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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 53

~ALESSIA~

El Maclaren negro de Maksim rugió por las calles de Chicago como una bestia elegante y peligrosa, abriéndose paso entre las luces de la ciudad mientras los otros vehículos que conformaban nuestra escolta nos seguían de cerca. Él conducía con una sola mano apoyada sobre el volante, relajado en apariencia, aunque yo ya había aprendido que Maksim Volkov jamás estaba realmente relajado. Siempre había tensión debajo de su piel. Siempre había algo feroz agazapado dentro de él.

Yo lo observaba de reojo desde el asiento del copiloto, fingiendo mirar la ciudad por la ventana para que no notara demasiado mi interés, aunque era imposible no verlo. La camisa negra ajustada marcaba cada movimiento de sus brazos y hombros mientras cambiaba velocidades, y era imposible que esos músculos de acero no captaran mi absoluta atención.

Dios santo. El desgraciado estaba tan bueno.

Y lo peor era que parecía haber decidido usar eso a su favor esta noche.

—¿Piensas seguir mirándome así todo el camino? —preguntó de repente, sin despegar la vista del frente.

Parpadeé, atrapada.

—¿Así cómo?

Una sonrisa torcida apareció en su boca.

—Como si estuvieras pensando cosas pecaminosas.

Solté una risa nasal.

—Créeme, si estuviera pensando cosas pecaminosas, lo notarías inmediatamente.

Eso hizo que girara apenas la cabeza para mirarme y, Dios… esos ojos tenían algo esta noche. Algo más ardiente. Más oscuro. Más irresistible.

—No me provoques, Alessia —murmuró—. Estoy intentando comportarme.

—¿Ah, sí? ¿Y cuánto tiempo llevas sufriendo ese terrible esfuerzo?

Resopló divertido y volvió la vista al camino.

—Desde el club.

Eso me arrancó una sonrisa genuina.

El resto del trayecto continuó entre pequeñas discusiones disfrazadas de coqueteos y comentarios sarcásticos, hasta que el auto finalmente se detuvo frente a uno de los edificios más altos de la ciudad.

Levanté la cabeza automáticamente para mirar hacia arriba y las cejas se me arquearon con sorpresa.

—¿Qué hacemos aquí?

Maksim apagó el motor y se bajó primero antes de rodear el automóvil para abrirme la puerta personalmente.

—Deja de hacer preguntas y déjame hacer las cosas a mi manera.

Tomé su mano para bajar y apenas mis tacones tocaron el suelo, él deslizó una mano posesiva sobre mi cintura para guiarme hacia el interior del edificio.

Todo fue rápido y perfectamente coordinado. Seguridad privada apartándose al verlo entrar, ascensor privado esperándonos abierto y los hombres de escolta distribuyéndose alrededor con precisión militar.

—Dios mío… —murmuré mientras el ascensor comenzaba a subir—. ¿Qué hiciste?

—Nada especial.

Lo miré con incredulidad.

—Claro. Porque traer a tus hombres para resguardar todo un edificio definitivamente parece algo completamente normal.

—Te estoy cuidando, maldita sea.

Hice un gran esfuerzo para contener la sonrisa en mi boca.

Joder. Me estaba gustando mucho este hombre.

—Entonces... ¿Qué hay aquí? ¿Un restaurante elegante?

—Cállate un rato y espera.

Rodé los ojos, aunque por dentro la curiosidad ya me estaba matando.

Cuando finalmente las puertas del ascensor se abrieron, me quedé quieta.

Completamente quieta y desconcertada.

Estábamos en la azotea del edificio.

Mi ceño se frunció ligeramente, pero antes de decir nada, su mano me empujó hacia afuera.

—Vamos.

Dimos unos pasos, giramos hacia la izquierda y mi mandíbula casi cae al suelo por la sorpresa.

La azotea había sido transformada en algo que parecía sacado de una película. Las luces cálidas iluminaban delicadamente el espacio, una mesa elegantemente decorada brillaba bajo la noche y más allá de todo eso, Chicago se extendía abajo como un océano infinito de luces.

El viento movió suavemente mi cabello mientras avanzaba despacio, observándolo todo.

—Maksim…

—No vayas a llorar o algo así —gruñó detrás de mí, claramente incómodo—. No sabría qué m****a hacer. Además, dudo mucho que seas ese tipo de mujer.

LA CITA 1

LA CITA 2

LA CITA 3

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