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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 176

~MILA~

Sin pensarlo dos veces, Paolo sacó su dedo de mi ano y me agarró por las caderas para girarme y arrodillarme en la cama. Quedé con el culo hacia él y la cara hacia Nicolo.

Grité cuando su gran y grueso pene se marcó en la entrada de mi culo y luego me llenó con una estocada.

Nicolo aprovechó que mi boca se abrió y volvió a meter su enorme erección en mi boca, hasta mi garganta, provocándome una arcada que soporto como la guerrera lujuriosa y angurrienta que soy.

Mis ojos se pusieron en blanco por el placer y todo se volvió peor cuando Paolo llevó su mano a mi coño y metió dos en mi interior, mientras Nicolo comenzó a frotar mi clítoris con su pulgar.

Joder.

Estaba tan llena por sus pollas y sus dedos, que me estaban empujando más allá del punto de la cordura, hacia el olvido.

—¿Sientes cómo estoy tan dentro de ti? —gruñó Paolo, enterrando sus dedos más profundo en mi coño y su verga más adentro en mi ano—. M****a. Estás tan apretada.

Nicolo tampoco me tuvo piedad. Su dedo se restregó con saña contra mi clítoris y su pene arremetió con fuerza mi garganta.

Envolví mi mano alrededor de la empuñadura de su polla, estaba duro como una roca y tan caliente como un brasero.

Se sacudió de mi agarre y apretó mis dedos alrededor de él. Empujó su longitud hacia adentro y hacia afuera, empujó su excitación más allá del anillo apretado en la parte superior de mi esófago.

Las lágrimas se acumularon en mis ojos y bailaron por mis mejillas cada vez que él me empujaba con más fuerza contra su ingle.

Cada uno de sus poderosos empujones contra mi boca extrajo sonidos primarios de él. Se escuchaba tan delicioso y pecaminoso que estaba segura de que pronto iba a alcanzar el clímax eufórico.

Paolo comenzó a embestirme con más urgencia. Dios. Cada parte de mí vibró de deseo. Me dolían los pezones, mi núcleo se apretó contra sus dedos y mi clítoris palpitó furiosamente contra el pulgar de Nicolo.

Se sentía como si todo mi cuerpo hubiera sido rociado con gasolina, y sus pollas acariciando mi lengua y mi ano, sus dedos en mi coño y mi clítoris, erna la cerilla que me encendía.

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