~ALESSIA~
Batí las pestañas y abrí la boca y la volví a cerrar porque estaba aturdida por su declaración y todo lo que acababa de decir.
Cuando me hizo llamar a su despacho, esperaba de todo, cualquier cosa, especialmente alguna discusión que levantara otra guerra entre ambos, menos lo que acaba de hacer; prácticamente una declaración romántica... muy a su manera.
—Maksim... ¿Estás hablando en serio? —pregunté, odiando el indicio de duda que se deslizó en mi voz, pero no pude evitar cómo me sentía.
Colocó sus manos sobre el escritorio, a ambos lados de donde yo estaba parada, dejándome aprisionada entre sus brazos, y se inclinó lo suficiente para que mis senos rozaran su ancho y fuerte pecho, haciendo que temblara y que mis pezones se tensaran casi dolorosamente.
Oh, sí. Por primera vez me sentía nerviosa —o lo más parecido a eso— delante de mi esposo.
—Sí. Estoy hablando muy en serio, Alessia Cardinale —respondió—. Quiero todo eso contigo. Voy a convertirme en un hombre monógamo, leal, fiel y menos hijo de puta contigo... todo lo que quieras, para que esto funcione.
Me miró, con esos ojos suyos que parecían dos llamas verdes a punto de incendiarme de pies a cabeza. La respiración se me cortó y una llamarada de fuego ardiente se enroscó entre mis piernas, obligándome a apretar los muslos.
—Dime entonces, Alessia —agregó, sus palabras tan seductoras como el sonido retumbante de su voz—. ¿Cuál es tu respuesta? ¿Lo aceptas o no? ¿Vas a poner también de tu parte para que esto —movió una de sus manos y señaló el espacio entre nosotros— que vamos a tener funcione?
El borde del escritorio me friccionó el trasero cuando me empujé hacia atrás, buscando algo de distancia porque su cercanía, su olor tan masculino y el calor de su cuerpo viril me tenían aturdida, y eso no me permitía pensar con claridad.
—¿Alessia? —susurró y me mostró una sonrisa encantadora—. ¿Te comió la lengua el ratón, que de repente te quedaste sin palabras, cuando tú siempre tienes algo insolente que decir?
«Reacciona, idiota», me exhorté a mí misma y me obligué a reaccionar.
—No —murmuré—. Ningún ratón me ha comido la lengua.
—Yo te la puedo comer entonces.
Parpadeé y esas palabras golpearon directo a mi sexo.
—¿Qué?
Ensanchó la sonrisa, viéndose tan malvado.
—¿Qué respuesta tienes para mí entonces? —Me cambió la conversación, pero sin borrar la sonrisa pícara de su boca.
Él debía imaginar perfectamente lo que estaba provocando en mí.
Aspiré profundamente y me dejé de tonterías para volver a coger el control de la situación.
Llevé mis manos a su duro pecho y lo empujé, apartándolo para poder salir de esa trampa calurosa. Avancé unos pasos lejos de él y me giré, levantando la barbilla para fingir que no pasaba nada.
—Estoy dispuesta a hacerlo —le respondí, mi voz más firme de lo que realmente pretendía.
—¿Ah, sí?
Enarcó una ceja y se metió las manos en los bolsillos del pantalón antes de dar algunos pasos hacia mí, intentando acorralarme una vez más.
Volví a poner mis manos en su pecho y lo empujé hacia atrás para que no se acercara. Si lo hacía, corría el peligro de que terminarámos haciendo de todo, menos hablar.
—Pero antes tengo una petición.
Se rio y sacudió la cabeza.
—Por supuesto que sí. Tienes que tener. No vas a ponerme las cosas fáciles.
—Tranquilo, no es nada difícil y solo es una pequeña petición.
Sacó una de sus manos del bolsillo y me hizo un gesto.
—Dila entonces.
Asentí y me puse en modo seria, dejando atrás la tensión sexual entre los dos.
—Dijiste que estabas dispuesto a matar a Irina.
—Lo haré. Sí. Y quiero que te quede claro que no solo lo hago por ti, para quedar bien contigo. Lo hago porque también me la debe.
—Entiendo. Pero...
—¿Pero?
—No quiero que la mates.
—¿No? Sacudí la cabeza, negando.
—Bien. Ahora que está todo claro entre nosotros, solo queda una cosa por decir.
—¿Qué cosa?
—Te quiero lista a las siete en punto y ponte guapa.
Junté mis cejas, desconcertada.
—¿Para qué?
—¿No dijiste que querías que hiciera mierdas cursis por ti?
Dios. Casi suelto una carcajada.
—Bueno, hoy empiezo a hacerlas para conquistarte, esposa. Ahora vete porque tengo asuntos importantes de los cuales encargarme y si sigues aquí, no los voy a hacer porque me veré tentado a doblarte sobre este escritorio y cobrarme todo lo que me has hecho.
Tragué profundamente y Dios... deseé que lo hiciera. Me gustaba y me excitaba verlo en modo dominante, autoritario y gruñón. No lo niego.
—Fuera ya —gruñó.
No esperé a que lo repitiera. Giré sobre mis talones y comencé a caminar hacia la puerta. Podía jugar a ser la esposa obediente de este mandón de vez en cuando.
Extendí mi mano y agarré el pomo, haciéndolo girar, pero antes de poder salir, su voz me detuvo.
—Ah, Alessia. Una cosa más.
Me giré rápidamente, siendo esa esposa obediente que me había nacido de repente.
—¿Sí?
—Nada de esos escotes de m****a —demandó.
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Preguntita de interés público:
¿Qué piensan? ¿Ya se merece la bestia bruta un poco de cariñito o que siga sufriendo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...