~ALESSIA~
Maldita sea.
¿Por qué tenía que decir esas cosas tan provocadoras? Porque sí, me provocaba muchísimo. Estaba lista para ponerme debajo de él. O encima de él. De la manera que él me quisiera.
«Ay, joder. Concéntrate, maldita sea o esta bestia te va a devorar a su antojo.»
—¿Y cuándo hablas de hacer una película... te refieres a que me vas a grabar como un pervertido o qué? —bromeé, esperando calmar a mis locas hormonas de esa manera.
—No precisamente. Aunque si quieres que te grabe... ¿Quién soy yo para negarme a complacer tus deseos?
Me apretó contra el colchón mientras me mordisqueaba el lóbulo de la oreja y me acariciaba todo el cuerpo con sus manos. Sentí un agradable y cálido zumbido bajo la piel y no me rehusé a él, al contrario, lo disfruté.
Dios. Lo quería. Sí.
Y por eso ni siquiera lo alejé cuando se subió encima de mí, succionando el lugar justo debajo de mi oreja, provocando que me arqueara hacia su cuerpo en respuesta, empujando mi pecho hacia su palma abierta.
Oh, joder. Parecía que esta vez yo había caído en su trampa al venir a la guarida del lobo, porque iba directo a ser devorada por sus grandes colmillos.
Tarareé mi agradecimiento, dejando que me acariciara los senos. Su pulgar rozaba mis pezones a través de la tela de mi camiseta, endureciéndolos mucho más.
Incliné mi cabeza hacia un lado y cerré los ojos mientras él recorría mi garganta, lamiendo y chupando. El calor me recorrió la columna y mis caderas se sacudieron contra las suyas.
Estaba duro y pesado a la altura de mi cadera, su polla engrosada y erecta a todo lo que daba su descomunal tamaño. Me mordí el labio al pensar en él llenándome, partiéndome por el medio.
Se balanceó contra mí, su muslo presionando entre mis piernas. La presión fue suficiente para hacer que mi clítoris palpitara deliciosamente. Luego me chupó el pezón a través de la camiseta, y su lengua dejó una mancha húmeda en la tela mientras lo acariciaba. Antes de que pudiera empezar a disfrutarlo, recorrió el resto de mi cuerpo y me subió la camiseta hasta por encima de los pechos
Sus ojos oscuros de deseo me miraron y sonrió, sus dedos pasaron suavemente por mi muslo hasta la parte delantera de mis shorts.
—Estás tan mojada. ¿Verdad que te mueres de ganas porque te haga mía?
Jadeé.
Intenté resistirme. Decirle que no, pero el calor abrasador en mi cuerpo me estaba enloqueciendo, especialmente el deseo que palpitaba entre mis piernas.
«¡Resiste, maldita sea!»
Me agarró bruscamente de la barbilla y me giró la cara, obligándome a verlo.
—Mírame —demandó.
Lo miré fijamente a los ojos. Estaban oscuros de deseo y lujuria. Yo apenas podía respirar.
—Responde a mi pregunta.
Me mordí el labio inferior para no responder y llevé mis manos a su pecho para empujarlo y alejarlo lejos de mí, porque solamente así iba a poder concentrarme. Pero, antes de poder hacerlo, me sujetó las muñecas, las alejó de su pecho y las aprisionó contra el colchón con fuerza.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...