Semanas después...
~MILA~
Después de tres semanas recorriendo algunos de los lugares más hermosos del Caribe en compañía de mis dos esposos, volver a la realidad se sentía un poco extraño. Especialmente porque nuestra primera parada, apenas regresamos de la luna de miel, había sido la clínica privada de la doctora Amato para realizarme la segunda ecografía de seguimiento del embarazo.
La primera me la había hecho pocos días después de descubrir que estaba embarazada y, para mi inmensa tranquilidad, había confirmado que todo marchaba perfectamente. Los golpes que había recibido durante el tiempo que estuve secuestrada por Gio Marchetti no habían causado ningún daño y el embarazo continuaba desarrollándose sin inconvenientes.
Aquella había sido la única noticia que me importó escuchar en ese momento y todavía recordaba el enorme alivio que sentí cuando la doctora me aseguró que podía estar tranquila.
Ahora, unas semanas después, estaba sentada en la sala de espera de la clínica con Paolo a mi derecha, Nicolo a mi izquierda y la vejiga tan llena que comenzaba a considerar seriamente la posibilidad de mandar al carajo la ecografía y correr al baño más cercano.
—No puedo más —gemí, removiéndome incómoda en el asiento—. Voy a hacerme pipí encima.
Paolo bajó inmediatamente la mirada hacia mí.
—¿Te duele algo, mi principessa?
—Sí. La vejiga.
Su expresión se llenó de preocupación.
—¿Mucho?
Giré la cabeza y lo miré.
—Paolo, tengo ganas de orinar. No me estoy muriendo.
—No he dicho que te estés muriendo.
—Pero tienes cara de que estás a punto de llamar a un equipo de reanimación.
Nicolo soltó una pequeña risa a mi otro lado y apoyó la mano sobre mi muslo.
—Si no puedes aguantar, ve al baño, principessa.
—No puedo. Me dijeron que debía tener la vejiga llena para la ecografía.
—Entonces deberían atenderte ya —protestó Paolo, mirando con evidente molestia hacia la recepción—. Llevamos esperando demasiado.
Miré el reloj colgado en la pared.
Sí, parecía que había pasado una eternidad porque cada segundo que pasaba se se volvía una verdadera tortura, pero la verdad era que no llevábamos esperando mucho.
—Llevamos doce minutos apenas —respondí con algo de desánimo.
—Es demasiado —rebatió Paolo, pasándose de dramático.
Puse los ojos en blanco y sacudí la cabeza.
—Doce minutos no son demasiado.
—Cuando mi esposa está incómoda, sí.
No pude evitar sonreír y casi me meo encima, así que tuve que forzarme a ponerme seria.
Todavía me producía una sensación extraña, hermosa y cálida, escuchar a Paolo llamarme su esposa. Legalmente lo era y el anillo que llevaba en la mano izquierda lo confirmaba, pero el que adornaba el dedo anular de mi mano derecha también me recordaba que mi unión con Nicolo era igual de real para nosotros.
—Puedo aguantar un poco más —aseguré.
Nicolo me observó con los ojos entrecerrados.
—¿Segura?
—Sí.
—Porque puedo ir a buscar a la doctora y amenazarla con mi pistola para que se apresure. Si no lo la mato.
—¡Nicolo!
—Bueno. Solo le cortaré una mano.
Me golpeé la frente con la mano.
—Tampoco puedes hacer eso.
—Podemos cargarte y llevarte directamente al consultorio —ofreció Paolo.
Abrí mucho los ojos.
—Ni se les ocurra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...