~ALESSIA~
La forma en que Maksim me miró después de pedirme que fuera a su despacho dejó bastante claro que “hablar” probablemente no era exactamente lo único que tenía pensado hacer conmigo allí adentro.
Y honestamente… eso me encantaba.
Me encantaba verlo así de desesperado, así de ansioso, así de necesitado de mí, cuando no hacía mucho tiempo atrás prácticamente actuaba como si tocarme fuera a provocarle una enfermedad mortal.
Ahora el hombre apenas podía pasar diez minutos sin intentar besarme, tocarme o reclamarme atención como un animal hambriento.
Y sí. Admito que estaba disfrutando muchísimo cada segundo de eso.
Terminé de desayunar con toda la calma del mundo solo para hacerlo sufrir un poquito más, ignorando deliberadamente la mirada fija que sentía sobre mí desde el otro extremo de la mesa, donde me estaba esperando.
Artem y Mila parecían darse cuenta perfectamente de lo que estaba haciendo porque ambos luchaban por no reírse cada vez que Maksim soltaba un resoplido impaciente.
Finalmente me puse de pie, acomodé la servilleta sobre la mesa y sonreí.
—Con permiso.
—Al fin —gruñó Maksim inmediatamente y se dio la vuelta para salir del comedor.
Rodé los ojos y salí del comedor mientras escuchaba a Mila empezar a reírse detrás de mí.
No tuve que preguntar dónde estaba Maksim. Sabía perfectamente que me iba a estar esperando en el despacho, probablemente caminando de un lado a otro como un león encerrado, porque lo iba a hacer esperar otro poquito más.
Y efectivamente así fue.
Cuando finalmente fui, apenas abrí la puerta y entré, Maksim levantó la vista desde detrás del escritorio. Ni siquiera fingió estar trabajando. Estaba allí, sentado, observando directamente hacia la puerta como si hubiera estado contando los segundos para que apareciera.
Cerré la puerta detrás de mí y antes de que pudiera decir una sola palabra, él ya se había puesto de pie y estaba caminando hacia mí.
—¿Por qué tardaste tanto? —gruñó apenas llegó frente a mí.
—Hola para ti también.
—No bromees conmigo.
Tuve que morderme el interior de la mejilla para no reírme porque realmente parecía indignado.
—¿Qué te pasa ahora?
—Tú me pasaѕ —espetó sin ningún tipo de vergüenza—. Estás haciendo cosas raras conmigo.
Parpadeé lentamente.
—¿Yo?
—Sí, tú.
Me señaló como si estuviera acusándome de un crimen gravísimo.
—Primero me vuelves adicto a ti, luego me dejas desesperado toda la noche y esta mañana actúas fría conmigo delante de todos.
Solté una carcajada.
—¿Fría? Maksim, solo desayuné.
—Ni siquiera me diste un beso de buenos días.
Lo miré fijamente unos segundos y luego tuve que volver a reírme porque la forma en que lo dijo sonó genuinamente ofendida.
—¿Estás reclamándome un beso?
—Sí, maldita sea.
Mi sonrisa se ensanchó automáticamente.
Dios. Este hombre se estaba volviendo peligrosamente adorable y probablemente lo mataría si se lo decía.
—Qué rápido te acostumbras a las cosas buenas, señor Pakhan.
—No me llames así ahora.
—¿Y cómo quieres que te llame?
No respondió.
En cambio, me agarró de la cintura de golpe y tiró de mí hasta pegarme contra su cuerpo.
El aire se me atoró en la garganta.
Maksim bajó la cabeza inmediatamente, buscando mi boca como si llevara horas necesitándola, y yo tuve que girar el rostro justo antes de que me besara.
Su boca terminó rozando mi mejilla.
Gruñó.
Literalmente gruñó.
—Alessia…
—¿Qué?
—Deja de huir de mí.
—No estoy huyendo.
—Claro que sí.
Volvió a intentar besarme y otra vez tuve que apartarme riendo.
—Compórtate. Quien te mire pensará que eres un hombre enamorado.
—A la m****a eso. A la m****a todos.
Sus manos apretaron más mi cintura y esa mirada intensa descendió lentamente hasta mi boca.
—Quiero besarte.
Dios santo.
La forma en que lo dijo me provocó un escalofrío entero.
No sonó arrogante ni dominante como normalmente hablaba. Sonó… necesitado.
Y eso era peligrosísimo para mi autocontrol.
—Ya desayunamos juntos —murmuré intentando mantener la compostura—. Eso ya cuenta como suficiente romance por hoy.
—No. No cuenta.
Se inclinó otra vez hacia mí y terminé poniendo una mano sobre su pecho para detenerlo.
—Maksim…



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...