~ALESSIA~
Las palabras de Maksim quedaron suspendidas en el aire y por un instante me limité a mirarlo fijamente, intentando decidir si acababa de escuchar correctamente o si esta bestia bruta simplemente había perdido completamente la cabeza de la noche a la mañana.
Porque no solo estaba actuando como un esposo. Estaba actuando como un hombre orgulloso de serlo.
Mila abrió la boca con expresión fascinada, claramente disfrutando demasiado de aquella situación, mientras Artem parecía debatirse entre reírse o llamar a un médico para asegurarse de que a Maksim no le hubiera dado un golpe en la cabeza.
Yo, en cambio, reaccioné como debía.
Frunciendo el ceño.
—No exageres —murmuré cruzándome de brazos—. Tampoco hace falta tanto drama.
Maksim me miró inmediatamente.
—No es drama.
—Claro que sí.
—No.
Rodé los ojos.
—Maksim, literalmente acabas de anunciarlo como si fueras un rey medieval presentando a su reina ante el pueblo.
—Porque eres mi esposa.
—Y tú sigues siendo insoportable.
Mila soltó una carcajada.
—Oh, Dios mío. Esto mejora cada vez más.
Ignoré completamente su comentario y volví a mirar a Maksim.
—Y antes de que empieces con otra de tus ideas absurdas, quiero dejar algo claro: no voy a permitir que me llamen señora Volkova.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Sí van a llamarte así.
—No.
—Sí.
—No quiero.
—No importa lo que tú quieras, es como debe ser.
Lo miré incrédula.
—¿Cómo que no importa?
Se acercó a mí con esa seguridad dominante tan propia de él y me agarró suavemente de la cintura antes de responder:
—Porque lo eres.
—Sigo siendo Alessia Cardinale.
—Y también Alessia Volkova.
—No me gusta cómo suena.
—Pues acostúmbrate.
—No lo haré. Es como si yo fuera una vaca y tú me estuvieras marcando como de tu propiedad.
Artem se masajeó la frente.
—Van a discutir por apellidos ahora.
—Cállate —gruñó Maksim.
Mila volvió a reírse. Pero Maksim ya no estaba prestándoles atención a ellos. Toda su concentración estaba puesta sobre mí. Y había algo distinto en la manera en que me miraba.
Algo serio.
Muy serio.
Su mano subió lentamente hasta mi cintura y entonces habló otra vez, esta vez con una firmeza mucho más profunda que antes.
—Pero esto no se trata solo de un apellido, Alessia.
Mi atención se centró completamente en él.
—¿Ah, no?
Negó despacio.
—No. Porque cuando digo que vas a ser mi esposa de verdad no significa solamente dormir conmigo, compartir mi cama o tener sexo conmigo.
Sentí un leve cosquilleo extraño en el pecho al escucharlo hablar así.
Maksim sostuvo mi mirada y continuó:
—También significa darte el lugar que mereces.
Mi respiración se ralentizó apenas.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...