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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 68

~MAKSIM~

Ladeó una de esas sonrisas tan suyas, llenas de malicia y que prometían más de lo que realmente revelaban. Entonces, se inclinó mucho más hacia mí, cortando totalmente la poca distancia entre nuestros cuerpos. Su cabeza se metió en el hueco que formaba mi hombro y mi cuello, y la punta de su lengua alcanzó el lóbulo de mi oreja mientras susurraba:

—Oh, Pakhan. Le aseguro que el premio que le daré será muy bueno.

Pasó sus dedos por mi pecho hasta que su mano ahuecó mi polla por encima del pantalón.

Mi polla se retorció con su toque, listo y con muchas ganas de joder a esa mujer.

Gruñí excitado y enarqué una ceja, lleno de curiosidad y expectativa.

—¿Y cuándo me vas a dar ese premio?

Sentí cómo su sonrisa se ensanchaba contra la piel de mi oreja, mientras su mano me apretaba la polla con fuerza, poniéndome más duro y provocando que palpitara ansiosamente.

Pensé que en ese momento me iba a bajar la cremallera y me la iba a sacar para continuar, pero contrario a eso, retiró su mano y la llevó a mi pecho para darme un empujón y apartarme de su camino.

Se levantó de la silla y caminó hacia la puerta mientras yo la miraba, contrariado.

—¿Qué diablos haces? —le pregunté, un poco molesto porque me encendiera los motores y luego pensara dejarme allí, caliente.

Eso no era un maldito premio. Era un puto castigo.

Llegó hasta la puerta. Agarró el pomo y se giró, sonriendo con algo de arrogancia.

—Pues poniéndole el seguro a la puerta. No quiero que nadie nos venga a interrumpir, señor Pakhan. ¿No es obvio?

—Oh —murmuré, sintiéndome como un estúpido.

Entonces ella se separó de la puerta y me hizo un gesto con la cabeza, señalando el sofá de cuero negro que había pegado a la pared.

—Ahora siéntate —demandó— y pórtate bien para que pueda premiarte y consentirte como es debido, por portarte como un buen esposo estos días.

Sonreí como un lobo complacido, porque me fascinaba cuando se ponía en su papel de mujer dominante, dándome órdenes, y caminé hasta mi silla, obedientemente.

Me acomodé en el sofá, explayándome en él al extender mis brazos en el respaldo y abrir las piernas lo suficiente para que ella se arrodillara entre ellas cuando se aproximó.

Apoyó las manos en mis muslos y sonrió provocadoramente, cuando se inclinó hacia abajo, dejando un pequeño beso sobre la bragueta de mi pantalón.

—¿Vas a tratarme bien? ¿Como se lo merece un esposo que se porta muy bien con su esposa? —ronroneé, observando cómo se enderezaba y devolvía su mirada a la mía.

—Desabróchate el pantalón y bájate la bragueta —ordenó.

—Tan delicioso —ronroneó como una gatita en celo y entonces me soltó.

Enderezó la espalda y agarró el dobladillo de su camisa para sacársela por encima de la cabeza y tirarla al suelo. Sin sacarse el sostén de encaje rojo, sacó sus enormes tetas afuera, quedando tan apretadas por el encaje, que estuve seguro de que mi polla iba a tener que hacer un gran esfuerzo para poder follarlas.

—¿Te gustan, Pakhan? —preguntó, empleando un tono meloso y seductor mientras se las amasaba de una forma tan jodidamente tentadora que, si no paraba, iba a conseguir que mi leche se derramara antes de tiempo.

—Sabes muy bien que no solo me gustan... me encantan —manifesté con un tono ronco y bajo que denotaba la lujuria que me recorría las venas como lava hirviendo.

Una sonrisa que rayaba lo siniestro surcó su rostro antes de inclinarse y pasar su propia lengua por sus tetas.

M****a.

Esta mujer me iba a matar.

Y lo peor es que por la sonrisa presuntuosa en su boca, estaba seguro de que ella sabía el efecto que causaba en mí.

Sabía que me fascinaba y excitaba a niveles preocupantes y que me tenía como un maldito adolescente precoz, dispuesto a follarla cada vez que se le presentara la ocasión.

Ella sabía que con todo lo que hacía para mí podía conseguir de mí todo lo que quisiera, porque me tenía en sus manos, no desde que empezó a provocarme con sus jodidos escotes.

No. Me tenía desde que mató a ese matón en la boda y salvó mi culo de la muerte, logrando así atraparme.

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