había quedado prácticamente cerrado antes de que yo regresara. Lo que Maksim no sabía era que aquella no había sido la única razón por la que permanecí más tiempo en Sinaloa.

Alessia cruzó los brazos.

—¿Y qué noticias traes de México? ¿Pasó algo más mientras estabas allá?

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