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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 167

~MILA~

Fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir exactamente? —pregunté, dándome cuenta de que había algo más serio implícito en esas palabras.

—Lo que quiero decir es que los adultos se hacen responsables de las consecuencias de sus actos.

Lo miré sin todavía comprender del todo. Maksim se cruzó los brazos.

—Si querías jugar a la mujer adulta y experimentada, teniendo una relación con dos hombres al mismo tiempo, también debiste pensar como adulta y cuidarte para evitar un embarazo.

Sus palabras se sintieron como un puñetazo en el estómago que me dejó boquiabierta. Tuve que cerrar la boca rápidamente porque no tenía nada que replicar a eso.

Tenía razón en ellos y no podía discutirle.

—Pero no lo hiciste —siguió—. Ahora estás embarazada y ya no puedes darte el lujo de seguir pensando como una adolescente que cree que el amor lo resuelve todo. Tienes que pensar como una mujer que va a traer un hijo al mundo.

Oh Dios. Empezaba a sentirme como la más tonta de las tontas.

—Tienes que hacerte cargo del problema —añadió.

Apreté los labios por la indignación.

—Mi bebé no es ningún problema.

—Jamás dije que el bebé lo fuera.

Su voz salió firme, pero no cruel.

—El problema no es ese niño, Mila. El problema es que eres una mujer soltera perteneciente a la Bratva Volkov y llevas en tu vientre a un heredero de nuestra sangre, sin estar casada. Eso sí representa un problema, tanto para ti como para ese bebé.

Parpadeé confundida. No entendía hacia dónde quería llevar aquella conversación.

—¿A qué te refieres exactamente?

Maksim no respondió de inmediato. Se limitó a mirarme unos segundos antes de hablar con absoluta serenidad.

—A que ya encontré una solución.

Fue Alessia quien frunció el ceño y preguntó:

—¿Qué solución?

Maksim giró apenas la cabeza hacia ella.

—Mila va a casarse con uno de los hermanos Ravelli.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones y que todo mi cuerpo se quedaba inmóvil.

Miré a Maksim. Luego a Alessia. Después a Nicolo y a Paolo. Ninguno parecía tomarlo como una jodida broma de parte de mi hermano.

Mi estómago se contrajo.

—¿Qué...? —murmuré casi sin voz.

Maksim sostuvo mi mirada.

—Escuchaste bien.

Negué una y otra vez.

—¿Te has vuelto completamente loco?

—No.

Su respuesta fue tranquila. Demasiado tranquila y eso solo lo hacía peor.

—No me he vuelto loco. Y no solo puedo hacerlo, Mila... ya lo hice.

—¿Y para qué quieres saberlo?

Sentí que la indignación me quemaba por dentro.

—Porque se supone que voy a casarme.

Él se encogió apenas de hombros.

—No debería hacer diferencia. Se supone que estás enamorada de los dos, así que da exactamente igual con cuál de ellos termines casándote.

Abrí la boca varias veces sin encontrar palabras porque aquello era una locura. Una auténtica locura.

—No puedes entrometerte de esa manera en mi vida —rebatí al fin—. Acabo de decirte que soy una adulta y que las decisiones sobre mi futuro me corresponden a mí. No puedes venir a imponerme un matrimonio solo porque se te ocurrió que era la mejor idea.

Antes de que Maksim respondiera, Nicolo entró a la habitación y se acercó a mí.

Sus ojos buscaron los míos.

—¿No quieres casarte con alguno de nosotros, principessa? —preguntó.

Aquella pregunta me desarmó y lo miré completamente desconcertada.

Paolo también se acercó.

—Porque nosotros sí queremos casarnos contigo —dijo.

Sentí un vuelco en el pecho y que una bandada de mariposas pululaban en mi estómago.

—Los dos queremos formar una familia contigo y con el bebé que viene en camino —continuó—. No hay nada de malo en la decisión que ha tomado el Pakhan. Después de hablar con él entendimos por qué es importante que ese niño nazca dentro de un matrimonio. No intenta castigarte ni imponerte un marido, peimcipessa. Está intentando protegerte a ti y proteger al bebé delante de cualquier enemigo que se levante en nuestra contra.

Nicolo tomó mi mano entre las suyas con una delicadeza que contrastaba con la firmeza de sus palabras.

—Déjanos hacerlo como debe ser, principessa. Danos la oportunidad de honrarte con el matrimonio, de protegerte a ti y a nuestro hijo, y de construir la familia que los cuatro llevaremos en el corazón el resto de nuestras vidas.

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