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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 46

~ALESSIA~

Cualquiera podría haber pensado que yo tenía la sangre tan fría como el hielo o que era una frígida, pero nada que ver. Mi sangre chisporroteaba en mis venas, mi cuerpo ardía como si hubiera sido puesto dentro de un brasero. Mi sexo lloraba de necesidad por tenerlo bien enterrado dentro de mí, dándome unas buenas embestidas que me dejaran las piernas dolidas y temblando.

Pero, si yo quería ganar, si quería lograr exactamente lo que me había propuesto desde un principio, debía pensar con la cabeza en frío y no con la vagina caliente.

Esto era un ganar o perder y yo estaba dispuesta a arriesgarlo todo, aunque algo dentro de mí me decía que estaba a nada de lograr mi objetivo.

Maksim entrecerró los ojos.

—¿Algo real? —murmuró, entre confundido, desesperado y frustrado.

—Sí, algo real, Maksim —espeté—. Yo no quiero solo follar contigo. No quiero que solamente me veas como algo, sino que me veas como lo que soy: como tu esposa, tu igual y la mujer a la que vas a serle leal, fiel y a la que vas a respetar, tal y como es debido.

Parpadeó y se me quedó viendo, como si todavía no terminara de entender lo que yo estaba diciendo o no quisiera entenderlo.

—Si tú no estás dispuesto a darme eso —proseguí—, entonces no esperes que yo esté dispuesta a abrirte las piernas así de fácil. Para eso, para que me sigas insultando, humillando, faltando el respeto y yendo a buscar putas a esos clubes, mientras yo estoy aquí, jugando a ser tu esposita complaciente, mejor quédate con tus putas, folla con ellas todo lo que quieras y a mí déjame en paz, que así como hemos estado hasta ahora estaremos bien.

Con frustración se pasó una mano por el rostro y negó, agitando la cabeza con brusquedad.

—¡No quiero eso! —exclamó.

—¿El qué no quieres? —cuestioné, molesta porque supuse que se refería a que no quería complacer mis peticiones.

—¡Ir con putas, maldita sea! —gruñó, como si le costara revelar lo que realmente sentía o quería.

Joder. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no sonreír y mantener la expresión fría en mi rostro.

—No quiero estar con putas, Alessia... quiero estar contigo.

Levanté una ceja apenas.

—¿Ah, sí? ¿De verdad quieres eso?

—Sí.

—Pero... ¿a qué te refieres con querer estar conmigo? ¿Hablas de solo en la cama o en toda la extensión que la palabra «esposa» implica?

Volvió a pasarse la mano por el rostro, restregándolo con fuerza y de un brinco se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro, como un animal enjaulado al que le agitan su jaula.

—Alessia, tú debes entender algo de mí —dijo sin dejar de moverse—. No soy un hombre acostumbrado a estas mierdas. No soy un hombre de relaciones. En mis planes no estaba el tener una esposa, no una en el sentido convencional de la palabra... no una que fuera como tú y... maldita sea.

Gruñó, dándome la espalda y se apretó las sienes con fuerza, manteniendo esa lucha descomunal contra sí mismo.

¿UNA DECLARACIÓN? 1

¿UNA DECLARACIÓN? 2

¿UNA DECLARACIÓN? 3

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