~ALESSIA~
El peso cálido y musculoso pegado a mi espalda se movió apenas cuando intenté acomodarme mejor entre las sábanas, y casi inmediatamente un brazo se cerró alrededor de mi cintura, arrastrándome otra vez contra un pecho duro y caliente que olía a hombre, a sexo y a ese perfume oscuro de Maksim que ya empezaba a quedárseme impregnado en la piel.
—¿Adónde crees que vas? —murmuró con la voz ronca contra mi cuello.
Sonreí apenas, aunque obviamente él no podía verme.
—A ninguna parte. Solo me estaba acomodando, bestia bruta.
Gruñó por lo bajo y enterró la cara en mi cabello como un animal enorme y posesivo que no quería soltar a su presa.
—No me gusta que me digas así.
—Pues acostúmbrate.
Soltó un resoplido y sus labios rozaron mi hombro desnudo antes de separarse finalmente de mí.
Aproveché para girarme sobre la cama y entonces lo vi incorporarse apenas, todavía despeinado, sin camisa y con marcas rojas en el pecho y los hombros que yo misma le había dejado la noche anterior mientras intentaba sobrevivir a todo lo que me hizo.
Dios.
El condenado seguía estando absurdamente bueno.
Y lo peor era que ahora sabía perfectamente lo que era capaz de hacer con ese cuerpo.
—¿Por qué me miras así? —preguntó con una sonrisa lenta y arrogante.
Rodé los ojos inmediatamente.
—No te emociones. Solo estaba pensando que pareces un cavernícola recién salido de una pelea.
—¿Ah, sí? Pues tú pareces una mujer que anoche terminó suplicando para que está bestia bruta se la devorara.
Le lancé una almohada directamente a la cara.
El muy idiota soltó una carcajada y la atrapó sin esfuerzo.
—Qué agresiva amaneció mi esposa.
«Mi esposa.»
Maldita sea.
Todavía me provocaba algo raro escucharlo decir eso con tanta naturalidad.
Antes de que pudiera responderle alguna insolencia, él se inclinó hacia la mesa de noche y tomó una bandeja enorme que no había visto hasta ese momento.
Fruncí el ceño.
—¿Qué es eso?
—Nuestro desayuno.
Parpadeé varias veces.
—¿Nuestro qué?
—Desayuno —repitió, como si fuera la cosa más obvia del mundo—. ¿No ves que el café y que hay comida italiana?
Bajé la mirada hacia la bandeja que puso frente a mí y efectivamente allí había café, fruta, tostadas y unos pequeños bizcochos italianos cuidadosamente preparados.
Lo miré otra vez, completamente incrédula.
—¿Por qué haces esto?
Maksim levantó una ceja como si mi pregunta fuera absurda.
—¿No lo recuerdas? Te dije que aunque te entregaras a mí iba a seguir haciendo estas mierdas cursis para conquistarte.
Oh, Dios.
Tuve que morderme el interior de la mejilla para no reírme.
—Entonces... ¿Es algún tipo de desayuno romántico?
—Algo así —respondió y se subió a la cama, sentándose a mi lado.
Bufé y agarré la taza de café, pero antes de que pudiera beber, el muy animal tomó un pedazo de fruta y me lo puso en la boca.
—Abre.
Lo miré como si hubiera perdido completamente la cabeza.
—¿Qué demonios haces? —espeté, alejando su mano.
—Así es más romántico, cariño.
—Eso es ridículo. No estoy manca ni enferma.
—Abre la boca, Alessia.
—No.
—Sí.
—No.
Maksim sonrió lentamente y entonces, como el bruto enorme que era, me agarró de la barbilla.
—Conejito, no hagas que tenga que obligarte a comer fruta por la fuerza porque lo voy a disfrutar demasiado.
Solté una risa incrédula.
—Estás enfermo.
—Y tú estás hambrienta. Abre.
Lo odiaba.
Lo odiaba tanto.
Pero terminé abriendo la boca solo porque quería dejar de discutir.
El muy idiota sonrió triunfalmente mientras me daba el pedazo de fruta.
—¿Ves? Sí puedes comportarte como una esposa obediente.
—No te acostumbres.
—Muy tarde. Ya me emocioné.
Volví a rodar los ojos mientras él seguía observándome con una satisfacción tan descarada que daban ganas de golpearlo.
Obviamente, siguió adelante con lo de darme de comer en la boca y aunque me oponía, terminaba accediendo.
—Entonces —murmuró después de un rato, recostándose contra el cabecero—. ¿Disfrutaste lo de anoche?
Mastiqué lentamente mientras fingía pensarlo y luego hizo un gesto de indiferencia, solo para molestarlo.
—No estuvo mal.
Sus cejas se dispararon hacia arriba.
—¿No estuvo mal?
Asentí tranquilamente.
—Sí. Estuvo... aceptable.
Me fulminó con la mirada.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...