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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 42

~ALESSIA~

La miré fijamente mientras esas dos palabras terminaban de asentarse en mi cabeza.

«Fueron amantes.»

No era una sorpresa absoluta, pero tampoco era algo menor. Encajaba demasiado bien con la idea que había empezado a formarse la noche anterior en mi cabeza, esa que me rondaba como una sospecha incómoda y persistente.

—Vaya… —murmuré, dejando escapar una pequeña exhalación—. Eso explica muchas cosas.

Mila asintió con lentitud, como si llevara tiempo cargando con esa información y no supiera muy bien cómo soltarla.

—Pero... —agregué—. ¿Fueron o aún lo son?

—Fueron —se apresuró a responder—. Te prometo que ya no hay nada entre ellos.

Asentí, aunque no estaba segura de que fuera así. No porque no creyera en la palabra de Mila, sino porque quizá su hermano le estaba haciendo creer lo contrario.

—Pero debes saber que no fue algo pasajero —añadió—. Aunque tampoco fue algo serio. Ya sabes. No tenían ningún compromiso ni nada.

—Lo entiendo.

—Pero sí estuvieron juntos durante bastante tiempo. No porque mi hermano sintiera una conexión especial con ella y eso, sino porque ella no era una de esas mujeres con las que Maksim se podía ver solo por una noche y ya está. Irina… —hizo un gesto leve con la mano—… ella era distinta.

Apoyé la espalda en la silla, observándola con atención.

—¿Distinta en qué sentido?

Mila frunció ligeramente el ceño, buscando la forma adecuada de explicarlo.

—Intensa. Obsesiva, incluso. —me miró directamente—. De esas mujeres que no saben querer a medias. Ella quería más... mucho más, y se creía la dueña de mi hermano.

No pude evitar esbozar una media sonrisa.

—Y Maksim se lo permitía.

Ella soltó una pequeña risa.

—Para nada. Pero como no tenía ninguna relación con nadie y tampoco pensaba casarse con nadie... solo lo dejaba pasar. Ya sabes. Además, la relación entre las organizaciones de mi hermano y del padre de Irina era muy buena. Imagino que era una forma de mantener esa buena relación. Hijita feliz... papi feliz.

—Oh, qué gran corazones de tu hermano, eh.

Mila se rio.

—Mi hermano no es tan m****a como se ve. Créeme.

Incliné apenas la cabeza, aceptando el comentario sin negar ni confirmar nada.

—¿Y cómo terminó eso entre ellos?

Mila tomó un sorbo de café antes de responder.

—Mal. Muy mal. Como te dije, Maksim nunca fue… exclusivo con ella. Ya sabes cómo es. Para él, ese tipo de relaciones nunca significaron demasiado. Pero para Irina sí. Ella lo veía como algo más… algo que iba a terminar en algo serio.

Alcé una ceja.

—¿Casarse?

—Exacto.

Asentí despacio, uniendo piezas.

—Y él no.

—Nunca. —respondió con firmeza—. Maksim dejó claro desde el principio que no iba a comprometerse de esa forma con nadie. Pero Irina… decidió no escucharlo.

Solté una pequeña risa nasal.

—Clásico error.

—Totalmente —coincidió Mila—. Y cuando finalmente él puso un punto final… porque iba a casarse... ella no lo tomó nada bien.

LAS RAZONES 1

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