~MAKSIM~
—Dígame exactamente qué siente.
Miré a la doctora Amato y después a Alessia, que estaba parada a unos pasos de mí con los brazos cruzados y una expresión que me advertía que no intentara mentir.
Volví a mirar a la doctora.
—Nada grave.
Alessia resopló.
—Maksim, déjate de tonterías. La doctora te ha preguntado qué sientes.
—Y estoy respondiendo.
—No. Estás intentando hacerte el fuerte para que ella diga que no tienes nada y te libres de esta.
La doctora Amato movió la mirada entre nosotros antes de sonreír ligeramente.
—¿Qué tal si dejamos que el señor Volkov responda?
—Gracias —dije, lanzándole una mirada de suficiencia a Alessia.
—Pero con la verdad —agregó la doctora.
Mi expresión se endureció y Alessia sonrió triunfal.
Solté un suspiro y me acomodé sobre la cama en la que prácticamente me habían obligado a acostarme.
No entendía por qué tanto escándalo. Había vomitado unas cuantas veces, me sentía cansado y mi estómago parecía haber desarrollado un odio repentino hacia cualquier alimento con olor fuerte, pero no era como si estuviera con un pie en la tumba.
—Solo es un pequeño malestar estomacal —expliqué—. Me causa náuseas y he vomitado un par de veces.
—Cinco —intervino Alessia.
Giré la cabeza hacia ella.
—¿Estabas contando?
—Sí.
—¿Por qué carajos estabas contando?
—Porque alguien tiene que prestar atención a tus síntomas mientras tú finges que nada pasa.
La ignoré y volví a mirar a la doctora.
—También he tenido algunos mareos.
—¿Fatiga? —preguntó.
—Un poco.
—Se quedó profundamente dormido durante el trayecto desde la pista hasta la mansión —volvió a intervenir Alessia—. Artem dice que eso no es normal en él.
—Artem habla demasiada m****a.
—¿Ha sentido más sueño de lo habitual? —continuó la doctora.
Me encogí de hombros.
—Tal vez.
—Sí —respondió Alessia por mí.
—¿Quién es el paciente aquí?
—El paciente es un terco que no quiere colaborar.
—Alessia.
—Maksim.
La doctora Amato se aclaró la garganta y tuve la impresión de que estaba conteniendo una sonrisa.
—Entonces tenemos náuseas, vómitos, mareos, fatiga y somnolencia.
—Un pequeño malestar estomacal —repetí.
—Te encontré tirado en el suelo, abrazado al retrete como si fuera el amor de tu vida —replicó Alessia—. Eso no es un pequeño malestar estomacal y tampoco es normal.
—Estaba vomitando nada más.
—Estabas hecho una m****a, Maksim Volkov.
La doctora Amato volvió a aclararse la garganta.
—Creo que primero deberíamos controlar las náuseas y los vómitos. Después podremos seguir hablando con más tranquilidad.
Asentí.
—Perfecto.
La doctora se acercó a su maletín y comenzó a buscar algo en su interior. No le presté demasiada atención hasta que la vi sacar una pequeña ampolla y una jeringa.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
La doctora rompió la ampolla. Introdujo la aguja y comenzó a cargar la jeringa.
Maldita sea.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—Un medicamento para controlar las náuseas y el vómito.
—No lo necesito.
Alessia giró la cabeza hacia mí.
—Hace dos segundos dijiste que te parecían perfectas las indicaciones de la doctora.
—He cambiado de opinión.
La doctora levantó la jeringa y presionó ligeramente el émbolo.
Me puse en pie.
—No.
Alessia frunció el ceño.
—¿Qué te pasa?
—Nada. Ya me siento mejor.
—Maksim...
—Las náuseas desaparecieron.
—Acabas de tener una arcada hace cinco minutos.
—Fue la última.
La doctora Amato me miró con curiosidad.
—Señor Volkov, es solo una inyección.
—Lo sé.
—Entonces siéntese.
—No.
Alessia entrecerró los ojos.
M****a.
La conocía demasiado bien y sabía perfectamente que su cerebro acababa de detectar algo.
—Maksim —murmuró—. ¿Le tienes miedo a las inyecciones o qué?
—No —respondí demasiado rápido.
La sonrisa que apareció en su rostro me confirmó que acababa de cometer un grave error.
—Oh, Dios mío.
—Cállate.
—¡Le tienes miedo a las inyecciones!
—He dicho que no.
—Por eso no querías que te revisara la doctora.
—No tiene nada que ver.
—Maksim Volkov le tiene miedo a una pequeña aguja.
—Alessia, te advierto...
La doctora Amato desechó la jeringa y volvió a acercarse mientras yo me frotaba el lugar donde me había inyectado como si aquella mujer acabara de atravesarme con una espada.
—El medicamento debería ayudarlo en unos minutos —explicó.
—Gracias —respondió Alessia antes de mirarla con preocupación—. Doctora, ¿qué cree que pueda tener Maksim? ¿Es algo malo?
La doctora Amato no respondió inmediatamente. Se quedó observándome durante unos segundos y luego miró a Alessia.
—No creo que sea algo malo.
—¿Entonces qué es?
—Antes me gustaría hacerle algunas preguntas a usted.
Alessia parpadeó.
—¿A mí?
—Sí.
—Pero la enferma no soy yo.
—Yo tampoco estoy enfermo —repliqué.
Alessia me ignoró.
—¿Qué quiere preguntarme?
La doctora Amato entrelazó las manos frente a su cuerpo.
—¿Se ha sentido mal durante las últimas semanas?
—No.
—¿Ha tenido náuseas, mareos o se ha sentido fatigada?
Alessia negó.
—Para nada. Estoy perfectamente. He estado trabajando mucho por los asuntos de la Camorra y viajando entre Chicago y Nápoles, pero me siento bien.
Fruncí el ceño.
—¿Lo que tengo es contagioso?
La doctora Amato me miró y sonrió.
—No.
—¿Está segura?
—Completamente.
—Entonces no entiendo qué carajos tiene que ver Alessia con mis vómitos.
La sonrisa de la doctora se amplió ligeramente y aquello comenzó a inquietarme.
—Una última pregunta.
—Dígame.
—¿Cuándo fue su última menstruación?
Alessia frunció el ceño.
—¿Mi menstruación?
—Sí.
—No lo recuerdo.
—Intente hacer memoria.
Alessia se quedó pensativa durante unos segundos.
—No sé... quizá hace uno o dos meses.
Giré la cabeza hacia ella y después miré a la doctora.
—¿Qué carajos tiene que ver la menstruación de mi esposa con lo que yo tengo?
La doctora Amato sonrió todavía más.
—Porque usted no está enfermo, señor Volkov. Lo que creo es que ella está embarazada y usted está teniendo los síntomas del embarazo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Alguien me puede explicar como del 88 salta al 89 del futuro como asi que Lexia esta embarazada de nuevo...
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...