~MAKSIM~
Ladeó una de esas sonrisas tan suyas, llenas de malicia y que prometían más de lo que realmente revelaban. Entonces, se inclinó mucho más hacia mí, cortando totalmente la poca distancia entre nuestros cuerpos. Su cabeza se metió en el hueco que formaba mi hombro y mi cuello, y la punta de su lengua alcanzó el lóbulo de mi oreja mientras susurraba:
—Oh, Pakhan. Le aseguro que el premio que le daré será muy bueno.
Pasó sus dedos por mi pecho hasta que su mano ahuecó mi polla por encima del pantalón.
Mi polla se retorció con su toque, listo y con muchas ganas de joder a esa mujer.
Gruñí excitado y enarqué una ceja, lleno de curiosidad y expectativa.
—¿Y cuándo me vas a dar ese premio?
Sentí cómo su sonrisa se ensanchaba contra la piel de mi oreja, mientras su mano me apretaba la polla con fuerza, poniéndome más duro y provocando que palpitara ansiosamente.
Pensé que en ese momento me iba a bajar la cremallera y me la iba a sacar para continuar, pero contrario a eso, retiró su mano y la llevó a mi pecho para darme un empujón y apartarme de su camino.
Se levantó de la silla y caminó hacia la puerta mientras yo la miraba, contrariado.
—¿Qué diablos haces? —le pregunté, un poco molesto porque me encendiera los motores y luego pensara dejarme allí, caliente.
Eso no era un maldito premio. Era un puto castigo.
Llegó hasta la puerta. Agarró el pomo y se giró, sonriendo con algo de arrogancia.
—Pues poniéndole el seguro a la puerta. No quiero que nadie nos venga a interrumpir, señor Pakhan. ¿No es obvio?
—Oh —murmuré, sintiéndome como un estúpido.
Entonces ella se separó de la puerta y me hizo un gesto con la cabeza, señalando el sofá de cuero negro que había pegado a la pared.
—Ahora siéntate —demandó— y pórtate bien para que pueda premiarte y consentirte como es debido, por portarte como un buen esposo estos días.
Sonreí como un lobo complacido, porque me fascinaba cuando se ponía en su papel de mujer dominante, dándome órdenes, y caminé hasta mi silla, obedientemente.
Me acomodé en el sofá, explayándome en él al extender mis brazos en el respaldo y abrir las piernas lo suficiente para que ella se arrodillara entre ellas cuando se aproximó.
Apoyó las manos en mis muslos y sonrió provocadoramente, cuando se inclinó hacia abajo, dejando un pequeño beso sobre la bragueta de mi pantalón.
—¿Vas a tratarme bien? ¿Como se lo merece un esposo que se porta muy bien con su esposa? —ronroneé, observando cómo se enderezaba y devolvía su mirada a la mía.
—Desabróchate el pantalón y bájate la bragueta —ordenó.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...