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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 69

~MAKSIM~

—¿Y las quieres? —cuestionó, inclinándose más hacia abajo, esta vez no para lamerse las tetas, sino para lamer la cabeza de mi polla.

—Sí —gruñí, echando la cabeza hacia atrás porque comenzó a repasarme todo el tallo con la lengua, asegurándose de ponerme tan duro que comenzaba a doler.

Con una perversión adictiva, me recorrió las venas hinchadas por la sangre que bombeaba mi agitado sistema sin piedad y que la concentraba allí, en mi dura y latente verga, que parecía a punto de estallar.

Joder.

Me estaba matando de una forma tan tortuosa.

Su jueguito me torturaba.

Lo que provocaba me torturaba.

La maldita lentitud con que lo hacía me torturaba.

—Alessia... por favor —terminé suplicándole para que me tuviera un poquito de piedad.

Sonrió con una maldad pura contra mi caliente carne y entonces se apretó mucho más las tetas, se movió un poco hacia arriba y la apretada separación de sus tetas engulló a mi verga.

El gemido gutural que se escapó desde lo más profundo de mi garganta fue una exclamación que resonó entre las paredes del despacho y me dejó sin ideas.

La presión que esas enormes sandías ejercían contra mi eje y la tibieza de su piel cremosa contra el acero bajo mi carne eran una puta delicia que me tenía al borde de la demencia.

—Joder. ¡Qué buena rusa me estás dando! —exclamé, cuando también llevó su bocota insolente hasta mi punta que sobresalía en medio de sus tetas con cada embate de mi pelvis.

Y por si fuera poco, como si ya no fuera suficiente todo lo que estaba haciendo para lograr que me corriera como un hijo de puta pervertido, sus manos soltaron sus tetas, que ya de por sí me asfixiaba exquisitamente con cada magreo, con cada sacudida y con cada estímulo que el vertiginoso sube y baja me proporcionaba.

Sus dedos se clavaron en mis testículos, masajeándolos con tanta parsimonia que tuve que estrellar el puño contra él sofá para descargar un poco de aquel gozo que me estaba consumiendo, tal y como el fuego consume al carbón, hasta volverlo cenizas.

—Mierda —gruñí, preso de la agonía que el éxtasis proporciona—. Eres tan buena. Joder.

Mi pobre verga ardía como si estuviera en llama Mis pelotas a merced de sus ambiciosas manos fueron mi perdición. Se hincharon contra el tacto de sus suaves manos de terciopelo. Sus dedos estiraron ligeramente la sensible piel que las cubría y fue justamente esa deliciosa caricia la que me hizo detonar como una bomba atómica.

Todo mi éxtasis subió en un sofoco de avasallante adrenalina mientras mi perversa esposa me hacía subir a la supremacía del orgasmo.

Inclinando mi cabeza hacia atrás y cerrando los ojos con fuerza mientras un gemido desgarrador retumbaba en mi pecho y en mi garganta, chorreé en la boca y en las tetas de Alessia, que, como la golosa que era, no se conformó solamente con el alimento en su boca, sino que sacó la lengua y recogió los restos de leche que cubrían la carne en su escote.

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