Días después...
~ALESSIA~
Maksim permaneció a mi lado, cuidándome, mientras estábamos dentro del agua practicando skorkel y las mantarrayas nadaban bajo nosotros. El agua estaba perfectamente cálida y de un asombroso color turquesa. Podía quedarme a vivir allí para siempre y no volver al clima frío de Chicago jamás.
Fiyi por completo era magnífica y perfecta, pero la isla privada que Maksim había alquilado para que pudiéramos disfrutar de nuestra privacidad era todavía mejor.
Había todo un mundo sumergido bajo nosotros y me tenía hipnotizada. Me sobresalté cuando una tortuga marina nadó hacia nosotros y, excitada, agarré la
mano de Maksim para que también la viera.
Sus dedos rozaron mi espalda al tiempo que la tortuga se deslizaba perezosamente por el agua. Un pequeño hormigueo entre excitación y nerviosismo me recorrió a medida que se aproximaba, y agarré con más fuerza la mano de Maksim.
Él rió divertido y sacudió la cabeza antes de hacerme una señal con el dedo para que saliéramos.
Finalmente había llegado la hora de volver al yate. Mi labio hizo un puchero cuando Maksim nos arrastró de vuelta.
―No me pongas esa cara, Milaya. Tenemos que volver y prepararnos para la cena. Pero podemos volver a bucear antes de irnos ―prometioó.
Me ayudó a subir al yate y me envolvió en una toalla antes de sentarme en un banco acolchado.
―Me gustaría que probemos el submarinismo a la siguiente.
Me estrechó contra él.
―No.
―¿Qué? ¿Por qué?
―Porque es peligroso.
―Es perfectamente seguro.
Apretó la mandíbula.
–No lo es. Se lo he preguntado a la doctora Amato y dijo que no, por los cambios de presión.
–Qué aburrido. Ni pareces un mafioso que no le teme al peligro.
―No me pongas a prueba, Milaya.
―¿O qué?
Su gruñido vibró contra mi garganta mientras me mordisqueaba la piel, y sonreí. Me encantaba desafiarlo porque eso normalmente solo conducía a que me atara en la cama o me azotara el culo.
―¿Qué planes tenemos para el resto del día? —indagué.
Unos días antes habíamos dado la vuelta a la isla en kayak. Bueno, yo me había sentado en la parte delantera del kayak mientras él remaba, negándome a mover un dedo. Luego habíamos asistido a una clase de cocina y aprendido a preparar platos clásicos fiyianos, tailandeses y malayos.
Obligué a Maksim a ponerse el chistoso delantal y sombreo que nos suministraron y le tomé fotos que luego le envié a Mila y a Artem por W******p para que lo vieran.
También hicimos un poco de senderismo por las selvas de la isla. Él quería prohibirme muchas cosas por el embarazo, pero yo me negaba a hacerle caso -como siempre- y estaba aprovechando cada minuto de nuestra luna de miel para que la pasáramos de maravilla.
―Simplemente cenar ―murmuró, inclinándose para besarme la mejilla.
El capitán se acercó a nosotros mientras el equipo se preparaba para zarpar.
―Debe ser nuestro amuleto de la buena suerte, preciosa ―me dijo―. No siempre vemos mantarrayas, y esa era una tortuga carey. No las vemos a menudo ya que están en peligro de extinción.
Maksim me rodeó de forma posesiva y le lanzó al capitán una mirada asesina. Al imbécil solo le faltó mearme encima para marcar territorio.
El rostro del hombre se puso blanco, retrocediendo rápidamente.
Puse los ojos en blanco y le besé la mejilla, apretándome contra su costado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...