~MILA~
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir exactamente? —pregunté, dándome cuenta de que había algo más serio implícito en esas palabras.
—Lo que quiero decir es que los adultos se hacen responsables de las consecuencias de sus actos.
Lo miré sin todavía comprender del todo. Maksim se cruzó los brazos.
—Si querías jugar a la mujer adulta y experimentada, teniendo una relación con dos hombres al mismo tiempo, también debiste pensar como adulta y cuidarte para evitar un embarazo.
Sus palabras se sintieron como un puñetazo en el estómago que me dejó boquiabierta. Tuve que cerrar la boca rápidamente porque no tenía nada que replicar a eso.
Tenía razón en ellos y no podía discutirle.
—Pero no lo hiciste —siguió—. Ahora estás embarazada y ya no puedes darte el lujo de seguir pensando como una adolescente que cree que el amor lo resuelve todo. Tienes que pensar como una mujer que va a traer un hijo al mundo.
Oh Dios. Empezaba a sentirme como la más tonta de las tontas.
—Tienes que hacerte cargo del problema —añadió.
Apreté los labios por la indignación.
—Mi bebé no es ningún problema.
—Jamás dije que el bebé lo fuera.
Su voz salió firme, pero no cruel.
—El problema no es ese niño, Mila. El problema es que eres una mujer soltera perteneciente a la Bratva Volkov y llevas en tu vientre a un heredero de nuestra sangre, sin estar casada. Eso sí representa un problema, tanto para ti como para ese bebé.
Parpadeé confundida. No entendía hacia dónde quería llevar aquella conversación.
—¿A qué te refieres exactamente?
Maksim no respondió de inmediato. Se limitó a mirarme unos segundos antes de hablar con absoluta serenidad.
—A que ya encontré una solución.
Fue Alessia quien frunció el ceño y preguntó:
—¿Qué solución?
Maksim giró apenas la cabeza hacia ella.
—Mila va a casarse con uno de los hermanos Ravelli.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones y que todo mi cuerpo se quedaba inmóvil.
Miré a Maksim. Luego a Alessia. Después a Nicolo y a Paolo. Ninguno parecía tomarlo como una jodida broma de parte de mi hermano.
Mi estómago se contrajo.
—¿Qué...? —murmuré casi sin voz.
Maksim sostuvo mi mirada.
—Escuchaste bien.
Negué una y otra vez.
—¿Te has vuelto completamente loco?
—No.
Su respuesta fue tranquila. Demasiado tranquila y eso solo lo hacía peor.
—No me he vuelto loco. Y no solo puedo hacerlo, Mila... ya lo hice.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...