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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 80

~MAKSIM~

Sabía perfectamente a qué se refería.

Leonid. La guerra que iba a levantar en nuestra contra. Lo que vendría después de ese día.

Asentí lentamente.

—Sí.

Alessia sostuvo mi mirada unos segundos.

—¿Te arrepientes?

Solté una risa baja y negué con la cabeza.

—Jamás podría hacerlo.

Vi algo moverse detrás de sus ojos al escucharme.

Levanté una mano y acaricié lentamente su mejilla mojada.

—Escúchame bien, moya Koroleva —murmuré—. Pase lo que pase después de esto, no voy a dejar que nadie te toque.

Ella sostuvo mi muñeca suavemente.

—Y yo no voy a dejar que nadie te toque a ti tampoco, mio marito (esposo mío).

Acerqué mi frente a la suya mientras el agua seguía cayendo sobre nosotros.

—Entonces enfrentaremos juntos todo lo que venga.

Alessia asintió despacio.

—Juntos.

Lamiéndome los labios húmedos, recorrí el contorno de sus labios con la yema de mi dedo. Los exploré durante unos segundos, mientras mi otra mano recorría la parte posterior de su columna, bajando.

Alessia arqueó su pecho hacia mí. Gemía por lo bajo cada vez que sus pezones me rozaban y yo me preguntaba cómo pude haber sido tan tonto en un principio como para haberla rechazado tan estúpidamente, solo porque su cuerpo no era el tipo de cuerpo femenino al que estaba acostumbrado.

—Juntos, moya Koroleva —repetí e incliné mis labios a los suyos para besarla.

El beso empezó lento, suave y casto, pero luego ardió. en una locura codiciosa cuando la apreté mucho más contra mi cuerpo y gimió contra mí. Una locura irremediable, como si, si dejara de besarla, significaría el fin de mi existencia.

Era profundo, áspero y consumidor. Húmedo y salvaje.

~ALESSIA~

El calor se apoderó de mi estómago y mi piel se encendió. Una llama latía entre mis piernas. La realidad se desvaneció en la nada hasta que solo lo tuve a él.

Su olor, su calor, su corazón.

Me echó hacia atrás y respiré superficialmente cuando me empotró contra la pared. Su agarre nunca me abandonó. Metí la mano entre nuestros cuerpos y le agarré la erección con dedos temblorosos, no por frío o nervios, sino por necesidad.

Empecé a bombearlo con desesperación. Tenía una tarea en la que concentrarme: ponerlo tan duro como a una roca y lo estaba consiguiendo rápidamente.

Su alto cuerpo se cernía sobre mí. Dejé su erección y pasé los dedos por sus testículos con suavidad. Luego los apreté uno por uno.

Cerró los ojos debajo de mí y un suspiro de satisfacción salió de sus labios. Una gota de placer se derramó de su glande y lo limpié con la yema de mi pulgar, llevándolo a mi boca para probarlo.

Sus ojos se abrieron y me observaron. Gritaban, «te deseo y tanto». Esa mirada me dejó sin aliento y con escozor.

Mi piel ardía contra la suya. Lamiéndose los labios, volvió a inclinar la cabeza hacia mí. Su mano se extendió y separó mis piernas hasta que se frotó contra mi clítoris. Aspiré con fuerza cuando me metió un dedo y comenzó a embestirme muy profundamente y sin piedad hasta ponerme muy desesperada por él. Luego añadió un segundo dedo y sus embates se hicieron tan intensos que, unos segundos después, tuvo a mi cuerpo explotando de placer.

No parecía que hubiera terminado conmigo tan fácilmente cuando sonrió. Sus grandes manos subieron hasta capturar mis pechos.

—Maksim —jadeé.

Me levantó por los pechos y su boca los rozó, lamiendo el agua. Demasiado necesitada para decir nada, los chupó uno a uno, mis pezones endurecidos desapareciendo en su cálida boca.

Era todo dientes y garras. Los mantuvo cautivos y mis manos se aferraron a sus hombros. Separé los labios mientras su boca recorría toda mi piel.

JUNTOS CONTRA TODO 1

JUNTOS CONTRA TODO 2

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