~ALESSIA~
—¿Le he dicho que ese vestido le queda increíble, Señora Volkova? —Maksim susurró cuando se inclinó a mi oído y me dio otro vaso de whisky.
Entre brindis y brindis, me había estado poniendo varios en la mano cada diez minutos y ya empezaba a sentirme achispada.
¿Acaso estaba intentando emborracharme?
Miré mi vestido de seda color borgoña.
—Sí. Ya me lo habías dicho —respondí.
Me pasó un brazo por la cintura y me acercó. Presionó sus labios contra mi oreja y su cálido aliento me hizo estremecer.
—Lo que no te había dicho es que ya quiero llegar a la casa y arrancártelo –gruñó.
Por encima de su hombro, eché un vistazo a los invitados que aún seguían allí, en el salón de banquetes; bebiendo, fumando, hablando y hasta bailando. Luego, mordiéndome el labio coquetamente, volví mis ojos a los suyos.
—¿Y qué diablos seguimos haciendo aquí? —espeté—. La boda terminó hace horas.
No dijo nada. Me agarró la mano, se levantó y tiró de mí para arrastrarme hasta la salida sin molestarse en despedirse de nadie. En el camino iba escribiéndole un mensaje a uno de sus hombres para que tuviera la limusina lista para nosotros. Mila y los Ravelli se iban a quedar una noche en la suite del hotel para al día siguiente salir de viaje hacia una paradisíaca isla en el Caribe para disfrutar su luna de miel, así que ellos no necesitaban la limusina.
Cuando bajamos al lobby y llegamos a la puerta, la limusina ya nos estaba esperando. Ilia, el conductor, nos abrió la puerta y Maksim me guió adentro.
En cuanto estuvo sentado a mia lado, me agarró por las caderas y me subió a su regazo para que me sentara a horcajadas sobre él.
Me retorcí sintiendo algo parecido a cosquillas y una risa musical salió de mis labios. No sé si se debió a la sensación que me provocó o al alcohol. Quizá fue una combinación de ambos.
—¿Qué haces?
—No hay ni una sola posibilidad de que aguante otro minuto sin estar dentro de ti ¿Tienes idea de lo duro que he estado toda la noche viéndote con este vestido? —Me subió la tela hasta la cintura.
—¡Maksim! —Su nombre fue una débil protesta en mis labios, porque su mano ya estaba en mi nuca y sus dedos enroscándose en mi cabello.
Gruñó en respuesta y recorrió con su nariz la piel de mi cuello mientras su otra mano se deslizaba por mi cuerpo y entre mis muslos, haciéndome gemir.
—Tienes las bragas empapadas, joder.
Moví las caderas, apretándome contra su mano.
—Es culpa tuya.
Se rio y encontró la cremallera oculta en la espalda de mi vestido. Tiró de ella hacia abajo, dejando que la tela se acumule en mi cintura.
Gimiendo, arqueé la espalda mientras jugaba con mi coño a través de mis bragas húmedas. Con la mano libre me desabrochó el sujetador de tirantes, que se soltó y dejó mis tetas desnudas a escasos centímetros de su boca.
Sin perder tiempo,se inclinó hacia el frente acortando la distancia y chupó uno de mis duros pezones, pasando la lengua por el capullo endurecido y haciéndome gritar.
—Te necesito desnuda, Alessia. Ahora —gruñó, subiéndome el vestido por la cabeza.
—Alguien podría vernos.
Dirigió su atención a mi otro pezón.
—Nadie puede ver a través de estas ventanas.
—¿Qué pasa con Ilia? —respiré.
—No está invitado a unirse a nosotros, conejita.
Eché la cabeza hacia atrás riendo y aprovechó para rozar mi garganta con sus dientes.
—Te necesito tanto, todo el puto tiempo. Nadie me la ha puesto tan dura como tú. ¿Lo sabes?
Mi respuesta fue un gemido.
Con un gruñido de frustración, metió la mano en
mis bragas y las partió por la mitad. Jadeé y mis tetas rebotaron contra su duro pecho.
Con lo que parecía la paciencia agotada, se abrió el cinturón y lo imité, tirando de la cremallera y metiendo la mano en sus calzoncillos.
Rodeé con mis dedos la base de su polla, apretándola y provocándolo.
Presionó sus labios contra mi oreja.
—Sácame la polla y enséñame cómo te haces correr, mi putita.
Se me cortó la respiración y se me sonrojó el pecho ante su demanda. Antes de que pueda reñirle por llamarme putita, me acarició la nuca y chocó sus labios contra los míos, tragándose mi descarada respuesta.
Cuando me dejé caer en sus brazos, se retiró.
—Enséñamelo.
Con los ojos encapuchados y llenos de deseo, le agarré la polla y bajé sobre su tronco. Casi se le pusieron los ojos en blanco cuando mi coño caliente lo rodeó, envolviéndolo con su calor húmedo.
—Joder, Alessia —Resopló.
—¿Te gusta? —Le sonreí malvadamente, sabiendo lo que provocaba en él, y me hundí hasta que estaba completamente dentro de mí.
—Sabes que sí, joder —gruñó—. Ahora enséñame cómo te corres conmigo dentro de ti y mientras mi semen te llena y te hace un hijo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...