Entrar Via

LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 81

~ALESSIA~

Entramos al gran comedor, donde los invitados a la cena ya se encontraban allí, sentados y charlando. Pero, en el momento en que se dieron cuenta de nuestra presencia, la charla se apagó y los cuatro se pusieron de pie: Mila, Artem, Nicolo y Paolo.

Maksim y yo nos acercamos a la mesa. Le sonreí a Mila al pasar a un lado de ella y saludé a Artem, Nicolo y Paolo. Mila me devolvió la sonrisa y los hombres me hicieron una ligera reverencia agachando la cabeza.

El Pakhan recibió el mismo saludo respetuoso al pasar y avanzar a su silla en la cabecera de la mesa.

Retiró mi silla, me acomodé delante de ella y esperé mientras él hacía lo mismo. Luego, volteó a ver a cada uno y empezó a hablar:

—Buenas noches a todos —dijo y los demás asintieron—. Me alegro que esta noche estén todos reunidos con nosotros alrededor de esta mesa, acompañándonos.

Hizo una pausa que duró unos breves segundos mientras recorría con la mirada los rostros de Nicolo y Paolo, y entonces añadió:

—Como ya saben, esta cena ha sido preparada especialmente para los hermanos Ravelli: Nicolo y Paolo, en agradecimiento por el buen trabajo realizado en Moscú para cumplir los deseos de su señora, mi esposa y nuestra Koroleva.

Levantó su copa, sonrió y la extendió hacia adelante.

—Espero que disfruten de esta cena.

Dijo algo en ruso que sonó a un brindis y los cinco levantamos nuestra copa, imitándolo. Luego se sentó, nos invitó a hacerlo y la cena comenzó.

Todo transcurría con tranquilidad, a excepción de una sola cosa. Mila miraba a Nicolo y Paolo como si quisiera arrancarles la ropa con los dientes.

Y lo peor era que ellos ya se habían dado cuenta. Especialmente Paolo.

Paolo sonreía cada vez que Mila lo miraba demasiado tiempo, con esa expresión descarada y peligrosa tan propia de él, mientras Nicolo actuaba más contenido, aunque de vez en cuando también dejaba que sus ojos se desviaran hacia ella.

Observé a Mila por encima de mi copa de vino y casi tuve que contener la risa. La pobre intentaba fingir normalidad, pero era un desastre.

Cada vez que alguno de los hermanos hablaba italiano entre ellos, los ojos de Mila prácticamente brillaban.

Oh, sí.

Mi pobre cuñadita estaba perdida.

Maksim, sentado a mi lado, hablaba tranquilamente con Artem sobre algunos movimientos de mercancía en Nueva York, completamente ajeno a lo que ocurría al otro extremo de la mesa.

Mejor así.

Porque si descubría lo que estaba pasando por la cabeza de su hermanita… probablemente mataría a alguien.

O a dos, mejor dicho.

Sentí la mano de Maksim posarse sobre mi muslo debajo de la mesa.

—¿Qué tanto miras? —murmuró cerca de mi oído.

Giré apenas el rostro hacia él y sonreí inocentemente.

—Nada importante.

Entrecerró los ojos.

—Cuando pones esa cara normalmente alguien termina muerto.

Tuve que contener la risa.

—Relájate, marito. Esta vez no estoy planeando ningún asesinato.

—“Esta vez” no me tranquiliza en absoluto.

Le di un pequeño beso en la mandíbula antes de volver a prestar atención a la mesa.

Mila seguía evitando mirar demasiado a los hermanos Ravelli, aunque claramente le estaba costando muchísimo hacerlo.

Pobrecita.

Honestamente, empezaba a divertirme muchísimo con aquello.

[...]

Cuando la cena terminó, pasamos a la sala principal, donde la conversación continuó avanzando entre tragos de vodka, vino, puros, cigarrillos y comentarios sobre negocios hasta que, aprovechando un momento en que los hombres comenzaron a discutir sobre rutas de transporte, me aparté un momento con Mila.

—Deja de mirarlos tanto o vas a terminar babeando sobre el plato —murmuré en voz baja.

Mila casi se atragantó con el vino que estaba bebiendo.

—¡Alessia!

Sonreí lentamente.

—Si sigues así Maksim se dará cuenta y los matará.

Sus mejillas se pusieron rojas inmediatamente.

—¿Crees que eso pase?

Solté una risa suave.

—Claro. Tu hermano es cosa seria y te cela.

Mila me lanzó una mirada nerviosa antes de bajar todavía más la voz.

—¿Se nota mucho?

—Solo para alguien que sabe observar.

Suspiró derrotada.

—Mierda.

Sonreí más.

UNA NUEVA MISIÓN 1

UNA NUEVA MISIÓN 2

UNA NUEVA MISIÓN 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO