~MAKSIM~
El cuerpo de Irina cayó pesadamente sobre el suelo, aterrizando sobre el charco de sangre y vómito que ella misma había derramado. Sus ojos permanecieron abiertos, vacíos ya de esa arrogancia enfermiza que había sostenido hasta el último instante, y la sangre siguió escapando a borbotones de la profunda herida en su cuello hasta que finalmente todo empezó a detenerse.
Pero yo no estaba mirando a Irina.
Estaba mirando a Alessia.
A moya Koroleva. (Mi reina.)
La mujer que permanecía de pie frente al cadáver con el cuchillo todavía en la mano, goteando la sangre fresca de su enemiga, el pecho subiendo y bajando apenas por el esfuerzo, salpicada de sangre ajena y con esa expresión fría, elegante e implacable que hacía imposible apartar la mirada de ella.
M****a.
Nunca en mi vida había sentido tanto orgullo por alguien.
Porque eso era exactamente lo que Alessia era: orgullo. Poder. Muerte.
La Koroleva que una organización como la Bratva Volkov necesitaba.
Como ella misma me lo dijo en un principio; yo no necesitaba una mujer débil que se escondiera detrás del Pakhan esperando protección mientras los hombres resolvían los problemas. Tampoco una esposa decorativa para exhibir en reuniones o eventos.
Lo que necesitaba era a Alessia Cardinale: el tipo de mujer que caminaba al lado del monstruo y sonreía mientras el mundo ardía a sus pies.
Y joder... verla así solo conseguía que la quisiera más.
Mucho más.
Porque ahora entendía perfectamente algo que antes no había querido aceptar: jamás habría podido amar a una mujer dócil y obediente. Necesitaba a alguien capaz de mirar a la muerte directamente a los ojos sin retroceder.
Necesitaba a alguien como ella.
Alessia soltó lentamente el cuchillo y este cayó al suelo metálico con un sonido seco antes de que finalmente levantara la mirada hacia nosotros.
Artem seguía observándola con esa expresión dura y seria que rara vez abandonaba su rostro cuando algo realmente lograba impresionarlo.
Alessia caminó hacia nosotros sin apresurarse, limpiándose apenas la sangre de la mano con un paño que Nicolo le ofreció inmediatamente.
Artem habló primero.
—Ahora entiendo por qué terminaste completamente jodido con ella —dijo finalmente, mirándome de reojo antes de volver a mirar a Alessia—. Cualquiera que vea esto entendería por qué.
Alessia no sonrió ni respondió nada de inmediato. Solo sostuvo la mirada de Artem con tranquilidad absoluta.
—¿Eso es bueno o malo? —preguntó después.
Artem negó lentamente con la cabeza.
—Eso depende de qué lado estés.
Sus ojos descendieron brevemente hacia el cadáver de Irina.
—Para nuestros enemigos... definitivamente es una maldita pesadilla.
Vi apenas el leve movimiento en la boca de Alessia, algo parecido a satisfacción, aunque mucho más fría y contenida.
Luego dejó escapar un suspiro cansado y se pasó una mano por el cuello.
—Encárguense del resto —ordenó con calma—. Necesito quitarme toda esta suciedad de encima. Apesto a perra asquerosa y podredumbre.
Nicolo y Paolo asintieron inmediatamente.
Alessia volvió a mirarme apenas un instante y luego salió del sótano sin añadir nada más.
La observé marcharse hasta que desapareció escaleras arriba.
Artem soltó el aire lentamente y finalmente volvió a hablar.
Volví la mirada hacia las escaleras.
—Voy con mi esposa.
Salí del sótano dejando atrás el olor a sangre y muerte, subiendo directamente hacia nuestra habitación.
Cuando entré, el sonido del agua cayendo desde el baño llegó inmediatamente a mis oídos.
No dudé.
Empecé a quitarme la ropa mientras caminaba y, segundos después, entré al baño.
Alessia estaba debajo de la ducha, dejando que el agua arrastrara la sangre que todavía quedaba sobre su piel.
Levantó la mirada apenas cuando me vio entrar, pero no dijo nada. Solo sonrió.
Me metí con ella bajo el agua caliente y acerqué mi boca a su hombro, dejando un beso sobre él. Luego puse las manos en su cabello húmedo.
—Déjame ayudarte —murmuré.
No se negó.
Coloqué shampoo en mis manos y empecé a masajear lentamente su cuero cabelludo mientras ella cerraba los ojos apenas, relajándose contra mí.
El agua descendía por su rostro, por sus hombros y por su cuerpo desnudo mientras yo seguía lavándole el cabello con cuidado, como si estuviera intentando borrar de ella todo rastro de lo que acababa de suceder abajo.
Después tomé la esponja y recorrí lentamente su espalda.
Alessia permaneció quieta unos segundos antes de girarse hacia mí.
Sus manos descendieron hacia mi pecho y luego hacia mis hombros, empezando a limpiarme también.
—El final de una batalla es el inicio de otra —dijo finalmente en voz baja.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...