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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 210

~MAKSIM~

Cuando llegamos a la isla vecina, nos bajamos del yate y caminamos lado a lado para dirigirnos al patio exterior del restaurante. Mientras lo hacíamos, mantuve la mano en su espalda todo el tiempo.

Alessia llevaba un vestido rojo de lino que le llega a medio muslo, dejando a la vista sus piernas. Piernas que en ese momento estaban mirando dos hombres del restaurante.

Mi mano se movió hacia mi pistola, pero no hice nada porque a Alessia no le iba a gustar que les disparara y arruinara la noche. Me conformé con dirigirles mi furiosa y ardiente mirada.

Por suerte tuvieron algo de sentido común, porque ambos retrocedieron, con los ojos muy abiertos, antes de volver precipitadamente al interior del restaurante.

―Esta vista es increíble ―dijo Alessia asombrada, ignorando lo que había pasado.

La terraza daba al océano, y el olor a sal flotaba en el aire. Como a Alessia le gustaba estar al aire libre y disfrutar del paisaje y estar al aire libre, dispuse que nos sentáramos allí, donde podíamos contemplar la puesta de sol mientras un cuarteto de cuerda tocaba suavemente de fondo.

Esa noche tenía que ser perfecta. Mi Koroleva no se merecía menos.

[...]

Mi corazón latió con fuerza durante toda la cena. Apenas probé la comida.

¿Por qué coño estaba tan nervioso? Era el Pakhan, y Alessia ya era mía. Ni el diablo podría apartarla de mí.

Di un sorbo a mi vodka y me concentré en ella para distraerme del furioso zumbido de avispas en mi pecho.

Estaba resplandeciente. La luz de las velas centelleaba en sus ojos mientras hablaba de sus momentos favoritos de nuestro viaje hasta el momento. Estaba tan llena de vida rebotando en su silla y haciendo ruiditos apreciativos con cada bocado de comida, que mi polla se puso vergonzosamente dura.

Alessia extendió su mano hacia mí y la tomé.

Me pasó los dedos por los nudillos con dulzura.

―Pareces distraído. ¿Va todo bien?

―Todo está perfecto, Milaya. –Llevé su mano a mis labios y la besé―. Excepto por una cosa.

Ladeó la cabeza desconcertada, pero, cuando me levanté de la silla y me arrodillé a su lado, sus labios se separaron formando una 'O' y sus ojos se agrandaron.

Saqué una cajita de terciopelo con un anillo y la abrí

―Este es el anillo que te merecías -o te mereces- desde el principio —manifesté, sin poder ocultar el ligero temblor de mi voz por la emoción.

―Oh, Dios. ―Los ojos de Alessia brillaron, revoloteando entre mi cara y el anillo.

Mi corazón latió con más fuerza cuando se lo deslicé en el dedo. Definitivamente, había sido mucho mejor y más perfecto que si le hubiera puesto uno el día que nos casamos.

Durante nuestra ceremonia, me había centrado en hacerla sentir una m****a insultándola de la peor manera. Luego estaba rabioso porque me había humillado al salvarme el culo de la muerte y, aunque al final había aceptado el matrimonio, me había centrado en soltar todo tipo de estupideces, diciéndole que nunca habría nada entre nosotros, porque jamás la vería como mujer.

Qué chistosos eran los giros de la vida y que semejante imbécil era yo.

Ahora, estaba arrodillado ante el centro de mi universo, sabiendo que no había nada que no hiciera por ella. Sabiendo que jamás existiría otra mujer a la que pudiera amar, como la amaba a ella.

Acaricié su mano, la posesividad llenando mi pecho ante una prueba más, mostrando que me pertenecía.

Pasó los dedos por mi cabello cuando me incliné hacia ella.

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