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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 205

~ALESSIA~

Apenas terminé de desayunar cuando mi teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa del comedor. Sonreí en cuanto vi el nombre de Mila en la pantalla.

—Ya es hora —murmuré.

Maksim levantó la vista de la taza de café que sostenía entre las manos.

—¿Es mi hermana?

Asentí mientras aceptaba la videollamada.

La pantalla tardó unos segundos en estabilizarse y, enseguida, apareció el rostro radiante de Mila.

Tenía una sonrisa tan enorme que no necesitaba decir una sola palabra para que entendiera que todo había salido bien y que tenía grandes noticias para nosotros.

—¡Buenos días por allá! —saludó con una emoción contagiosa.

—Buenas tardes para ustedes —respondí riendo—. Esa cara me dice que ya lo saben y que quieren alardear frente a nosotros.

Mila rio y negó.

—Todavía no digas nada —intervino Paolo desde algún lugar fuera de cámara—. Queremos hacerlo bien.

—Muévete, idiota. No cabemos los tres si sigues ocupando media pantalla.

—El que está ocupando media pantalla eres tú.

La imagen comenzó a sacudirse mientras discutían por quién debía sostener el teléfono.

Rodé los ojos.

—Lo bueno es que son hermanos y no enemigos.

Maksim dejó la taza sobre la encimera y se acercó para colocarse a mi lado.

—¿Y entonces? ¿Van a hablar o van a perder el tiempo con esta tontería?

—¡Cuñado! —saludó Paolo con una sonrisa.

—Hola, cuñado —dijo Nicolo.

—¿Ya terminaron de comportarse como niños? —preguntó Maksim.

—Todavía no.

—Solo queremos seguir el ejemplo de nuestro querido y apreciado cuñado —añadió Paolo con absoluta seriedad—. Hemos aprendido mucho de él.

Mila soltó una carcajada.

—Oh, Dios mío. Ya compórtense los dos y dejen de molestar a mi hermano —los reprendió—. Es momento de que nos pongamos serios, como los futuros padres que seremos.

Levanté las cejas en una mueca irónica.

—Dudo mucho que eso pueda pasar. Todos estos hombres —señalé a los Ravelli a través del teléfono y a Maksim— son incapaces de comportarse como los hombres maduros que son en situaciones como estas.

—¿Nos estás llamando inmaduros por actuar como hombres felices que se convertirán en padres? —protestó Maksim, fingiendo indignación.

—Ninguno de nosotros es inmaduro —lo secundó Nicolo.

—¿Ah no? —rebatió Mila—. Hicieron una apuesta sobre quién adivinaría el sexo de los bebés.

Fruncí el ceño.

—¿Qué apostaron ahora?

—Bañar desnudos en el Volturno —respondió Mila.

—¿Y quién ganó? —preguntó Maksim con mucho interés.

—Yo, por supuesto —contestó Paolo, inflando el pecho con orgullo.

Nicolo rodó los ojos.

—Ganaste solo por poco.

—No. Gané porque adiviné el sexo de ambos —replicó Paolo.

—¿Van a decirnos de una vez o piensan seguir torturándonos? —pregunté, impaciente.

Mila rio.

—Se los diremos ahora.

—Pero, ¿dónde está Artem? —preguntó Paolo—. Él también tiene que estar presente para saberlo.

—Sí. Él es parte de nuestra familia —concordó Mila.

—Artem está afuera planificando los turnos de vigilancia de los hombres de seguridad de la casa —respondió Maksim y agarró su teléfono—. Esperen un momento. Le mandaré un mensaje pidiéndole que venga.

Empezó a escribir el mensaje y yo regresé la vista a la pantalla y decidí hacerles otras preguntas mientras esperábamos.

—¿Y qué les dijo la doctora Amato? ¿Cómo están los bebés?

Mila sonrió de inmediato. La emoción seguía brillándole en los ojos cada vez que alguien mencionaba a los bebés.

—Están perfectos. La doctora dijo que ambos están creciendo exactamente como deberían para el tiempo que tienen. Los vimos moverse y fue hermoso.

Sonreí.

—Me alegra por ustedes.

—¿Y ustedes qué tal? —indagó Mila—. ¿Cómo va el embarazo?

—De maravilla —respondí.

—¿Y Maksim sigue teniendo los síntomas? —preguntó Paolo, burlón.

Maksim levantó la vista a la pantalla y puso los ojos en blanco.

—Solo un poco.

—Es lo malo de ser un esposo débil —rio Paolo.

Mila le dio un codazo en las costillas.

—Ay.

—No molestes a Maksimka.

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