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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 195

~MAKSIM~

En mi puta vida imaginé que un día terminaría rodeado de libros sobre embarazo y mucho menos en la biblioteca de la mansión del capo de una mafia italiana.

Mi alrededor estaba en un silencio casi absoluto, interrumpido únicamente por el sonido de las páginas que pasaba y por el incesante tecleo de Artem frente a una de las computadoras. Sobre la mesa había una pila considerable de manuales médicos, guías de obstetricia, libros especializados sobre desarrollo fetal y un cuaderno en el que yo mismo iba anotando todo aquello que consideraba importante.

Había descubierto que los seres humanos tenían la absurda costumbre de escribir artículos distintos diciendo exactamente lo mismo con palabras diferentes, así que decidí resumir la información útil para no perder tiempo releyendo tonterías.

Artem dejó escapar un suspiro que llevaba conteniendo desde hacía varios minutos.

—¿Hasta cuándo vamos a seguir con esto? —preguntó.

—Hasta que tengamos suficiente información —respondí, sin apartar la vista del libro que tenía entre las manos.

—Tenemos suficiente información —murmuró.

—No todavía.

—Maldita sea, Maksim, ya tengo una lista con alimentos recomendados, otra con alimentos prohibidos, una sobre vitaminas, una acerca de síntomas normales durante el embarazo, otra sobre síntomas de alarma, una con ejercicios seguros, una sobre medicamentos permitidos, una sobre controles médicos...

Levanté una mano para detenerlo.

—Bueno, ahora debemos buscar estudios recientes.

—¿Recientes de qué?

—De todo.

Artem me miró con la expresión de quien estaba reconsiderando veinte años de amistad.

—No existe una investigación que se llame "de todo".

—Pues encuéntrala. Sé que eres bueno recopilando información —le guiñé un ojo.

Volvió a suspirar antes de regresar al teclado.

—Empiezo a extrañar cuando mis investigaciones consistían en localizar traficantes de armas.

Pasé otra página del libro y me detuve al encontrar un apartado sobre el desarrollo embrionario durante las primeras semanas.

—Busca esto.

—Dime.

—Necesito saber cuál es el porcentaje de éxito de los embarazos múltiples.

Artem dejó de escribir.

—Todavía no sabes cuántos bebés vienen.

—Cinco —espeté.

Negó lentamente con la cabeza.

—Sigues aferrado a esa teoría.

—No es una teoría.

—¿Ah, no?

Cerré el libro con tranquilidad y lo miré.

—Es una conclusión lógica.

Artem apoyó ambos antebrazos sobre el escritorio y me miró, entre divertido y contrariado.

—Cada vez entiendo menos cómo Alessia no te ha asesinado todavía.

—Porque ella sabe que tengo razón.

—No. No lo ha hecho porque te ama ciegamente y toda esa m****a, y acepta que tiene un esposo... "bastante especial".

Estuve a punto de responder mandándolo a la m****a, cuando la puerta de la biblioteca se abrió con bastante más fuerza de la necesaria.

No hizo falta levantar la vista inmediatamente para saber quién acababa de entrar. Solo una persona caminaba con esa mezcla de elegancia y determinación cuando estaba enfadada.

Levanté la cabeza y confirmé lo evidente.

Alessia tenía los brazos cruzados, el ceño ligeramente fruncido y esa expresión serena que, después de varios meses de matrimonio, había aprendido a identificar como una advertencia.

No empezó a gritar y eso era peor.

—Buenos días —saludé con absoluta tranquilidad.

—¿Lo son?

Dejé el libro sobre la mesa.

—Yo diría que sí.

Sus ojos descendieron hacia la montaña de libros, después al cuaderno lleno de anotaciones y finalmente a la computadora donde Artem seguía sentado.

—¿Qué están haciendo?

Artem levantó un dedo.

—Antes de que digas nada, quiero dejar constancia de que yo solo obedezco órdenes.

Alessia ni siquiera lo miró. Toda su atención seguía fija en mí.

—He recorrido el despacho principal.

Asentí.

—Bien.

—También vi los nuevos protocolos de seguridad.

—Me alegra que te gustaran.

Sus labios dibujaron una sonrisa tan pequeña que cualquier desconocido la habría interpretado como algo amable, pero yo sabía perfectamente que no lo era.

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