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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 194

~ALESSIA~

Me desperté antes de que sonara el despertador. Abrí los ojos despacio y permanecí unos segundos mirando el techo de nuestra habitación, todavía procesando que la noticia del día anterior no había sido un sueño, sino una hermosa realidad. Estaba embarazada.

Sonreí para mis adentros mientras una mano descendía de forma casi inconsciente hasta mi abdomen. Aún no había ningún cambio visible, todavía no podía sentir absolutamente nada, pero era suficiente saber que una nueva vida crecía dentro de mí para que el pecho se me llenara de una emoción difícil de describir. O, mejor dicho, de cinco nuevas vidas, si le preguntabas a mi insufriblemente arrogante esposo.

Instintivamente, giré la cabeza y descubrí que el otro lado de la cama ya estaba vacío. La almohada estaba fría, una señal de que hacía un buen rato que mi nada arrogante esposo se había levantado.

Miré el reloj sobre la mesita de noche. Apenas pasaban de las seis de la mañana, lo que me hizo fruncir el ceño.

—¿Qué estará haciendo como para haberse despertado tan temprano? —murmuré para mí misma, con la voz todavía adormecida, imaginando que había madrugado.

Eso no me sorprendía en absoluto. Cuando algo ocupaba la mente de Maksim, era incapaz de quedarse quieto. Si el día anterior había pasado buena parte de la cena interrogando al pobre Luigi sobre los ingredientes de la comida, y a la doctora Amato sobre vitaminas y alimentos permitidos, seguramente aquella mañana ya estaría organizando algún plan exagerado para protegerme de peligros que solo existían en su jodida cabeza.

Suspirando pesadamente, me levanté de la cama y fui a darme una ducha rápida. Cuando estuve lista, bajé al primer piso decidida a retomar mi rutina.

Estar embarazada no significaba que la Camorra fuera a dejar de necesitar a su Capo. Seguía teniendo informes pendientes, cuentas por revisar y varios asuntos relacionados con la reorganización de la organización después de los nombramientos de Nicolo y Paolo. El mundo no se detenía porque un bebé -o cinco- estuvieran creciendo en mi vientre.

Apenas bajé las escaleras comprendí que algo no estaba donde debía.

No fue una gran señal, sino una suma de pequeños detalles.

Dos hombres armados custodiaban la entrada cuando normalmente solo había uno. Otro par permanecía junto a las ventanas que daban al jardín. Otro par más custodiaba el pasillo que llevaba a mi despacho. Además habían instalado un arco detector de metales portátil en la puerta del mismo y un equipo revisaba varias cajas antes de permitirles el paso. Incluso las cámaras de seguridad que el día anterior apuntaban hacia el perímetro ahora estaban orientadas en ángulos diferentes.

Fruncí el ceño y entré sin decir una palabra, mientras seguía observando.

Sobre uno de los escritorios había nuevos planos del terreno con varias rutas marcadas en rojo. En otro, uno de mis hombres hablaba por radio confirmando cambios en los turnos de vigilancia. Dos escoltas que jamás había visto recorrían el pasillo interior con una disciplina claramente militar.

Aquello no era casualidad.

Alguien había reorganizado todo el dispositivo de seguridad de la mansión y ese alguien no había sido yo.

¿Había sido Paolo, el nuevo jefe de mi brazo armado?

—Buenos días, Capo.

Asentí con la cabeza al escuchar el saludo de uno de los soldados.

—¿Qué está pasando aquí?

El hombre respondió con absoluta naturalidad.

—Se reforzó la seguridad.

—Eso ya lo veo. Lo que pregunto es quién dio la orden.

Vaciló apenas un instante.

—Su esposo, signora. El señor Volkov.

Sentí cómo mi expresión se endurecía al instante.

Continué caminando por el despacho mientras observaba cada modificación. El muy imbécil paranoico había cambiado las rutas de entrada y salida, redistribuido a los hombres entre los distintos edificios e instalado controles adicionales para cualquier vehículo que cruzara la puerta principal. En una esquina reconocí varias cajas de equipos de comunicación nuevos que pertenecían a la Bratva. Ni siquiera se habían molestado en disimular de dónde provenían.

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