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LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO romance Capítulo 91

~MAKSIM~

El enorme portón metálico del almacén se abrió lentamente frente a nosotros mientras el vehículo avanzaba hacia el interior del complejo.

El olor a hierro, gasolina y pólvora vieja golpeó inmediatamente el ambiente. Exactamente el tipo de olor que había acompañado gran parte de mi vida.

Apoyé el brazo sobre la puerta del automóvil mientras observaba el movimiento alrededor. Hombres armados patrullaban las plataformas superiores, otros supervisaban los cargamentos y algunos más revisaban mercancía cerca de los contenedores.

Todo parecía normal y precisamente por eso no me gustaba. Porque cuando hombres como Leonid Petrov preparaban una guerra, el peligro rara vez se anunciaba de frente.

Se infiltraba.

Esperaba.

Observaba.

Artem bajó del vehículo a mi lado y se acomodó la chaqueta mientras recorría el almacén con la mirada.

—Hemos aumentado bastante la seguridad desde la semana pasada —comentó.

Asentí lentamente.

—Y aun así siento que no es suficiente. Leonid ya está enterado de que capturamos a Irina y la matamos y en cualquier momento dará el primer golpe. Debemos estar bien preparados para ello.

Caminamos entre los pasillos metálicos mientras varios hombres se detenían apenas nos veían pasar.

—Pakhan.

—Pakhan.

Todos inclinaban la cabeza respetuosamente al saludarme y yo respondía apenas con un gesto corto, manteniendo la atención en cada rincón del lugar.

No estaba allí para recibir reverencias. Estaba allí para encontrar debilidades. Porque Leonid iba a venir. Tal vez no hoy. Tal vez no mañana. Pero iba a venir; con fuego, sangre y muerte, dispuesto a destruirme.

La muerte de Irina Petrova no era algo que un hombre como él pudiera ignorar. Mucho menos después de la forma en que terminó. No porque Leonid fuera un hombre cariñoso que amara a su hija. Él sabía perfectamente que su hija era impulsiva y que esa impulsividad representaba un peligro, pero aun así, para darse a respetar, no podía permitir que mataran a una Petrova, por más loca que esta estuviera. Porque en la mafia, que alguien matase a un miembro de nuestra organización deliberadamente y que uno no reaccionase era sinónimo de debilidad y dejarle la puerta abierta a nuevos enemigos para atacar cuando quisiera.

Artem caminó a mi lado mientras bajábamos hacia una de las zonas de carga.

—¿Crees que atacará directamente aquí primero? —preguntó.

Negué apenas.

—No lo sé todavía. Leonid es muchas cosas, pero no estúpido. Va a buscar el lugar donde crea que puede hacernos más daño.

Mis ojos recorrieron las entradas del almacén. Eran demasiadas y algunas estaban demasiado expuestas.

Eso no me gustó nada.

Señalé una de las plataformas laterales.

—Quiero hombres armados allí arriba las veinticuatro horas. Rotaciones constantes y francotiradores durante la noche.

Artem asintió inmediatamente.

—Hecho.

Seguimos avanzando hasta llegar donde varios hombres revisaban cargamento de armas recién llegado.

Allí se encontraba el encargado del lugar y se puso recto apenas me vio.

—Pakhan.

Lo observé fijamente unos segundos, antes de preguntar:

—¿Algo sospechoso los últimos días?

El hombre negó rápidamente.

—No, Pakhan. Por los momentos todo ha estado tranquilo.

—Demasiado tranquilo —gruñó Artem por lo bajo.

El hombre tragó saliva.

—También reforzamos las revisiones de vehículos y personal, tal como ordenó.

Asentí apenas.

Luego señalé hacia la entrada principal del almacén.

—Quiero controles dobles allí. Nadie entra sin verificación completa. Nadie.

—Sí, Pakhan.

Continuamos avanzando. Cada paso que daba dentro de aquel lugar solo hacía que mi cabeza trabajara más rápido.

Rutas de escape.

Puntos ciegos.

Posibles explosivos.

Ángulos de ataque.

PREPARÁNDONOS PARA LO QUE VIENE 1

PREPARÁNDONOS PARA LO QUE VIENE 2

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