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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 71

~ALESSIA~

Después de haber estado un rato en la sala de estar hablando con Mila y de todo lo que había pasado en el despacho de Maksim, lo único que quería era una ducha caliente, cambiarme la ropa y despejar un poco la cabeza antes de la cena.

Honestamente, todavía seguía sorprendida por la manera tan natural en que Maksim me había integrado a todo su mundo.

Seguía sin parecer real.

Y quizá por eso mismo terminé caminando hacia mi habitación con la mente distraída, repasando fragmentos de la conversación que tuvimos en el despacho y la forma tan seria en que habló de mí, de mis capacidades y del lugar que quería darme a su lado.

Maldición.

Esa bestia bruta iba a terminar afectándome mucho más de lo que me convenía.

Abrí la puerta de mi habitación y di apenas dos pasos antes de detenerme abruptamente.

Fruncí el ceño mientras miraba alrededor una vez. Luego otra vez y otra. Porque no podía ser.

Mi ropa no estaba. Mis zapatos tampoco. Ni mis bolsos. Ni ninguna de mis cosas.

Absolutamente nada.

La habitación estaba prácticamente vacía, como si yo nunca hubiera vivido allí.

Me quedé inmóvil unos segundos procesándolo mientras una sospecha peligrosamente familiar comenzaba a formarse en mi cabeza.

—Oh, no… —murmuré entre dientes.

Cerré los ojos apenas un instante y resoplé con fastidio. Porque ya intuía perfectamente qué demonios había pasado allí. Y conocía exactamente al culpable.

Giré sobre mis talones y salí de la habitación decidida a encontrar a alguien que confirmara mis sospechas antes de ir a arrancarle la cabeza a cierto Pakhan insufriblemente dominante.

No tuve que caminar demasiado.

Una de las sirvientas apareció doblando el pasillo y apenas me vio inclinó respetuosamente la cabeza.

—Buenas tardes, señora Volkova.

—¿Qué pasó con mis cosas? —pregunté directamente, sin rodeos.

La mujer parpadeó apenas, claramente sorprendida por mi tono.

—El Pakhan ordenó moverlas, señora.

Crucé lentamente los brazos.

—¿Moverlas adónde?

La mujer dudó apenas.

Pobrecita. Seguramente sabía perfectamente que yo estaba a dos segundos de convertirme en un problema.

—A la habitación del Pakhan —respondió finalmente—. Él dijo que a partir de ahora usted dormiría allí.

Cerré los ojos un segundo y aspiré profundamente.

Sí.

Iba a matarlo.

—¿Dónde está Maksim?

—En su habitación, señora.

Ni siquiera respondí.

Me di la vuelta inmediatamente y caminé directo hacia la habitación de esa bestia mandona con la intención clarísima de arrancarle la poca paz mental que seguramente estaba disfrutando.

Abrí la puerta sin tocar y de golpe, y ahí estaba él.

Sentado despreocupadamente al borde de la cama, con una expresión tan tranquila que daban ganas de golpearlo.

Lo peor fue que, apenas me vio entrar furiosa, sonrió.

El muy desgraciado sonrió.

Como si hubiera estado esperándome.

—Ah, ahí está mi linda esposa —dijo con completa frescura.

Cerré la puerta de un golpe detrás de mí.

—¿Por qué demonios ordenaste mover mis cosas aquí?

Maksim ni siquiera se inmutó. Se veía demasiado cómodo. Demasiado satisfecho consigo mismo.

—¿No recuerdas que esta mañana te dije que ibas a mudarte conmigo para dormir bien juntitos?

Lo miré incrédula.

—Yo no acepté absolutamente nada.

Soltó una risa baja.

—Eso es lo divertido, Alessia. Que esto no se trata de aceptar o no.

Mis ojos se estrecharon peligrosamente.

—¿Ah, no?

Se puso de pie lentamente y caminó hacia mí con esa tranquilidad arrogante tan propia de él.

—No. Porque ahora eres mi mujer y las esposas duermen con sus maridos.

—Esas serán otras esposas. Yo hago lo que se me da la gana.

—Sí, es verdad. Tú haces lo que se te da la gana, pero esta vez no será así.

—¿Ah, no? ¿Estás seguro? —dije desafiante.

Sonrió.

Maldición.

Hasta cuando discutía parecía divertirse conmigo.

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