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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 66

~ALESSIA~

Las palabras de Maksim quedaron suspendidas en el aire y por un instante me limité a mirarlo fijamente, intentando decidir si acababa de escuchar correctamente o si esta bestia bruta simplemente había perdido completamente la cabeza de la noche a la mañana.

Porque no solo estaba actuando como un esposo. Estaba actuando como un hombre orgulloso de serlo.

Mila abrió la boca con expresión fascinada, claramente disfrutando demasiado de aquella situación, mientras Artem parecía debatirse entre reírse o llamar a un médico para asegurarse de que a Maksim no le hubiera dado un golpe en la cabeza.

Yo, en cambio, reaccioné como debía.

Frunciendo el ceño.

—No exageres —murmuré cruzándome de brazos—. Tampoco hace falta tanto drama.

Maksim me miró inmediatamente.

—No es drama.

—Claro que sí.

—No.

Rodé los ojos.

—Maksim, literalmente acabas de anunciarlo como si fueras un rey medieval presentando a su reina ante el pueblo.

—Porque eres mi esposa.

—Y tú sigues siendo insoportable.

Mila soltó una carcajada.

—Oh, Dios mío. Esto mejora cada vez más.

Ignoré completamente su comentario y volví a mirar a Maksim.

—Y antes de que empieces con otra de tus ideas absurdas, quiero dejar algo claro: no voy a permitir que me llamen señora Volkova.

Su expresión cambió inmediatamente.

—Sí van a llamarte así.

—No.

—Sí.

—No quiero.

—No importa lo que tú quieras, es como debe ser.

Lo miré incrédula.

—¿Cómo que no importa?

Se acercó a mí con esa seguridad dominante tan propia de él y me agarró suavemente de la cintura antes de responder:

—Porque lo eres.

—Sigo siendo Alessia Cardinale.

—Y también Alessia Volkova.

—No me gusta cómo suena.

—Pues acostúmbrate.

—No lo haré. Es como si yo fuera una vaca y tú me estuvieras marcando como de tu propiedad.

Artem se masajeó la frente.

—Van a discutir por apellidos ahora.

—Cállate —gruñó Maksim.

Mila volvió a reírse. Pero Maksim ya no estaba prestándoles atención a ellos. Toda su concentración estaba puesta sobre mí. Y había algo distinto en la manera en que me miraba.

Algo serio.

Muy serio.

Su mano subió lentamente hasta mi cintura y entonces habló otra vez, esta vez con una firmeza mucho más profunda que antes.

—Pero esto no se trata solo de un apellido, Alessia.

Mi atención se centró completamente en él.

—¿Ah, no?

Negó despacio.

—No. Porque cuando digo que vas a ser mi esposa de verdad no significa solamente dormir conmigo, compartir mi cama o tener sexo conmigo.

Sentí un leve cosquilleo extraño en el pecho al escucharlo hablar así.

Maksim sostuvo mi mirada y continuó:

—También significa darte el lugar que mereces.

Mi respiración se ralentizó apenas.

Porque sabía perfectamente lo que significaban esas palabras dentro de un mundo como el suyo.

Poder.

Autoridad.

Confianza.

—Maksim…

Él negó apenas con la cabeza, impidiéndome interrumpirlo.

—No. Escúchame bien primero.

Dio un paso más hacia mí y bajó un poco la voz.

—A partir de ahora no vas a ser solamente mi mujer. Vas a ser la esposa del Pakhan de la Bratva Volkov.

Sentí un escalofrío recorrerme lentamente la espalda.

—Y eso significa que tu palabra tendrá peso dentro de esta organización. Que tus decisiones importarán. Que podrás intervenir cuando lo consideres necesario para proteger a esta familia y todo lo que nos pertenece.

Su mirada se endureció apenas.

—Porque confío en ti, Alessia Volkova.

M****a.

Ahí estaba otra vez esa sensación rara en el pecho.

Esa que empezaba a aparecer demasiado seguido cuando él hablaba conmigo de esa manera.

Artem soltó un silbido bajo.

—Bueno… eso sí que no me lo esperaba.

Mila sonrió lentamente mientras me observaba.

—Supongo que oficialmente ya eres la reina de esta casa.

—No exageres —murmuré automáticamente, aunque mi voz no salió tan firme como esperaba.

Maksim sonrió apenas al notar mi reacción.

Luego acercó más su rostro al mío y murmuró con esa arrogancia tan propia de él:

—Acostúmbrate, señora Volkova. Porque es exactamente así como Mila lo ha dicho. Ahora eres la reina de esta casa y de la Bratva Volkov.

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