~MAKSIM~
Tomé una de las carpetas, la cerré de golpe y la lancé sobre el escritorio antes de mirar a Artem.
—Los dos italianos que trabajan para Alessia llegarán a Moscú hoy en la noche —informé—. Quiero que nuestros hombres cooperen con ellos y les den toda la información que ellos les pidan.
Artem levantó una ceja inmediatamente, claramente intrigado por la orden.
—Vaya. Parece que finalmente aceptaste que los italianos se involucren en esto.
Bufé mientras me echaba hacia atrás en el asiento.
—Le prometí a Alessia que le entregaría a Irina para que le cobrara lo que hizo.
La expresión de Artem cambió apenas, observándome con más atención.
—Entonces vamos adelante con esto de verdad.
—Vamos adelante.
—¿Sin importar lo que haga Leonid Petrov después?
Lo miré directamente a los ojos.
—Nunca le hemos tenido miedo a nada y no vamos a empezar ahora. Sea lo que sea que venga después de esto, lo vamos a enfrentar. ¿Estás conmigo?
Artem sostuvo mi mirada apenas un segundo antes de asentir con firmeza.
—Siempre he estado contigo y siempre lo estaré, pase lo que pase.
Una leve sonrisa apareció en mi boca y asentí lentamente. No necesitábamos decir más respecto a eso. Artem era la única persona, además de Mila, en quien confiaba completamente. Habíamos pasado demasiada m****a juntos como para cuestionarnos ahora.
Pero entonces, como si el muy hijo de puta hubiera estado esperando exactamente ese momento para cambiar de tema y joderme la existencia, apoyó ambos brazos sobre el escritorio y sonrió apenas.
—Ahora, entre otras cosas importantes… hablemos de tu relación con Alessia.
Gruñí inmediatamente.
—¿Otra vez con eso?
—Sí, otra vez con eso. ¿Esto de entregarle a Irina, significa que vas en serio con ella o no?
Y lo peor fue que ni siquiera tuve que pensarlo.
Sonreí entre dientes y asentí.
—Vamos en serio.
Artem soltó una risa corta y negó varias veces con la cabeza, claramente fascinado con mi desgracia emocional.
—Mierda. De verdad te enamoraste.
—No exageres.
—¿Entonces ya son todo un matrimonio?
Chasqueé la lengua y tomé una pluma solo para hacer algo con las manos y no parecer tan incómodamente expuesto.
—Todavía no exactamente. Alessia me tiene… en período de prueba.
Artem parpadeó varias veces y luego soltó una carcajada.
—¿Período de prueba? ¿Qué m****a significa eso?
Rodé los ojos.
—Significa que quiere que la conquiste.
La risa de Artem empeoró.
—¿Qué la conquistes? —repitió divertido—. ¿Cómo exactamente?
Me masajeé la frente con fastidio.
—Ya sabes… haciendo esas mierdas que los hombres hacen para conquistar mujeres.
—No puedo creer que estés diciendo esto.
—Ni yo.
—Ah… por eso fue la cita de anoche de la que no me contaste.
Gruñí apenas.
—Ajá.
Intenté volver a concentrarme en los papeles frente a mí, pero Artem claramente no tenía ninguna intención de dejarme trabajar en paz.
—¿Y qué clase de cita tuvieron?
—No es de tu incumbencia.
—Claro que sí es de mi incumbencia —replicó inmediatamente—. Desde que Alessia Cardinale empezó a afectarte emocionalmente me convertiste en tu maldito consejero matrimonial sin preguntarme siquiera. Lo justo es que me ahora también me cuentes para ayudarte con ideas.
Lo miré malhumorado, dispuesto a mandarlo a la m****a, pero tristemente el imbécil tenía razón. Porque honestamente yo no sabía hacer esa clase de cosas.
Nunca las había hecho y claramente Alessia esperaba que me esforzara de verdad.
Resoplé pesadamente antes de hablar.
—Fuimos a cenar.
Artem apoyó el mentón sobre su mano, escuchando atentamente.
—¿Adónde la llevaste?
Y ahí fue cuando empecé a arrepentirme profundamente de esta conversación.
Me llevé la mano a la frente y me masajeé intentando ocultar un poco la cara mientras respondía:
—Organicé una cena privada para ella en la azotea del Blackmore Tower.
Las cejas de Artem subieron lentamente.
—¿Romántica o qué?
Me encogí de hombros.
—No sé.
—Pues supongo que sí, porque es la clase de basura que les gusta a las mujeres.
Fruncí el ceño y negué lentamente.
—No creo que Alessia sea ese tipo de mujer.
Artem pensó unos segundos antes de asentir.
—Sí… eso es verdad.
Luego volvió a preguntar:
—¿Y qué película van a ver?
Sonreí apenas.
—Eso no es relevante.
Artem me miró confundido.
—¿No es relevante? La cita literalmente consiste en ver una película.
Mi sonrisa se ensanchó lentamente mientras me acomodaba mejor en el asiento.
—Lo importante es que Alessia Cardinale entre en mi territorio.
Artem me observó con más interés inmediatamente.
—¿Qué estás planeando exactamente?
Apoyé ambos brazos sobre los reposabrazos y solté una risa baja.
—Ella piensa que no me doy cuenta de que está jugando conmigo.
—¿Jugando contigo?
Asentí lentamente.
—Sí. Jugando a volverme loco con sus escotes, con sus coqueteos descarados, con su jueguito de conquista… y lo está consiguiendo, no voy a negarlo. Lo disfruto muchísimo. Pero creo que ya llegó el momento de demostrarle que yo también sé jugar a ese juego.
Artem sonrió apenas, claramente entendiendo hacia dónde iba todo esto.
Y yo me eché todavía más hacia atrás en el asiento, completamente seguro de lo que quería hacer.
—Esta noche Alessia Cardinale va a descubrir lo que pasa cuando el conejito decide jugar al cazador con el lobo.
----
Lean. Quería dejarles más capítulos, pero mis ojos de anciana hoy no amanecieron bien y me ha costado escribir. Veré si puedo subirles aunque sea otro luego, pero no prometo nada. Mil disculpas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...